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   Lunes 8 de Marzo de 2010   
Charlas de Quincho

Mendoza concentró a políticos y a empresarios por la Fiesta de la Vendimia; allí nos enteramos del contenido de las negociaciones que no muy en secreto conducen figuras del Gobierno y de la oposición. Habrá más chispazos, pero acordarán. Sin embargo, en un hotel porteño un naviero convocó a ex presidentes del continente (y locales). Un rumor los conmovió a todos: ¿elecciones en marzo? Finalmente, en un evento repleto de bellas señoritas y políticos se habló de cambios en el gabinete nacional, de las ofertas (conferencias en el exterior, escribir un libro) que recibe un ex titular del Banco Central, pero sobre todo de la megafiesta que hará un ex capitán de la industria para conmemorar sus 80 años. Serán 1.000 invitados, una cifra que impresiona pero que -dado que nadie quiere perdérsela- podría quedar corta. Veamos.

1- La ministra de Industria, Débora Giorgi, pronunció un duro discurso en defensa del Gobierno nacional en Mendoza, donde firmó un acuerdo con empresarios vitivinícolas junto al gobernador de Salta, Juan Manuel Urtubey; el de San Juan, José Luis Gioja; y el ministro de Agricultura, Julián Domínguez. 2- Faltó Mauricio Macri a la Fiesta de la Vendimia, pese a que estaba invitado y su fuerza va a elecciones el 28 de marzo en la capital de Mendoza. Prefirió cantar junto a Gabriela Michetti en Luján
 
Las dos preguntas de la hora obligaron a una inmersión en los quinchos más calificados del fin de semana, que es donde se refugiaron los protagonistas: 1) ¿habrá acuerdo Gobierno-oposición en el Congreso para seguir viviendo? 2) ¿Se adelantan las elecciones presidenciales? Con dirigentes tan insinceros que guardan como secretos sus proyectos -en otros países los mandatarios exhiben sus ideas e iniciativas para que los voten; en la Argentina hacen lo contrario-, escucharlos por el ventiluz y contarlo en el diario es el único remedio. Para lo primero hubo que desembarcar en el café del hotel Hyatt de Mendoza en la mañana del sábado, cuando competían por la atención del palco y de los curiosos que se agolparon en la lujosa terraza de dicho hotel grupos de revoltosos de ATE que protestaron por explotaciones mineras, las carrozas de las reinas y una columna de piqueteros enviados a Mendoza desde Buenos Aires para silbarlo a un Julio Cobos, que nunca apareció.

«Siempre han silbado a los gobernadores», se consoló por la bulla de un sector el gobernador Celso Jaque, quien festejó que este año lo silbaron menos que el anterior. En ese café, Gerardo Morales rindió un informe revelador de lo que habló y no habló el viernes con Pepe Pampuro en el Senado, una forma de aplacar al furioso Ernesto Sanz, quien se enteró de esa charla cuando se la publicó en los diarios. En esa mesa de radicales encabezada por el intendente local, Víctor Fayad, y en la que estaban los ex diputados Mario Negri y Alejandro Nievas (hoy auditor); el ex gobernador Roberto Iglesias; el secretario de la UCR, Jesús Rodríguez; el jefe de la bancada de diputados, Oscar Aguad, y algún curioso más. Allí tuvimos un relato de lo que ocurrió: el peronista Pampuro fue a visitar a Cobos a su despacho con ánimo de conversar amigablemente. El vicepresidente, que no quería el encuentro en soledad, lo llamó a Morales, quien creía que Cobos estaría solo. Se encontró con el Pepe peronista, quien lo saludó con ánimo más que negociador. Cobos en un momento se disculpó. «Perdón, tengo que atender a alguien», y los dejó a Pampuro y a Morales solos de nuevo.



