lunes 19.11.2018
Espectáculos
martes 17 de Septiembre de 2002

Con Gluck mejoró mucho temporada del Argentino

Eduardo Vincent
Eduardo Vincent

• «Alceste». Drama lírico en tres actos. Libreto: R. De Galzabigi. Mús.: Ch. W. Gluck. Dir. de Orq.: C. López Puccio. Régie: R. Aguirre. Dir. coro: E. Picone. Esc.: M. David. Vest.: H. Figozzi. Coreog.: O. Saravia. Orquesta, Ballet y Coro Estables (Teatro Argentino de La Plata.

En los albores de la ópera, Gluck (1714-1787) fue una figura consular. Junto a Mozart constituyó la dupla más brillante de la segunda mitad del siglo XVIII. Gluck tuvo como misión más trascendente una reforma profunda del espectáculo operístico, luego de superar las ataduras a la concepción dramática trazada por Metastasio para la ópera «seria» italiana.

Luego de una incursión fructífera por la ópera francesa, el compositor inició su reforma operística con la colaboración del libretista
Raniero de Calzabigi. «Orfeo y Eurídice» significa el primer paso de los nuevos tiempos en 1762. Cinco años más tarde, «Alceste» reafirma esta nueva tendencia. Estrenada en Viena en 1767, su versión francesa vio la luz en la Academia Royale de París en 1776. Esta es la que se conoció ahora en el Teatro Argentino de La Plata, en carácter de estreno para esa ciudad.

La producción de
«Alceste» levanta ostensiblemente el nivel de la temporada del teatro platense después de sonados fracasos con «El inglés de los güesos» y «La Traviata» post-Luna Park. La ópera de Gluck contó con la dirección musical vital y estilísticamente rigurosa del «Luthier» Carlos López Puccio, quien logró dar unidad conceptual y musicalidad a esta extendida partitura de 130 minutos.

La mezzosoprano
Virginia Correa Dupuy y el tenor Gustavo López Manzitti cantaron muy bien los difíciles papeles de Alceste y Admeto, acompañados por un grupo apto de comprimarios una brillante participación del Coro Estable del Argentino, dirigido por Eduviges Picone.

La régie de
Roberto Aguirre optó por el estatismo en esta perturbadora convivencia de reyes, súbditos y dioses. La escenografía minimalista de Milan David logró buenos resultados en los primeros actos, pero la acumulación de elementos que mostró el último fue antojadiza e inapropiada para la sutil y transparente traducción musical de los horrores a las puertas del infierno.

La belleza sonora de
«Alceste», en cambio, tuvo buenos aliados en el imaginativo y anticonvencional vestuario realizado por Horacio Pigozzi y en la coreografía del bailarín Omar Saravia que apeló a u diseño posmoderno sin traicionar el espíritu de la ópera de Gluck.