BUENOS AIRES
T22° H60%
Pronóstico
Miércoles 17.3.2010
 Noticias   Edición electrónica   Banco de Datos   Centro de Documentación   Inflación   Quinchos   El Economista del Mes   Ediciones Anteriores   Acerca de AF 
   Lunes 15 de Marzo de 2010   
Charlas de Quincho

¿Por qué no fue Lula a la asunción de Piñera? ¿Qué hará Bachelet ahora que ya no es presidenta? ¿Qué significaba el gesto «teléfono» de Cristina que los fotógrafos plasmaron en Valparaíso? ¿De qué se habló en ambas comidas diplomáticas? ¿Por qué Hugo Moyano no insistió con poner delegados gremiales en el Consejo del PJ? Las respuestas, a continuación. También le contamos las convicciones de la -hasta ahora- titular del Banco Central, y de qué hablaron los radicales (todos, hasta los más inesperados) en un restorán cordobés antes de una cumbre de ese partido. En José Ignacio nos enteramos de una reunión de políticos y empresarios en Salta para «ver más allá del hoy» (fue en una bodega). Finalmente, un sindicalista sabría qué suerte correrá un aspirante a presidente en la Corte Suprema. Veamos.

Michelle Bachelet
 
«Sucesos Argentinos» sería el título más adecuado, al estilo peronista de los años 50, para el breve viaje de Cristina de Kirchner a Chile, salpimentado por terremotos, escenas conmovedoras de parturientas en el hospital de campaña de la Fuerza Aérea en Curicó y melosas despedidas de Michelle Bachelet. Lo más tierno: la madre que en el momento del nacimiento de una niña en esos containers que administran médicos militares argentinos le prometió a

la Presidente bautizarla con el nombre de Cristina Argentina, en agradecimiento por la ayuda del país a la desgracia chilena. Cristina usó esos temblores que la alteraron a lo largo de toda la estadía para hacer campaña: «No me asustan los temblores, estoy acostumbrada a que me muevan el piso», se reía nerviosa.

¿Por qué el gesto de la mano presidencial simulando un llamado telefónico que recogieron los fotógrafos cuando juraba Sebastián Piñera en la Legislatura de Valparaíso? No sólo para que edecanes y entornistas comunicasen a casa que todo estaba bien. También porque vivió esas 36 horas entre miércoles y jueves para seguir la saga de la operación del canje de votos en el Senado que logra por estas horas mantener a Mercedes Marcó del Pont en el Banco Central. Esa distracción de las llamadas la acompañó en la visita que le hizo a Bachelet el miércoles a la noche para una despedida que terminó con lágrimas y una noticia. Las lágrimas -que sorprendieron a todos- las puso en esa cita la gobernadora de Tierra del Fuego, quien se filtró en el grupo de la despedida íntima junto al gobernador de Neuquén, Jorge Sapag, el canciller Jorge Taiana y el activísimo embajador Ginés González García. Tomando de las manos a Bachelet, esta Ríos -que fue del ARI pero ahora milita en el oficialismo- le preguntó: «Cuénteme algo de Salvador Allende». Michelle, sorprendida, farfulló algo y la Ríos estalló en llanto. Al salir dijo que no se quedaba a la asunción de Sebastián Piñera, que con lo vivido le bastaba y se fue a Punta Arenas.



También interrumpieron a Cristina los telefonazos de la operación canje con Buenos Aires en la recoleta cena que esa noche le atizó el embajador Ginés en el solemne comedor de la residencia de la avenida Vicuña McKeena, en donde la mandataria ocupó unas dependencias que suelen llamar «suite presidencial», pero que han fatigado todos los invitados de esa embajada. La cita no tuvo el lujo que han tenido otras comidas en esa casa -famosa por las sinecuras de Oscar Espinosa Melo o la de Antonio Cafiero- ; la jarana no es lo del kirchnerismo y más si en esa mesa estaban sentados el taciturno Taiana, la nerviosa Cristina, Ginés y los dos gobernadores, es decir, un quinteto de funcionarios que comparten la misma ruta, pero entre quienes hay cero confianza. Ni en la intimidad de pocas personas concede la Presidente el estilo envarado, algo que sí hace su esposo, un individuo crispado a la distancia, pero que entre cuatro paredes es toquero, chistoso, canchero y cachador y que no entiende una charla con amigos si no está plagada de chistes y de gastadas.