Lo que transmitió Morales de lo que escuchó repasa tres puntos que el Gobierno quiere resolver: que se discuta una ley de uso de las reservas, que alguien haga algo para salvarla a Mercedes Marcó del Pont del rechazo en el recinto de su pliego y que el voto 37 deje de ser el de Menem, porque es un problema para todo el Senado que se haya convertido en árbitro. Los dos charlistas -no negociadores- repitieron sus respectivos argumentos. Pampuro, que el Gobierno ve en la caída de Marcó del Pont un gesto muy agresivo de la oposición, que hay que arreglar las desprolijidades de haber nombrado una nueva comisión de revisión de los DNU a dos meses de la anterior, cuando los mandatos son de dos años. Morales anotó y cerró la reunión. Pampuro se despidió con palabras de este tipo: «Bueno, hasta acá llegué; yo no quiero estar ni en los grandes triunfos ni en los grandes fracasos, pero cumplo en dejar la puerta abierta». ¿Qué quiso decir con esto? Que ahora hablen los jefes de los bloques, Morales y Pichetto. Éste, constaba anoche entre los protagonistas de esta trama, recibió de El Calafate un par de llamados de Cristina de Kirchner para arrimar algún aire conciliador. Todo lo contrario de lo que hizo Néstor Kirchner, quien hizo saber a través de Florencio Randazzo la bronca por este ademán negociador de Pampuro, de quien nadie cree que haya ido a esa reunión sin una señal de Olivos. «Soy como Lorenzetti: la cabeza de un poder del Estado, no puedo negociar nada», dice ahora Pampuro cuando le preguntan qué quiso hacer. Se le atribuye haber dicho que algo hay que hacer, que puede haber un conflicto de poderes y que hay que salvar a la Presidente de la posibilidad de un juicio político. ¿Por qué fue a hablar? Responde con frase pícara con una contrahistoria: «A mí me llamó Cobos y él fue quien lo llamó a Morales».



En esa mesa radical del Hyatt, la más mirada por el centenar de dirigentes y empresarios que se juntaron ese sábado, estaban enojados porque el Gobierno fue el que publicitó esa reunión, una forma de enardecer a los maximalistas de uno y otro lado. Del oficialismo, Kirchner, quien repite el método usado en anteriores negociaciones: no avala ninguna, salvo que tenga final bueno para el Gobierno. Manda a hablar, pero con la advertencia de que no legitimará ninguna derrota. Con eso nadie se anima a avanzar mucho y cuando se conocen los detalles de lo hablado tienen que aguantar las furias de Néstor, que cree que todo negociador que no le trae un triunfo es un traidor. Del otro lado, la maximalista es Elisa Carrió, quien condenó como blandos a todos los que se sientan a conversar con el oficialismo. Siempre que dos sectores que confrontan están a punto de chocar se activan estas usinas de la negociación, casi por una física de la conducta; también es cuando en cada una de las partes se refuerzan los liderazgos de los extremistas de cada posición, reflexionó uno de los radicales de esa mesa, experto en mediaciones. O sea que hay charlas para acordar algo, pero en las próximas horas aumentará hasta lo insoportable el aire de ruptura. Hasta que se acuerde, porque en política siempre se acuerda.



Este scrum radical se rompió con la llegada al palco de los enviados del Gobierno de Buenos Aires: los ministros Débora Giorgi, Julián Domínguez y Lino Barañao. La Giorgi venía de dar ante bodegueros un discurso de barricada de defensa del Gobierno tan enfático como si se hubiera desayunado con los primeros caldos de la temporada. Felipe Solá, que fue jefe de la ministra en la gobernación bonaerense, hizo un gesto de rechazo, se levantó, se fue y volvió cuando hubo terminado. Con productores locales se rió de otro bonaerense, Julián Domínguez, quien habló en el discurso que siguió de «toneladas de uva». «¿Es ministro de Agricultura y no sabe que la uva se mide en quintales?», se quejó un viñatero. Ese trío acompañó desde el palco el desfile de reinas, piqueteros y gremialistas junto a un lote de invitados que iba desde Mirtha Legrand hasta Ricardo Fort (subió al palco oficial y se sacó fotos con el gobernador), pasando por diputados como Francisco de Narváez (inseparable de su nueva adquisición, José Scioli); Gustavo Ferrari; el economista Miguel Kiguel; los empresarios Sebastián Eskenazi y Alejandro Bulgheroni (socio de Carlos Pulenta en bodega Vistalba, que tiene una sucursal de La Bourgogne a la que llevó Jaque a almorzar a los embajadores invitados a la Fiesta de la Vendimia); los gobernadores José Luis Gioja, Mario Das Neves y el «Chango» Juan Manuel Urtubey; las empresarias Marcela Tinayre y Sofía Neiman; el jefe de Aerolíneas, Mariano Recalde, y ese lujo político que sólo puede mostrar Mendoza de que estén juntos todos sus ex gobernadores, José Bordón, Rodolfo Gabrielli, Arturo Lafalla e Iglesias, y Jaque. Sólo faltaban Felipe Llaver (que falleció) y Cobos, que promete aparecer recién hoy lunes a la noche en la repetición del acto central de la fiesta que se hace para los mendocinos que quieran pagar entrada.



