miércoles 17.10.2018
Deportes
Por Bruno Lazzaro.-
miércoles 14 de Febrero de 2018

Un día en el Buenos Aires Lawn Tenis Club

Bruno Lazzaro
Bruno Lazzaro
El Argentina Open se convirtió en una fija para pasar el verano junto a lo mejor del tenis local e internacional. Un recorrido en vivo para descubrir cómo juegan los tenistas, el público y las marcas.

El Argentina Open se convirtió en una fija para pasar el verano junto a lo mejor del tenis local e internacional. Un recorrido en vivo para descubrir cómo juegan los tenistas, el público y las marcas.

La gente suda. Es una realidad. Y, a la vez, una constante. El sol pega en todos lados menos en el alma. O eso parece a juzgar por el pibe de la parte alta de la grada que exhibe, sin culpas, la fractura expuesta de su corazón.

Es el Día de los Enamorados y entre un grupo cerrado de gente que se acercó al Buenos Aires Lawn Tennis Club para ver el partido entre el español Fernando Verdasco y el argentino Guido Pella, se lo ve solo. Como si hubiese apretado el gatillo de una ausencia.

Para colmo, el árbitro dice 0-40 y lo repite en inglés por si no le había quedado claro: forty-love. El pibe de remera roja está a punto de morder el polvo sin siquiera pisar la cancha.

Cuenta una de las tantas leyendas afines a los motivos que derivaron en la puntuación, que el término "love" -utilizado para marcar el cero- proviene de que, en aquellas primeras épocas, el jugador que no podía marcar un punto por lo menos jugaba por amor (for love). Pero el amor dejó de ser gratuito. Y por eso, tiene su recompensa. Participar ya conlleva un premio económico.

"Dale, Guido", grita un chico luego de que un amigo exclame "Dale, Fer". Los favoritismos se reparten. Pella lleva la delantera por el hecho de ser argentino, pero Verdasco es un visitante ilustre y octavo cabeza de serie del torneo.



Primer mito derribado. No es necesario mover la cabeza para seguir el desarrollo de un punto. Con mover los ojos, basta. El español mete tres dobles faltas en el tercer game del primer set y pierde el saque. Quiebre, y 2 a 1 para el de Bahía Blanca.

Segundo mito derrocado. La gente habla. Cuando el árbitro pide silencio es que gritan, que no es lo mismo pero que puede ser igual. Hay mujeres con tacos marca zanco y pibes que toman sol en cuero con pelos hasta en las uñas. Hay paraguas, palitos y bombón helado. Pero marca Freddo. Que es otra cosa. El Mitre pasa por afuera pero nada parece quedarle cómodo al bolsillo del pantalón corto del caballero, ni a los carterones de las damas.

Verdasco juega una paralela para descontar. 15-40 en el cuarto game. Los zurdos son más elegantes, pero se lesionan fácil. La máxima no sucede en ningún caso. Los dos terminarán el partido jugando con la potencia de jugar a las bandas. Arriesgando, con la fuerza de un saque que no funciona para ninguno de los dos, pero que obliga.

Las promotoras que trabajan para la empresa de la ardillita que consume snacks sanos toman sol mientras esperan que cada punto termine. Aman que los games sean cortos para no quedar presas del calor, levantarse y abrir el paraguas que aplaca un poco los 32 grados que hacen en Palermo.



Joaquín Espina se vino desde Mendoza capital para conocer Buenos Aires y, ya que estaba, aprovechó para pasar una jornada de tenis. "Desde que el torneo decidió enfocarse en conseguir jugadores que son top ten, se hizo más atractivo. Miro mucho tenis, pero me interesa más poder mirar a los de afuera y a algunos nuevos valores locales antes que los argentinos que juegan siempre". Tiene sentido.