Esa noche tuvimos la noticia: cuál será el futuro de Bachelet en la vida civil. La visita del secretario de la ONU Ban-Ki-moon a los restos del terremoto dejó una oferta de empleo para la ex presidente chilena: una subsecretaría -vicepresidencia le dijeron, aunque en la ONU no hay presidentes- especial para encargarse del tema pobreza. En un país en donde los ex presidentes no van presos como en la Argentina, estos ex mandatarios logran estas distinciones. Tiene un cargo especial allí el chileno Ricardo Lagos para encargarse del calentamiento global (para impedirlo, se entiende), otro lo ostenta Tony Blair para negociar la paz en Medio Oriente. Es esperable que Bachelet tenga mejor suerte que estos dos colegas que viajan por el mundo en aviones de la ONU, con viáticos de la ONU asesores de la ONU, etc. sin haber logrado mucho.



Entre las bromas de la mesa, alguno recordó adelantos de lo que hará Bachelet. Ha dicho que viajará mucho a la Argentina, en donde tiene sus afectos -el principal, una hija que estudia sociología en la Capital Federal- y que retomará la normalidad de su existencia. Los enterados saben que se refiere a su vida afectiva, algo que en el caso de esta dama es siempre muy intenso. «He suspendido mi vida afectiva hasta que deje el cargo», dijo siempre cuando le preguntaban sobre su intimidad. En el resto de la cena en la Embajada de Chile, Cristina dio detalles de una minicampaña que mandó a desplegar en Buenos Aires para descalificar a jueces rabiosos con los dichos de sus discursos: reproducir las palabras del presidente de la Corte de los Estados Unidos reconociendo el derecho de Barack Obama de criticar sus fallos. Fue cuando el presidente de los EE.UU. montó en cólera al conocerse la sentencia que autorizó a empresas y sindicatos a poner plata en las campañas electorales. Cristina redondeó ante ese auditorio de la noche del miércoles en la embajada cómo podía usarse en su favor esa anécdota de la política estadounidense que salió a reproducir en los días siguientes el ministro Julio Alak, de Justicia.

También mereció un comentario la ausencia de Lula a la asunción de Piñera, que algunos atribuyeron al deslizamiento hacia la izquierda emblemática del brasileño que se va, fenómeno en el que hay que anotar su guerra comercial con Estados Unidos, sus coqueteos con Irán y las barbaridades que dijo sobre los disidentes cubanos, a quienes equiparó con delincuentes comunes. ¿Quién es el verdadero Lula?, se preguntó la mesa. ¿El que gobernó racional y exitosamente estos años Brasil, el sindicalista que fue antes (una especie de Lorenzo Miguel) o éste que quiere irse de la presidencia dejando marcas de un izquierdismo que nunca actuó? Lo perdonaron con el código de la oportunidad en la mano. Marco Aurélio García, enviado de Lula a la jura de Piñera, no convenció con el argumento de que su jefe no iba porque ya había estado en Chile dos semanas atrás, apenas supo del primer terremoto. Sí convenció un dato que le acercaron a la embajada los espías: Lula les tiene terror a los terremotos y no quiere pisar Chile hasta que deje de moverse. Humano, demasiado humano.



Fue desde esa cena cuando le autorizaron a Miguel Pesce, vicepresidente del Central, que podía irse de vacaciones. El dato lo adelantó este diario como testimonio de que la cabeza de Marcó del Pont se salvaba y que no serían necesarios los oficios de su segundo para reemplazarla. A esa hora, Pesce estaba convencido de que su jefa zafaba, algo que ni ella ni sus asesores creían mucho, quizás porque los gerentes de la operación canje la desinteresaron de detalles que pudieron lesionar sus convicciones. La jefa del Central las tiene, y profundas, desde un ángulo que pocos conocen, que es su religiosidad. Por eso, contribuyó con su sonrisa cándida a la exitosa trama de victimización a que la expuso el Gobierno en el Congreso. Con sondeos en la mano que muestran la escasa imagen que tiene el Poder Legislativo, insistió con la imagen de la dulce Marcó del Pont a punto de ser devorada por los chacales del Senado. Le funcionó con aporte de la desmesura de la oposición que supuso -gran error en política- un éxito por adelantado y mortificó a la funcionaria con el desaire de no escucharla y, después, negarse a hacerle preguntas.