La Fiesta de la Vendimia es seguramente la celebración regional más importante del año; de ahí la acumulación de empresarios y políticos, que pasaron tres días de farra en farra. Desde una «serenata» a las reinas que se hizo en el Hyatt el viernes con Palito Ortega de remate, presentada por Teté Coustarot, hasta el almuerzo de un grupo de empresarios ayer en la localidad de San Isidro, en las primeras estribaciones de la precordillera, en el que fueron pulcramente «mangados» para un fondo de ayuda que administrará la nueva Reina de la Vendimia en el año de su mandato, y al que contribuyeron Bulgheroni, Eskenazi, De Narváez, Carlos Ávila, Eduardo Costantini y algún otro, quienes tuvieron como única retribución, además de un asado, un recital de Alejandro Lerner y la oportunidad de una foto con Mirtha Legrand, tan pródiga que hasta tuvo tiempo para animar el cumpleaños de 15 de la hija de uno de los empresarios locales. La fiesta tuvo este año un amortiguador, que es la desgracia del terremoto de Chile. Esta vez faltaron los cuatro mil chilenos que vienen a la Fiesta de la Vendimia, que se suma al hecho de la relación estrecha que tienen los mendocinos con los chilenos, por lo que les es imposible no compartir el dolor. Hubo pocas referencias públicas a esa desgracia, pero era el comentario de la mayoría -el lugar de veraneo del mendocino medio son las playas de Viña hasta La Serena- en comidas y otros encuentros vendimiales.



Entre tanta estrella, hubo en esta Vendimia ausencias notables. Una, la de Ginés González García, embajador en Chile que nunca se pierde esa celebración. Es productor vitivinícola en la vecina San Juan, pero se pasó el fin de semana recorriendo las zonas de desastre después del terremoto de Chile, en particular en donde hay hospitales de campaña aportados por militares argentinos. Tiene además que preparar el viaje del miércoles de Cristina de Kirchner a Chile para reunirse con Michelle Bachelet, quien entrega el Gobierno al día siguiente a Sebastián Piñera. Por la desgracia sufrida, el Gobierno de Chile modificó la agenda del traspaso y eliminó toda ostentación, anulando incluso la cena con invitados del miércoles. Cristina y Bachelet estarán a solas esa noche del miércoles y de eso se encarga Ginés, que tiene que proveer hasta de un alojamiento seguro para la Presidente por la emergencia que vive Chile. Otra ausencia fue la de Raúl Baglini, tan escondido como su jefe de hoy, Julio Cobos, pero que dio un justificativo, atender a los detalles de un chequeo de salud. El otro ausente fue Mauricio Macri, a quien esperaba el PRO local para que le diera algún empuje a su candidato a concejal en las elecciones a concejales de la Capital de Mendoza, el corredor de rally y empresario «Orly» Terranova. Para esa elección, el oficialismo municipal que encabeza el radical «Viti» Fayad, contó con el apoyo de las estrellas de la UCR nacional y sumará en los próximos otro respaldo clave, el de su amiga Elisa Carrió.



Para la segunda pregunta -cuándo hay elecciones en la Argentina- hubo que quebrar el sigilo de otra reunión de políticos a puertas cerradas, la que convocó la fundación del empresario Juan López Mena (un argentino que actúa de uruguayo) para que un seleccionado de dirigentes criollos escuchase lecciones de algunos ex presidentes. De éstos sólo hubo dos, Fernando Henrique Cardoso y Julio Sanguinetti; Ricardo Lagos se disculpó por el terremoto en su país y Felipe González se justificó por una enfermedad que le impidió viajar. La organización había invitado a gente de todos los partidos, pero del oficialismo se acercó sólo el diputado Ruperto Godoy -un sanjuanino que suele acompañar en los viajes a Cristina de Kirchner-: Miguel Pichetto y Agustín Rossi resignaron la invitación, quizá temerosos del lote opositor que se sentó en el comedor del hotel Alvear en la noche del jueves y en uno de los salones de ese albergue en la larga mañana del viernes (hubo un almuerzo tardío). Entre los asistentes estaban Eduardo Duhalde, Rodolfo Terragno, Gabriela Michetti, Margarita Stolbizer, Rubén Giustiniani, Felipe Solá, Eduardo Amadeo, Francisco de Narváez, Osvaldo Mércuri, Patricia Bullrich, Graciela Camaño y Federico Pinedo. La idea del organizador era que los actores locales escuchasen algunas lecciones de los veteranos, y cada cual hizo su número. Al sabio lo encarnó Cardoso; al retórico -como es su usanza- Sanguinetti; y al pícaro, Eduardo Duhalde.



