domingo 22.7.2018
Placeres
Entrevista de Gonzalo Gossweiler.-
jueves 28 de Junio de 2018

Denis Fernández: "Por la economía el sector editorial autogestivo está hecho mierda"

Gonzalo Gossweiler
Gonzalo Gossweiler
Denis Fernández es un autor nacido en Lanús. En sus historias está muy presente un Conurbano donde la realidad se pervierte y la única lógica es la irracionalidad. Además dirige la editorial Marciana.

Denis Fernández es un autor nacido en Lanús. En sus historias está muy presente un Conurbano donde la realidad se pervierte y la única lógica es la irracionalidad. Además dirige la editorial Marciana.

Denis Fernández es un escritor nacido en Lanús en 1986 que lleva adelante la editorial Marciana. En un diálogo con ámbito.com habló de la realidad que viven las editoriales independientes y fue muy crítico: "Por la situación económica el sector editorial autogestivo está hecho mierda". "En lo que va del año, las imprentas subieron los precios de una manera escandalosa", remarcó. También habló de su función más literaria en la editorial: "Es el lector quien marca el rumbo de un sello".

Autor de Monstruos geométricos (17 grises editora, 2016), Tucson, Arizona (Tammy Metzler, 2016) y El adiestrador de peces (Ministerio de Cultura de la Nación, 2015), este año presentó su novela Cero gauss, por notanpüan y se refirió a su nueva obra: "El realismo no me sale bien. Por eso elegí contar esa situación de emergencia social a través de escenas más extrañas, corridas del ideario realista de la literatura".

Cero gauss narra la historia de dos personajes, un prestamista turbio del Conurbano y un hombre que compra una planta carnívora. Cada uno toma caminos cada vez más oscuros hasta que parecen tocarse y ser dos caras de una misma persona. En el trayecto, Fernández dibuja un vívido panorama del Conurbano profundo, completamente genuino. El escenario se escinde de a poco de la realidad hasta configurar un postapocalíptico que deriva entre lo fantástico y la ciencia ficción, entre la ciencia y lo místico. Bizarros casos de experimentación, sucesos policiales y absurdos perturbadores pueblan una trama que comparte los puntos usuales de la prosa de Fernández, donde la realidad se pervierte y la única lógica es la irracionalidad. Dialogamos con él:

Periodista: Con la inflación y devaluación, ¿cómo está el sector de las editoriales independiente?

Denis Fernández: Por la economía el sector editorial autogestivo está hecho mierda. Re hecho mierda. Sobrevivimos, por supuesto, porque tenemos una fuerza natural más poderosa que la realidad económica, y porque podemos anteponernos a las pésimas condiciones con garra y trabajo responsable, pero no se puede negar que hay un colapso generalizado a nivel social. En lo que va del año, las imprentas subieron los precios de una manera escandalosa. No olvidemos que el precio de papel en la Argentina se cotiza en dólares. Eso nos convierte en esclavos de los multimedios hegemónicos. Somos rehenes del poder mediático: Clarín y La Nación, Planeta y el grupo Random House marcan el rumbo de los precios del papel. Nos bombean y nos bombean para hacernos desaparecer. Pero soy consciente de que los proyectos autogestivos poseen un valor agregado y simbólico importantísimo para la trascendencia de la cultura. No vamos a desaparecer. Hoy somos actores necesarios para poner en valor a las obras artísticas, tanto desde la literatura como desde el teatro, la pintura, el cine, la danza. Muchos de los que editamos de forma independiente en este país somos hormiguitas trabajando a contrarreloj, gratuitamente, sin aspiraciones monetarias. Cada libro que publicamos me cuesta mucho. Pero eso ya no me importa: edito cada libro en paz, con la seguridad de que estoy ayudando a darle valor a una obra artística sin pedirle limosnas a nadie. Eso me deja tranquilo.

P.: ¿Qué aprendiste dirigiendo tu propia editorial?