Para la pacífica Marcó del Pont fue fácil exhibirse como prenda de un sacrificio, ayudada por una religiosidad que cultiva desde joven; la recuerdan sus compañeros de militancia en la juventud del MID, por ejemplo, animando un acampe nocturno en 1982 esperando la llegada del Papa Juan Pablo II a la Argentina. Cosas que no se olvidan y que templan un carácter. Como fuera, a Pesce le autorizaron una semana de vacaciones, pero cerca, por las dudas de que algo funcione mal el jueves y deba hacerse cargo. Le consienten que sea en una localidad más allá del río y entre los sauces que el kirchnerismo demoniza cuando puede, pese a que muchos funcionarios la prefieren a la doméstica Cariló. Igual Pesce debe estar de regreso el viernes, porque, si todo va bien, Marcó del Pont tiene que viajar el viernes a una conferencia del BID y siempre alguien debe quedar de guardia.




Conocía también la cúpula del Gobierno a esa altura del miércoles los primeros resultados de una pesquisa judicial sobre el jefe de Aduanas de Ezeiza, que esa noche ya tenía pedido de captura junto con una veintena de empleados de ese servicio acusados de favorecer presuntamente a contrabandistas que pasarían pequeños «bagayos» con ropa o pulseras antimosquito. ¿Qué le importa al Gobierno este caso, salvo que pueda tocar al macrismo por la actuación del funcionario en la directiva de Boca Juniors? Que en la investigación habría llamadas interceptadas entre esa banda y funcionarios de la Justicia, jueces, fiscales y secretarios, que aparecerían pidiendo favores para «pasar» pequeñeces por los escáneres de las aduanas de Ezeiza. Ese precioso material que surgiría de esos cruces telefónicos podría encontrar a algunos personajes de la Justicia con las defensas bajas y quedarían expuestos a exhibición de sus nombres y conductas no sólo en la Justicia, sino también desde los micrófonos oficiales.



A la misma hora de ese miércoles, Néstor Kirchner se despedía de los consejeros del PJ en el hotel Amerian de Resistencia (Chaco), con gastadas a todos lados. Primero, al anfitrión Jorge Capitanich, de quien dijo: «Me voy justo ahora que Capitanich había pagado la comida». Una mortificación porque el «Coqui» chaqueño no tiene, como Kirchner, fama de rácano (eufemismo por tacaño). Había servido entrada de salmón ahumado y un pollo con verduras con buenos vinos al lote de consejeros, legisladores, gobernadores, intendentes y funcionarios que buscaron reposo después del acto. Chancero como nunca, Kirchner sorprendió en el salón atendiendo a la burocracia del PJ; nunca le gustaron las reuniones de muchos y menos sobre el partido, que para él es una necesidad no suficiente para cualquier proyecto. Se rió, antes de la despedida, de los esfuerzos de Hugo Moyano por meter sindicalistas en la cúpula del PJ en reemplazo de los renunciantes Felipe Solá, Graciela Camaño, Carlos Reutemann, Alberto Fernández y alguno más. «Tenemos que poner ahí compañeros sindicalistas». «No se puede -acotó el apoderadísimo Jorge Landau-, porque para ser consejero hay que ser elegido y esos sindicalistas no lo han sido. En el consejo no se puede poner gente a dedo como en otras organizaciones». «¡Cómo que no se puede!», insistió Moyano. Kirchner le envió una cabeceada -estudiada, al parecer- a Juan Carlos Mazzón, quien se levantó, caminó hasta Moyano y le dijo algo al oído que lo dejó mudo hasta que terminó la cena.



El restorán Rías Bajas, a la vuelta del comité provincial de la UCR de Córdoba ha visto de todo a lo largo de los años, pero nunca una cena como la del jueves pasado a la que fueron radicales de todos los palos, que hace años no se mostraban juntos. El partido había citado a una cumbre nacional con delegados de todos los distritos y en la cena previa era obvio que apareciesen Ernesto Sanz, Gerardo Morales, Jesús Rodríguez, Ángel Rozas, Hipólito Solari Yrigoyen, Mario Negri y otros caciques locales. Pero como salidos del túnel del tiempo se mostraron también Eduardo Angeloz, su ex vicegobernador Edgardo Grosso y otras figuras de antaño, llamados por esa idea de que una unión con el juecismo les puede hacer volver al Gobierno en esa provincia, en la cual el peronismo une las piezas dispersas del oficialismo de Juan Schiaretti, el kirchnerismo de Eduardo Acastello y el revenido Juan Manuel de la Sota, sumado ahora como asesor de Kirchner en el consejo del PJ.