El brasileño encantó a todos como un lo-sé-todo de la sensatez, con expresiones como éstas: «La gente se pregunta adónde va el mundo. Yo sé adónde va: 1) el único sistema es el capitalismo, 2) el futuro no es de los commodities sino del conocimiento». Ilustró lo primero en dos variantes para elegir, o el modelo chino de un capitalismo administrado por el Estado o un capitalismo occidental guiado por el mercado. Hizo un repaso sobre lo que pueden hacer las universidades con un elogio de las de los Estados Unidos por su relación con las empresas privadas que las convierte en usinas para crear conocimiento. «Las europeas no sirven, ni las inglesas, yo fui profesor de La Sorbonne y puedo dar testimonio de que no sirve para nada». Sanguinetti aportó otro dilema: no se trata de plata sino de contenidos, porque en el Uruguay los gobiernos vienen aumentando cada vez más el presupuesto y la calidad de la educación no mejora. Se preguntó Cardoso en público, cual filósofo de la política: ¿habrá una ley de vigencia mundial? Creo que ya la hay, como con el tratado penal internacional, pero esa ley mundial tiene también que elegir entre dos modelos, o el de la fuerza de Hobbes o el de los valores de Michelet. Mércuri, hombre de Lomas de Zamora, gastaba birome tras birome anotando lo que escuchaba. Lo que me perdí estos años, pensó en voz alta.



Duhalde se vio en la necesidad de hacer su aporte, siempre en el nivel de la filosofía: acá lo que falta es planificación, y mirándolo a Terragno repitió para alegría del ex jefe de Gabinete de De la Rúa, «planificación es-tra-té-gi-ca». «Para eso también tengo -le respondió Cardoso-, hay dos tipos de planificación: la que hacen los Estados a la soviética, que tratan de controlar todo y fracasan, o la que realiza Brasil, que la hace cada 7 años para que la actividad privada a su vez haga sus planes en ese marco». Y completó: «Hay países que saben adónde van, como Rusia, que busca reconstruir la Gran Rusia y expandirse; China es mandarinesca, se ocupa de sí misma, pero no cree que el mundo dependa de ella. Europa no puede aportar nada, la ONU es una entidad de servicios sin poder político y el FMI es Estados Unidos. Ese es el mundo -se entusiasmó-, ¿qué cambió mucho? Claro que cambió; hoy cuando uno sube a un avión lo que ve es gente como en un ómnibus, es gente de todos lados, que uno no la conoce y que antes nunca viajó. No hay gente como uno», remató para regocijo de todos.

Insistió Duhalde: «Hay que ir a un pacto de La Moncloa, hay que escuchar a los viejitos». Silencio en la sala, podía ser una ofensa a sus pares ex presidentes. «Yo fui a escuchar a los viejitos, tanto a Santiago Carrillo, que con su millón de muertos le dio la mano a los adversarios, como a Manuel Fraga Iribarne, que venía del franquismo». Bullrich, que atendía con paciencia, lo enfrentó: «Dígame Duhalde, ¿qué tiene que hacer un partido para cumplir con lo que usted dice? ¿Qué tiene que hacer el sindicalismo, o el Gobierno, o una ONG?». Duhalde la miró, se puso el índice sobre el bigote, bajo la nariz, y sancionó: «Dar un salto patriótico», en respuesta gaseosa que sólo confirmó que en alguna picardía política está. Le insistió a la mesa que debían leer sus libros para conocer su pensamiento y logró que le reconocieran versación sobre temas globales repitiendo frases del tipo: «Fernando, ¿te acordás que en Brasilia te advertí lo que iba a pasar con el euro...? O, Julio (por Sanguinetti), no te olvides de aquella reunión con Felipe (González) y Luiz (por Lula) cuando fue aquella crisis...». Imposible imaginar a un Duhalde más globalizado.