Fin del tercer mito. Los jueces de línea no son siempre los mismos. Cambian. Y gritan. Fuerte. Pero los micrófonos que los toman son de los que tienen un plumero y no reproducen en la tele el vigor de su exclamación. "Out". En el primer juego del quinto set, Pella gana el duelo de pelotas cortas y la de Verdasco sale.

Tras el quinto game, limpian la cancha. 4 a 1 para el bahiense. Los barrenderos tienen panzas para todos los gustos. En la tribuna hay un promedio de dos gorras por persona. O eso es lo que sueña aquel que no tiene una. Pella se pone arriba rápido: 5 a 1.

Ninguno juega el revés a una mano por lo que el golpe más interesante es el revés con dos manos, pero con salto previo. El español la engancha y la pelota se va a la cabecera. Un ball boy que no terminó la primaria mira con cara de pocos amigos al tipo que decidió quedarse con la bola que expone el error del jugador. La devuelve. El pibe, contento.

Tras siete games hay cambio de pelotas. Doble set point. Verdasco salva el primero y también el segundo. Iguales. Pero dura poco. El español, número 40 del ATP, cae en el primer set.

A la gente le gusta mirar los entrenamientos. Fognini, Lajovic, Kicker. Todos esperan el botín de la firma. "Pero no está Thiem", dice una chica de visera lila junto a sus compañeros de escuelita de tenis haciendo referencia Dominic, el austríaco que salió campeón del torneo en 2015, que hoy es primer preclasificado y que ocupa el puesto 6 del ranking ATP.

Las marcas están cerca. Wilson, Babolat y Fila están a mano. Raqueta, bolso y gorra y a otra cosa.

En la zona para cargar los celulares dos pibes discuten sobre la importancia de tener seguidores en Instagram. El agua sale $ 40. Podría ser peor. Hay combos infantiles por $ 100, un pequeño paso hombre, un gran salto para el tenis mundial.

Hay mini canchas de tenis y ping pong e ir al baño es un lujo en la comparativa con cualquier evento.

Adentro, Pella mete una doble falta en el 4 a 1 del segundo set. Lo alientan. A un chico sub 21 no le avisaron que fumar pasó de moda y disfruta de su tabaco bajo un calor insoportable. Las cuarentonas del palco 20 se sacan selfies a mitad de precio. La cancha Guillermo Vilas se va llenando.



Consejo: una jornada de tenis contiene la dosis necesaria para tener un bronceado ideal. Todas las piernas brillan -los hombres se depilan más de la cuenta, es cierto-. Verdasco cambia de raqueta. Hace calor. La gente usa camisa y algunas espaldas grafican países que nunca fueron descubiertos. Están los pseudo canadienses, los australianos y los rusos -los peores-. Pella mete un passing shot para ponerse 5 a 3, pero el español hace fuerza.

Leo Mayer, el Yacaré, da una entrevista en el patio de comidas. Rodeados de food trucks explica el porqué de su sobrenombre. Con decir que es correntino, alcanza. Martín Jaite, organizador del torneo, se saca fotos con los presentes y deja en claro que la cercanía con los protagonistas es otra forma de asegurarse un público fiel.

A un costado, la gente luce tranquila en el wine bar que armó Navarro Correas, la bodega oficial del evento. Yasmín Edi, gerente de marca, explica el por qué. "Decidimos descontracturar la marca y eso se siente". Los presentes toman espumantes. Se los nota frescos.

"Qué bien que la estoy pasando", grita el ex campeón de Roland Garros, Gastón Gaudio, por un parlante por el que se escucha la publicidad que lo tiene como protagonista. Navarro Correas tiene un objetivo: "Que el consumo de espumantes no sólo se concentre en noviembre o diciembre, que es la temporada fuerte, sino que pueda ser tomado durante todo el año", sentencia.

Pella se impone 6-2 y 6-4. "No me fue bien acá en el ATP y tenía una espina. Nada mejor que ganar ante la familia y los amigos", finaliza. Es el día de los enamorados y el hombre de remera roja sigue atento buscando un match point.

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