lunes 19.11.2018
Deportes
Por Ariel Giuliani.-
domingo 9 de Septiembre de 2018

Una derrota que no debilita al impredecible Del Potro

Ariel Giuliani
Ariel Giuliani
Juan Martín Del Potro, el hombre de los milagros.

Juan Martín Del Potro, el hombre de los milagros.

Juan Martín Del Potro. El hombre de los milagros que nació en Tandil el 23 de septiembre de 1988. Tan impredecible que un día pensaba en el retiro, abrumado por lesiones que por entonces creía imposibles de curar, y al otro, quedó arañando la cima del tenis sólo porque un monstruo se lo impidió. El US Open es la redención más allá de un caprichoso marcador electrónico.

Con un breve repaso de su carrera es fácil entender que su segunda final de Grand Slam no quedará nada más que en una posibilidad perdida. Cuatro cirugías en sus muñecas (tres en la izquierda) lo postergaron durante tres años, sumando los temores lógicos y los consecuentes dolores que acarrea pasar por el quirófano.

Hace un año estaba 24 en el ranking. Para la misma época de 2016, 64. A principios de esa temporada, la de su regreso triunfal, llegó a irse más allá del puesto 1000. Volvió, fue medalla de plata en los Juegos Olímpicos de Río, ganó la Davis, venció a los mejores, optimizó su condición y en este 2018 tuvo algunos hitos personales: obtuvo su primer M1000 en Indian Wells y llegó a ser 3 de la ATP, su mejor ubicación.

Es impredecible Juan Martín Del Potro. El mismo que muchas veces jugó con demasiado respeto a los mejores, pero que también se supo a la altura de ellos. A Roger Federer le ganó varias veces en su Basilea natal. En Río batalló y destruyó anímicamente a Novak Djokovic. Le dio un punto clave a Argentina en la Copa Davis cuando venció a Andy Murray en Glasgow. Rafael Nadal tuvo que retirarse en este Abierto de los Estados Unidos porque su rodilla maltrecha no le daba margen para pelearle al de Tandil. Al N°1 no le quedó su principal argumento: la garra.

Los que tanto respetaba lo empezaron a respetar a él, porque esos golpes tan violentos dañan al mejor de la historia, sea cual fuere su apellido. Son de temer, aunque en el horizonte reaparezcan nubarrones oscuros de dolor, como en el último Wimbledon. Jugó a media máquina en Los Cabos, donde perdió el título ante el italiano Fabio Fognini. Allí tuvo molestias en su mano izquierda, luego se bajó del Masters de Toronto y llegó a cuartos en Cincinnati, con dudas. Hizo sus movidas y cuidó la muñeca. Una jugada maestra.

Tan inadvertido fue que arrancó este US Open pegando con más agresividad de revés que de derecha. Ese revés paralelo tan dañino en el tenis actual lo usó como su arma más eficaz, aunque luzca que en el último partido no le pudo sacar todo el beneficio que deseaba.

En Flushing Meadows todo cambia para él. Su lugar en el mundo, su torneo favorito, el que ganó en el lejano 2009. Donde "Delpo" pone todo en línea y logra un estado que se suele explicar de una forma extraña en el tenis: está "en zona". Jugó mejor que casi todos y más aún en los momentos calientes. La final fue un choque de titanes entre dos tenistas formidables que atravesaron etapas difíciles. Por eso no es sólo una derrota: para ganar o perder, hay que jugar, y tras períodos oscuros, se dio a sí mismo esa nueva chance.

Es imposible anticipar el siguiente paso del mejor argentino de los últimos años. Confesó, en un par de ocasiones, que durante su largo parate pensó en retirarse. Tras vencer a Nadal en semis, confesó que fue en 2015. Pero eligió seguir. Cada vez que logró su mejor ranking, una lesión lo frenó. Esta vez, no hubo problema que lo detuviera. Todo eso quedó atrás. Mientras, acumula victorias y logros personales.

Este es, sin dudas, su mejor año. Además del ranking, Indian Wells y el Abierto de Estados Unidos, está entre los tres más ganadores de 2018 y nadie sumó más triunfos que él en canchas duras, la superficie más utilizada en el circuito. Está a un paso de clasificar al Masters de Londres, y aunque el triunfo de Djokovic lo bajó al 4° lugar, sigue en esa disputa.

A Del Potro le tocó convivir con cuatro de los mejores tenistas de todas las eras. Concentraron casi todos los Grand Slams (Federer, Nadal y Djokovic son los tres más ganadores de la historia) y M1000 en su poder y muy pocos pudieron reclamar terrenos propios. El bonachón de casi dos metros fue uno, por derecho propio y a base de triunfos heroicos.

Es una época en la que el circuito pide a gritos una transformación, por la salud de los mismos jugadores. Por eso muchos terminaron con lesiones severas. De a poco, esas grandes figuras vuelven, pero entre todos los regresos, ninguno lo hizo como la "Torre".

Sólo Del Potro sabrá cuál será su siguiente paso. De qué forma desea darlo. Cuando parece que titanes del calibre de Federer o Nadal pueden ceder terreno, quizás sólo necesite continuar en este sendero, sano, agresivo, para dar el mayor golpe en la historia del tenis argentino. Es así de impredecible. Porque el tren pasa una sola vez. Menos para el milagroso hombre nacido en Tandil.

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