En la sobremesa del jueves en el Alvear con gente tan sesuda, corrida e informada, se le sacó punta a la última noticia venida del Norte. Se le atribuye a Cristina de Kirchner haberle dicho a dirigentes del kirchnerismo de Misiones que se preparen para las elecciones... en marzo de 2011. Esa especie corrió como reguero de pólvora hasta esa mesa y la discutieron los asistentes no como una quimera sino como otro globo de ensayo del oficialismo. Eso implica cancelar la ley de internas abiertas, que las prevé para agosto del año que viene. «Kirchner -se escucha decir- ya no cree que sea la clave para su proyecto y por eso va a adelantar». El argumento no le extraña a Bullrich, cuya jefa Elisa Carrió insiste en el adelantamiento de las elecciones como pieza principal de la estrategia de continuidad del oficialismo.

También esa sobremesa le dedicó un capítulo a la posibilidad de un choque de los planetas en el Congreso. Pinedo, a quien escuchan todos más de lo que le reconocen, definió: «No se olviden que cada vez que se pensaba que el Gobierno iba a cambiar, no lo hizo. Ocurrió con la 125, ocurrió con el diálogo político, ¿por qué habría de ocurrir ahora?». Cuando se levantó cada uno de los participantes -todos manejan su respectiva banda- lo hicieron con la idea de que hay que prepararse ya mismo para una campaña adelantada para las elecciones y que después del Mundial de fútbol pueda instalarse una nueva agenda. Algunos aceptaron la invitación del anfitrión López Mena de alojarse esa noche en el hotel para estar temprano el viernes para la mesa de discusión que ya se relató. Otros se lamentaron de la decisión porque en ese hotel no se puede fumar ni el lujoso habano con el que quería atizarse uno de los diputados.



Entre cebiche y empanadas de cordero, entre otras delicias del catering de Novecento llevadas al salón de fiestas del edificio El Faro en Puerto Madero -regado con vinos de la bodega Gabrielli que hace el ex gobernador de Mendoza y hoy zar de la aviación civil-, se escucharon el jueves a la madrugada versiones encontradas sobre cómo se comportará el senador de La Pampa, Carlos Verna, en el caso Marcó del Pont. En el corro que encabezaba Osvaldo Papaleo, siempre tan bien acompañado como locuaz, se aseguraba tener información clasificada respecto de que el pampeano rehusaría votar a favor de rechazar el pliego de la titular del BCRA. En otra ronda, donde estaban Juan Abdo -un pampeano con despacho en la Unidad Presidente-, el randazzista Guillermo Justo Chávez del INCAP y varios peronistas, como Guillermo Piuma y Fernando Grill, se exploraba la teoría de que Verna seguirá siendo un factor crítico para la Casa Rosada.

Asuntos espinosos -señal de lo inquietante que resulta para el kirchnerismo- para discutir casi de madrugada, con música estridente y sobrepoblación de damas bellas en la cita para celebración de dos cumpleaños, el de los consultores Agustín Freixas, de rubros múltiples -autopistas, pero también ligado a nuevas tecnologías-, y el de Carlos Sarti, que comparten, además, trabajo en la Fundación Pupi del futbolista Javier Zanetti, razón por la cual pasó a saludar gente del fútbol, como Mariano Dalla Líbera y el «Pipa» Gancedo. Gente del teatro, también, como Ronnie Scalli; de la economía, como Rogelio Frigerio (N) y Guillermo Gabella (CNV), la inquieta Teresa González Fernández, Gastón Lacorte (funcionario de Seguridad Interior) y, entre otros, Juan Pablo Maglier, de La Rural. Anécdotas sobre Alejandro Romay, precisiones sobre un supuesto «acuerdo» que cerró un funcionario K con Carlos Menem para que vote con el Gobierno, pero luego desechó el matrimonio, y diagnósticos inquietantes sobre la economía, todo mixturado con bebida abundante -no era hora y clima para abstemios- y piernas largas en la pista. Alguno, malicioso, pensó: «Estamos bailando en la cubierta del Titanic».