D.F.: Aprendí que no cualquier libro encaja en una editorial. Y que sí existe una editorial para cada libro. Me pasó con mis propios textos. Y veo que le pasa a muchos sellos y a muchos/as autores que están publicando. Aprendí también que no hay fórmulas ni procedimientos estandarizados para armar una editorial. Nadie tiene la posta. Cada uno arma su propio universo estético. Cuando empezamos a armar Marciana, tomé como influencia a sellos como Entropía, Momofuku, Dakota. Si ahora los comparás, Marciana tiene su propio estilo de edición. Incluso creo que no existe una editorial como Marciana, espero no pecar de egolatría. Hacemos un trabajo especial con los textos y con las tapas: todas tienen ilustraciones originales de artistas hechas a medida del libro. Aprendí también que no hay que ir a una universidad para poder editar. Si te copa, andá y estudiá Edición en la UBA, o dónde quieras, pero a la hora de sentarse a elegir un libro y de convertirlo en un valor, no hay universidad que pueda contra el buen gusto. Basta con tener intuición y buen tino. Hay que saber seleccionar, saber rechazar, saber negociar, saber convencer a los/as autores y, sobre todo, hay que saber ganarse la confianza del lector para que siga apostando por los próximos títulos que se publiquen. Ah, y algo que cuido mucho: nunca, pero nunca, se debe subestimar al lector. Porque es el lector quien marca el rumbo de un sello.


Los títulos de la editorial Marciana.

P.: La ciencia ficción está muy presente en los títulos de Marciana. ¿Por qué elegiste esa dirección?

D.F.: Al principio fue una búsqueda estética y con el paso del tiempo los títulos la fueron convirtiendo en una editorial de ciencia ficción. Aunque sigo creyendo y aclarando que no estrictamente sci-fi. Dentro del catálogo conviven novelas como Quedate conmigo, de Inés Acevedo (un grupo de adolescentes que se topan con dos perros androides que vienen de la luna) con novelas como Italpark, de Mariano Favier, que narra la caída del parque de diversiones más grande que hubo en la Argentina y un libro de cuentos como El verano de los peces muertos, de Pablo Ottonello, que pone en relieve cuestiones medioambientales: contaminaciones radioactivas, procesos de la mente (psiquiatras y videntes) y desastres ecológicos perpetrados por la mano humana. Uno toma a la ciencia ficción de los ochenta y la reversiona, el otro agarra una temática sociológica, también de los ochenta, y la pinta tal cuál sucedió, y de repente aparecen los cuentos de Ottonello, que plantean el futuro con un planeta hecho mierda. Quiero decir que acá la ciencia ficción es la base, pero cada libro dispara universos disfuncionales diferentes. Como si cada uno fuera una parte que va completando el catálogo.

P.: En Cero gauss hacés un relato muy vívido del verdadero Conurbano profundo. ¿Por qué ubicar la historia ahí y qué atractivo le encontrás?

D.F.: Es el escenario donde más cómodo me siento para hacer literatura. Monstruos geométricos y Tucson, Arizona también ocurren en el Conurbano. Me crié a cuatro cuadras del cementerio de Lanús y fui a un colegio católico en Banfield. A mi grupo de amigos los conocí ahí. Desde los dieciocho trabajo en Quilmes. Toda mi familia y varios amigos siguen viviendo en el Sur y voy de forma recurrente. Ahora que vivo en la Ciudad recorro la autopista Buenos Aires-La Plata todos los días. De un lado se ve el Puerto, la cancha de Boca, los monoblocks de Dock Sud, el Mercado Central de Avellaneda, el predio de entrenamiento de Independiente, la planta potabilizadora de agua en Bernal, terrenos arbolados que tapan la vista del río. Y del otro lado está el límite de las localidades: se ven manzanas llenas de casas, asentamientos, dos o tres countrys, el Auchán de Sarandí, las urbanizaciones. Esa es una de las formas de recorrer el Conurbano por el borde de la civilización, pero también se lo puede cruzar transversalmente: zigzagueando por los barrios que están adentro del enorme territorio que se forma en el mapa. Terrenos que de tan deformes se convierten en espacios fantásticos. De repente vas por una avenida llena de casas y negocios y doblás en otra donde sólo hay terrenos baldíos, depósitos de containers oxidados y zanjones del tamaño de arroyos. Ahí es dónde descubro escenas del cine sci-fi: tierras olvidadas, desolación, aislamiento, detalles apocalípticos. Terrenos que parecen limítrofes. Y a esos escenarios se les puede agregar elementos del género fantástico que le quedan espectaculares. Sin ese dato, no sería fácil precisar una estética. De todas formas, creo que transformo los espacios por esa necesidad estética (narrativamente hablando). Si viviera en Kioto supongo que también tendría la misma curiosidad por deformar el espacio. Y en ese contexto es donde se va formando lo literario, especialmente por una estética que proyecto del paisaje. Seguramente para otra mirada es un lugar monótono y cotidiano. Donde viví hasta hace unos meses, en Caballito, veía la autopista desde el balcón, y eso también me resultaba sci-fi: las luces que van de un lado para el otro, el chirrido de los motores que queda suspendido en el aire; imagino una escenografía del futuro, donde la transición (el tránsito pesado) pasa por arriba de las casas, en los límites transversales de las ciudades. Y es en ese enfoque donde el territorio cambia, donde la ilusión transforma a la realidad.


