sábado 20.10.2018
Deportes
Por Ariel Giuliani.-
viernes 12 de Octubre de 2018

Un inflexible protocolo de seguridad para proteger los Juegos

Ariel Giuliani
Ariel Giuliani

De parque en parque, miles de ojos miran alrededor inspeccionado cada rincón de los Juegos de la Juventud. Un operativo pocas veces visto en eventos deportivos de nuestro país se encarga de la seguridad de Buenos Aires 2018 bajo un estricto protocolo recomendado y autorizado por el Comité Olímpico Internacional.

Un equipo mixto conformado por fuerzas públicas y privadas, además de unidades de asistencia, se ocupan de darle el marco de protección a la máxima cita juvenil. Policía Federal, Bonaerense, Aeroportuaria, Prefectura y Gendarmería tienen bajo su órbita la seguridad de las diferentes sedes, tanto de la Ciudad como de Provincia.

Además, intervienen miembros del SAME, Bomberos y Defensa Civil, así como efectivos de áreas específicas del Ejército y el escuadro antiexplosivos de la Policía Federal, mientras que el Ministerio de Defensa de la Nación se ocupa de la "vigilancia QBNR" (químico, bacteriológico, neutrónico y radiológico).

Para garantizar la completa presencia de efectivos de seguridad en todas las áreas, el Ministerio de Seguridad porteño (que no hizo oficial la cantidad total de gente involucrada) incorporó una empresa privada que fue previamente investigada para decidir su incorporación y que recibió una capacitación especial para tratar con atletas menores de 18 años.

Los efectivos de dicha compañía son los primeros en proteger los Juegos ya que son los que están apostados en los accesos de todos los parques para controlar bolsos, mochilas y scannear en caso de que el detector de metales alerte algo.

Tanta estrictez no es mero capricho. La seguridad se rige por un protocolo inflexible que mucho denominan "standard olímpico". Cada sede, al momento de entregar el proyecto, debe también informar sobre estos aspectos. Es el máximo ente deportivo del mundo quien determina máximos y mínimos en materia de protección, según fuentes de la organización de los Juegos. Por caso, es imposible que el COI autorice el evento sin efectivos, pero tampoco lo haría con unidades del ejército fuertemente armadas. Hay permanente contacto entre quien realiza la cita y el ente con sede en Lausana.

En las entradas se realizan exhaustivos controles, aunque los permisos y retenciones dependen de cada parque. Hay una gran cantidad de objetos que no están permitidos ingresar (encendedores, elementos cortantes, líquidos y aerosoles de todo tipo), más allá de que siempre se puede observar a algún espectador que logra meter algún producto sin permiso.

También existe un fuerte control aéreo sobre todas las locaciones olímpicas. Aviación Civil y la Fuerza Aérea están destinadas a restringir el tránsito sobre los cielos porteños. De hecho, esta norma rige especialmente para los vuelos comerciales, y en todas las áreas está prohibido el uso de drones.

La Villa de los atletas, frente al Parque Olímpico de Soldati, es el epicentro de los mayores cuidados. Allí conviven los protagonistas de los Juegos con sus respectivos equipos, y posee efectivos de diversas clases. La entrada recuerda a cualquier aeropuerto: scanners, detector de metales (tanto de piso como manuales) y un inquebrantable control de cada una de las acreditaciones, así como del personal y de los vehículos que entran y salen.

Sobre este punto, miembros de la empresa privada que se encarga de parte de la protección de los Juegos le confirmaron a este medio que no se presentaron mayores inconvenientes en los ingresos. El principal problema con el que la organización se encontró hasta el momento es la falsificación de acreditaciones, las cuales permiten algunos accesos privilegiados en las sedes.

La posibilidad de un ataque de cualquier índole a un evento olímpico siempre está presente, pero tanto desde la cartera de Seguridad como desde la prevención interna de Buenos Aires 2018 confirmaron que no hubo alertas ni sospechas de objetos extraños.

Todo sigue su curso normal dentro de los parques mientras una enorme cantidad de efectivos van y vienen. La necesidad de que todo salga en perfectas condiciones también demanda estar permanentemente en alerta por la seguridad.

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