El refrán es al revés. «Todo lo que los Kirchner desechan se convierte en oro». Martín Redrado sabe de esto, porque desde que se fue del Banco Central recibe ofertas locales e internacionales. La Universidad de Columbia en Estados Unidos le propuso dar dos conferencias mensuales. Presidentes de otros bancos centrales lo invitan a contar su experiencia en la Argentina. Además, tiene un equipo trabajando para dar respuestas a los principales problemas económicos de la Argentina. En realidad, está preparando un plan económico para que el futuro no lo sorprenda desprevenido si alguien piensa en él como ministro de Economía. Ya hay encuestas que lo señalan con buenas marcas en la Capital Federal y mantiene frecuentes reuniones con dirigentes del peronismo disidente o federal. Mientras esto sucede a su alrededor, la editorial Planeta lo presiona para que termine su libro donde contará intimidades de sus días en el Banco Central y su convivencia con el matrimonio Kirchner, ya que su gestión abarcó ambas presidencias. Habrá que ver si cuenta sus desencuentros con Guillermo Moreno, que quiso que fijara las tasas en niveles ínfimos, o que lo presionó para conseguir salvatajes para determinadas empresas. ¿Hablará de sus enfrentamientos con Boudou? Una amistad que guarda varias deslealtades. La idea de la editorial es que Martín Redrado presente estas memorias en la Feria del Libro que comienza en la segunda parte de abril.



Para esas fechas de mediados de abril ocurrirá la que puede ser la gran fiesta privada del año: Franco Macri cumple 80 años y lo festejará en La Rural o en el Tattersall, porque habrá mil invitados. Desechó hacerlo en su quinta de Los Nogales por razones de seguridad. Muchos se están moviendo para que los inviten, porque creen que el que no esté en esa fiesta no existe. La idea de Franco es reunir a todos los afectos que tuvo a lo largo de la vida. Pero esos afectos incluyen los de sus hijos, quienes están preparando sus listas de invitados. Hay 80 personas de distintas agencias de relaciones públicas trabajando en el evento. Los amigos de Franco que viven en el exterior recibirán pasajes en First Class y alojamiento cinco estrellas en Buenos Aires. La gran pregunta es si Mauricio Macri invitará a su reciente ex, Malala Groba. Hasta ahora, el jefe de Gobierno consiguió evitarla tras los rumores de un nuevo romance.

El tema es que tal vez pueda encontrarse con ella el sábado próximo en el restorán La Huella, de José Ignacio, donde se casa el hijo de Arturo Grimaldi, el presidente de la Asociación Argentina de Tenis. La fiesta en la playa cercana a Punta del Este amenaza también con ser memorable. No cesaron en los quinchos las noticias sobre cambios de gabinete que ya adelantó ese diario. Los cruces de la semana entre el Gobierno y la oposición va a tener daños colaterales en el equipo de Gobierno. Se habla siempre de la estabilidad de Julio De Vido. Una de las razones por las que los Kirchner pensaron en cambiar al ministro de Planificación es que quiere ser gobernador de Santa Cruz, pero su imagen debe aún remontar algo en las encuestas. Otro cambio sobre el que se especula es en el Ministerio de Economía si prosperan reacomodamientos de la ministra de la Producción, Débora Giorgi, para que ocupe ese puesto Mercedes Marcó del Pont, que está lista para marcharse del Banco Central.



Para terminar, un par de enigmas. ¿Quién es el funcionario del Gobierno que reunió en una cena en la semana que pasó a un seleccionado de jueces federales? Nadie quiere apadrinar este encuentro discreto que puede haberse hecho a espaldas de Olivos y con el propósito de refrescar relaciones con vistas al futuro, que todos lo tienen cuando dejan el poder? ¿Quién es el funcionario al que llaman «Enero», porque nunca tiene un día fresco, con alusión a sus hábitos personales?



Vamos a terminar con un chiste castrense. El director de la de Academia Militar Voroshilov de Moscú da una conferencia sobre Problemas Potenciales y Estrategia. Cuando termina de exponer pide que le hagan preguntas. Un coronel se para y dice:

- General: ¿habrá una tercera guerra mundial? ¿Tomará Rusia parte en ella?

- Sí a las dos preguntas.

Un mayor dice:

- ¿Y quién piensa que será nuestro enemigo?

- Todo hace pensar que será China.

Un tercer oficial acota:

- General: somos una nación de apenas 150 millones de habitantes, comparados con los más de mil millones que viven en China... ¿Tenemos alguna posibilidad

de ganar, o al menos de sobrevivir?

- En la guerra moderna no es el número de tropas lo que define, sino su calidad. Miren Medio Oriente: desde hace más de sesenta años entre cinco y siete millones de judíos lucharon contra 150 millones de árabes, e Israel salió siempre victoriosa...

Después de una pequeña pausa, otro coronel ubicado en la parte trasera del auditorio, pregunta temeroso:

- General; sé que en Rusia, pese a las masacres de los zares, las purgas de Stalin y la masiva emigración postcaída del comunismo, quedan muchos judíos. ¿Cree que tendremos suficientes?
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