viernes 16.11.2018
Política
Fracciones de ese signo y piqueteros buscan subirse al escenario electoral y mostrar cómo deciden candidaturas
martes 22 de Marzo de 2005

Intenta la izquierda megainterna nacional

Pablo Ibáñez
Pablo Ibáñez

El mito sostiene que todo grupo de izquierda es divisible por dos. Parcelada desde siempre, la izquierda argentina acopió ejemplos para hacer de aquel supuesto un axioma. Al punto que el abecedario a veces no alcanza para contener a la multitud de ramas y subramas en que se desparramó.

Ese desmembramiento, al que en los últimos años aportó su cuota el fragmentado movimiento piquetero, desvaneció toda chance -si es que existe alguna- electoral cada vez que, esparcidas, las agrupaciones de izquierda se aventuraron a competir en las urnas. Ante los fracasos acumulados, ahora, a los tumbos y con pronóstico reservado, los grupos más poderosos iniciaron un proceso para intentar
la unificación del mayor número de sectores en un megafrente para competir en las elecciones de octubre.

El alarido inaugural lo dio el Partido Obrero (PO) de
Jorge Altamira y Néstor Pitrola. A través de su house organ, «Prensa Obrera», llamaron a sus primos a discutir la conformación de un megafrente electoral para encarar, en conjunto, la legislativa de este año.

• Método polémico

Genérica y ancha, la convocatoria barre el abanico mágico de la izquierda criolla: desde el MST hasta Autodeterminación y Libertad (AyL) de Luis Zamora, pasando por el PC, el piquetero Raúl Castells y los múltiples y diminutos grupos como el PTS de José Montes.

El modelo PO, según le contó
Pitrola a este diario propone un método tan práctico como polémico para desmalezar el espinoso jardín de las candidaturas: que como una familia numerosa, todos los partidos de izquierda compitan en una gran interna abierta.

Con eso, se reeditaría la primaria de 1989 en la que
Zamora, entonces jefe del MAS, y Néstor Vicente, democristiano postulado por los comunistas del FRAL, decidieron en lo que fue la primera interna abierta del país, el orden de la fórmula que compitió, como Izquierda Unida, en la elección que ganó Carlos Menem.

Todavía no se había secado la tinta cuando el MST -que mantiene una entente con el PC en Izquierda Unida (IU)- abrazó la idea como una señal positiva; de
«buena voluntad política», según Vilma Ripoll. Pero, punto y seguido, cayó un aguacero de tachas sobre la receta del PO.

Menos efusivos fueron en el PC de
Patricio Echegaray. En ese campamento arrastran una herida; en 2003, el PO e IU coquetearon, al borde del precipicio, con un acuerdo electoral. No se logró y cada sector abandonó la mesa vomitando bolas de fuego.

Tampoco, hasta ahora, se inquietó
Zamora ante la oferta. En el MIJD de Castells, en tanto, desvanecen cualquier posibilidad de enlace. Esas negativas, pareciera que definitivas, apocan el impacto de un entendimiento macro. De todos modos, no la desbarrancan.

Sumando de todos sus extensiones, la izquierda cuenta con 3 diputados en el Congreso -1 de IU, 2 de AyL-; 10 porteños -6 ex Zamora, 1 de IU y
Beatriz Baltroc-, 2 diputados bonaerenses (IU), 1 (IU) en Córdoba y 2 (PO) en Salta. En total, 3 nacionales y 15 provinciales.

El ensayo de mixtura, que todavía no avanzó en el terreno del diálogo efectivo -sí en correspondencia abierta, vía las revistas de cada agrupación- supone resolver algunas cuestiones delicadas.A saber:

• El factor central es qué rumbo tomará el PC que, de la mano de
Echegaray y Carlos Heller, aporta al Encuentro de Rosario, que comanda el socialista Hermes Binner. El PC forma parte de IU que, en 2003, se alió al socialismo en Buenos Aires, partido que ahora está a un paso de pactar con la UCR. Los trotskistas del MST tienen el compromiso de sus entenados comunistas de que no confluirán electoralmente en el armado de centroizquierda que debutó en Rosario.

• El PO propone internas abiertas pero en IU, puntualmente el MST, prefiere otro recurso;
computar el resultado de elecciones anteriores, por caso, y sacar un promedio que sirva para el reparto de candidaturas. Allí hay un conflicto nada menor: siempre, la sangre corre a la hora de repartir los cargos.

• Nada hay, todavía, en otro capítulo sensible: la definición de
un acuerdo programático general que ensamble la postura de todos los sectores que integran el eventual megafrente. Un punto clave es dimensionar el alcance del acuerdo: el PO y el MST tienen presencia a nivel piqueteros, gremios y estudiantes. «¿Vamos a hacer un acuerdo electoral pero vamos a seguir enfrentados en los sindicatos y como piqueteros?», lanza la pregunta Ripoll.

• También en materia de listas, aquí y allá, hay postulantes lanzados.
Pitrola como diputado nacional por Buenos Aires por el PO, Ripoll por lo mismo por el MST y Nina Peloso por el MIJD -a quien le tambalea el acuerdo con los hermanos Devoto en Capital- como senadora nacional por la provincia, entre otros.

• También, si pretenden ampliar el caudal electoral, debería exorcizar a otros grupos, como el PCR de
Juan Carlos Alderete -el brazo piquetero es la CCC-, para que abandonen su postura abstencionista para las elecciones. Uno que lo hizo fue Roberto Martino, del MTD Teresa Rodríguez, que ahora tributa al Encuentro de Rosario.

• Hay otras batallas perdidas. Como una maldición, grupos de ultraizquierda -algunos mínimos, es cierto- apuestan a
Néstor Kirchner. El Partido Obrero Revolucionario posadista (POR) y el PC Cuatro Congreso Extraordinario, por caso, se emparentaron a Luis D'Elía al igual que Patria Libre de Humberto Tummini, núcleo político que sostiene a los piqueteros oficialistas de Barrios de Pie.