viernes 24.11.2017
Política
lunes 27 de Septiembre de 2010

Más sincero Kirchner en EEUU: "Cristina o yo, los candidatos"

Rubén Rabanal
Rubén Rabanal
Enviado especial a EE.UU.

Enviado especial a EE.UU.

Nueva York - Néstor Kirchner tuvo su primer día público ayer en esta ciudad, con una conferencia en la New School University, donde no pudo evitar las preguntas, algunas incómodas, que los alumnos suelen hacer en esos foros. Pero en un caso lesirvieron para confirmar la idea con la que siempre juega, aunque Kirchner no reconoce, sobre su futuro: «Cristina y yo somos dos personas diferentes. Yo cumplí mi mandato y me fui con el 70% de consenso. Ella arrancó con 60%, bajó a 30 y hoy es la dirigente política con mayor consenso del país». La frase quedó en el aire, y, en medio de un silencio, el propio Kirchner remató: «Constitucionalmente, podemos ser cualquiera de los dos, yo hice un mandato y ella otro».

Tras una introducción en la que mechó temas de la Unasur y otros que algunos neoyorquinos presentes no entendieron, como la puja por la ley de medios, Kirchner consiguió encauzarsu mensaje claramente destinado a hablar de la deuda, tema que el Gobierno, aunque intente obviarlo, sabe que es central para la opinión de los inversores aquí.

«Yo le dije a Clinton, no es que yo avale el default, pero si EE.UU. nos hubiera dado el mismo trato que le dio a México, al que le prestó u$s 50.000 millones en el Tequila, las cosas no hubieran sido igual», y le giró el problema de los holdouts a Wall Street: «Cuando los fondos buitre se quejan, yo les digo que deberían quejarse primero aquí, que es un país que tuvo un trato distinto al que le dieron a México».

No quedó claro si a Hugo Chávez le hizo un favor ayer o terminó criticando con una dureza nunca vista la situación de Venezuela. Tras felicitarlo por el resultado de las elecciones y agradecerle el «habernos ayudado cuando nadie nos ayudó» (se refería a la compra de bonos por parte de Caracas a una tasa del 15% anual), lo halagó por haber pasado las elecciones en un país que «no tiene energía eléctrica, no tiene gas, su economía decreció entre un 6% y un 7%, y tiene la inflación más alta de Latinoamérica».

Con su definición sobre la candidatura suya o de su esposa, esquivó Kirchner las preguntas de un estudiante que lo persiguió sobre la costumbre latina de los presidentes de querer eternizarse en el poder, pudo también surfear sobre las preguntas por la posibilidad de una moneda única para la Unasur (un imposible por ahora) y hasta relató que Angela Merkel le dijo: «Hijo -ustedes saben que Merkel habla así-, en Alemania la población se jubila a los 67 años y en Grecia a los 63, ¿cómo les explico eso a los alemanes?». La referencia quiso explicar que todos los grupos económicos deben manejarse en un mar de asimetrías.

Pero donde quedó trabado fue en una curiosa pregunta final. Un participante, no estudiante, comenzó a hablarle sobre los beneficios de vivir en Nueva York y la baja calidad de vida ambiente de Buenos Aires y le planteó por qué no se continuaba con la idea de mudar la Capital Federal, en medio de un razonamiento incomprensible. Kirchner sacó entonces otra definición impensada: «Cuando los argentinos terminemos de solucionar nuestros problemas, ése es un tema que deberemos decidir. Yo estuve de acuerdo con la idea de Raúl Alfonsín».

Más temprano, al mediodía, Kirchner había almorzado en la residencia de Jorge Argüello con Eliot Engel, el demócrata que maneja el área del hemisferio occidental en la versión local de la Cámara de Diputados. Junto al gobernador Sergio Urribarri y Gerardo Zamora, Juan Manuel Abal Medina, el jefe de Asesores de Engel y con un lomo con verduras (Kirchner en realidad comió pollo), helado con frutas y un Malbec argentino de por medio, se explayó en su condición de secretario general de la Unasur.

En el almuerzo, el estadounidense se ofreció a colaborar en todo lo que pudiera en esa tarea. Lo halagó como al ex presidente le gusta, definiéndolo como el candidato perfecto para el proceso de integración del grupo y hasta le prometió una tutoría telefónica constante cuando lo necesitara.

Kirchner, ya en el personaje de secretario general, no sólo lo invitó al recambio de mando en Guyana este año, sino que confesó allí que ya le había cursado invitación para ese evento a Bill Clinton, durante el encuentro que tuvieron aquí la semana pasada.

Engel le ofreció, además, hacer de puente para un acercamiento con Barack Obama: «Me llamas el día que quieras», le dijo a través del traductor que los comunicó en el almuerzo en la nueva residencia de Argüello.

Por la conversación pasó el caso Honduras y la posibilidad de garantizar un regreso de Manuel Zelaya, y la investigación por las muertes de periodistas durante el golpe en ese país.

Hubo también algún reproche de Engel a la situación de la comunidad judía en Venezuela, tema que Kirchner le garantizó que estaba solucionado y hasta le relató las conversaciones que su esposa había mantenido con Hugo Chávez por esa cuestión.