Las obras publicadas por Denis Fernández.

P.: ¿Son a veces las situaciones bizarras de la novela una excusa para hablar de temas duros de la realidad?

D.F.: Lo extraño o bizarro en el arte siempre tiene una base de apoyo en el verosímil. Lo distópico se construye a partir de datos fehacientes de la realidad; sin partir de lo verosímil no se puede transgredir la forma. En Cero gauss usé elementos y factores sociales del ambiente que me rodeaban e intenté convertirlos en procedimientos ficcionales cercanos a lo fantástico: la realidad social como parlamento para accionar, las necesidades básicas insatisfechas de un cierto grupo de la población, los constantes desajustes económicos, la problemática edilicia, el agotamiento de estructuras políticas, la incapacidad estatal de proteger a los más vulnerables, el aislamiento de los actores que no entran en la dinámica social y actores que nacen desde la podredumbre para satisfacer las necesidades de otros (generalmente estos últimos sin la regulación estatal pertinente). Todos esos factores afectan al desarrollo de las ciudades, de los barrios, de los pueblos. Los vemos todos los días. Lo sufrimos. Con respecto a esa problemática social había algo que necesitaba desarrollar. Pero tengo una deficiencia narrativa para contar la realidad tal cuál es. El realismo no me sale bien. Por eso elegí contar esa situación de emergencia social a través de escenas más extrañas, corridas del ideario realista de la literatura. Fantaseo que debajo de las quintas de cultivo de frutas y verduras que hay en Florencia Varela podrían existir laboratorios donde se consuman los más aberrantes experimentos con humanos y con animales. Todo escenario, por más extravagante que suene, es posible en los suburbios.

P.: Te negás a encasillar la novela, pero desde el título hay una bajada de línea científica. ¿En qué géneros te sentís cómodo?

D.F.: Me gustaría conocer más aspectos de la ciencia, comprender fórmulas físicas, matemáticas, cuestiones del universo que me resultan extravagantes e irreales: agujeros negros, el magnetismo, la existencia de multiversos, seres extraterrestres, radiación y muchas cosas más. Estudié Comunicación pero hubiera querido ser biólogo, astrónomo o científico. No sé si niego encasillarla, pero entiendo que no está completamente asimilada dentro del terreno de la ciencia ficción. Creo que podría catalogarse dentro de un género un poco más corrido: algo del orden de lo pre o post-apocalíptico con fundamentación en procesos científicos que intentan explicar el funcionamiento o las derivas del universo. Algo que vengo pensando es que también podría catalogarse como un texto profético. Encuentro libros de autores que podrían integrar este pseudo-género: Martín Felipe Castagnet, Liliana Colanzi, Blake Buttler, Luciano Lamberti. En otra época lo hizo Bioy Casares, a mi gusto el gran maestro. Un tipo que re-significó la ciencia ficción y la puso como contrapartida de la realidad.


FICHA

Título: Cero gauss
Autor: Denis Fernández
Género: Novela
Editorial: notanpüan
Páginas: 216

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