En ese lote radical sorprendió la ausencia del presunto candidato a gobernador de esa formación, Oscar Aguad (apareció el viernes cuando terminaba la cumbre) y de «Ramoncito» Mestre (llegó a la sobremesa en Rías Bajas) que está anotado como candidato a intendente en la capital provincial. Estos radicales llegaron con las mataduras del fracaso de la sesión para voltear a Marcó del Pont, oportunidad para más de una autocrítica. La mesa, ante eso, buscó acuñar algunos lemas para sobrevivir a la ola de desencanto en los votantes de la oposición el 28 de junio. «Somos un arco opositor, no un bloque opositor», imaginó Negri y todos anotaron para repetir la consigna. «No somos más Cobos-dependientes», agregó Sanz, quien completó: «Tenemos varios candidatos, Cobos, Ricardito, otros». Vos, le dijo uno en la mesa principal. «Eso lo dicen ustedes», retrocedió el senador que preside la UCR.



Lamiendo heridas, estos radicales se lamentaron de que el Gobierno los hace aparecer como perdedores, cuando la oposición -dijeron- ha ganado cuatro batallas en tres meses: las dos preparatorias de Diputados y Senado, y los dos DNU de reservas, derogado el primero y mandado a anegarlo en una ley el segundo. «Lo que pasa es que la gente cree que todos pensamos lo mismo -trató de aclarar uno de la mesa chica-, pero el proyecto de los peronistas disidentes no es que Cobos sea presidente ni nuestro proyecto es que Duhalde sea presidente. ¿Cómo nos van a pedir un proyecto común que no tenemos?». Más crudo que todos, «Negro» sintetizó ese drama en estas palabras: «El Gobierno nos gana cuando muestra que somos una banda desarticulada sin proyecto y sin jefe, y que ellos son una minoría, pero tienen un proyecto y un jefe. Tenemos que acostumbrarnos a que esa imagen favorece al Gobierno y jugar de otra manera».

Pusieron también sobre la mesa el dilema que sigue dividiendo a la oposición entre peronistas disidentes y radicales. Los primeros siempre insistieron en que la oposición debía pelear los cargos de conducción, y no las comisiones, porque es desde allí desde se manejan las cámaras. Los radicales entendieron que con el antecedente de Ramón Puerta al frente del Senado en 2001, ir por esas dignidades era favorecer las campañas del Gobierno sobre la oposición destituyente. Hasta ahora, no se sabe quién tiene la razón, pero con el kirchnerismo a cargo de las dos cámaras puede ocurrir que haya una vacación legislativa. En el país empatado, beneficia al Gobierno que no haya sesiones de un Congreso que le va a votar en contra.




Con una agenda tan tensa en el Congreso, los protagonistas buscaron refugio en quinchos recoletos a lo largo de la geografía patria. Mauricio Macri cumplió con su candidato a concejal por la capital mendocina en las elecciones del 28 de marzo, el corredor Orly Terranova, participando en un acto que espera repetir esta semana junto a Gabriela Michetti. Faena difícil porque el radicalismo de Víctor Fayad es fuerte ahí y domina en las encuestas. Macri no escucha cuando le dicen que ese candidato pertenece a una firma proveedora de servicios a la municipalidad porteña; responde con una frase que quiere que sirva de lección: ¿acaso el hijo de un empresario no puede entrar en política jamás? Ese paso por Mendoza lo aprovechó para desaparecer de la escena y pasar algunas horas en el Uruguay, sitio que no pudo visitar en el verano como hubiera querido.

Registró una casi secreta aparición en el parador La Huella el sábado a la noche; fue en el festejo del casamiento del hijo de Arturo Grimaldi, directivo de la Asociación de Tenis que eligió ese lugar porque funciona como un filtro ideal para estas celebraciones para los argentinos. Uno puede invitar a mucha gente, pero sabe que, como está lejos, muchos no irán, pero que, honrados por la invitación, igual harán regalos a los novios. Los que no fueron se perdieron el fugaz encuentro de Macri con su ex esposa, Isabel Menditeguy, imagen que retuvieron asistentes de alta gama a esa farra en lo de Martín Pittaluga (dueño de La Huella), como Cristiano Rattazzi, Enrique Nosiglia o Alejandro MacFarlane. A los presentes que lograron interceptarlo entre las dos pistas de baile (una adentro del parador, la otra sobre la playa), Macri les confirmó que es candidato a presidente, que ya tiene una estructura nacional y hasta jefe de campaña, el ex jefe de Gabinete de la presidencia Puerta, el ingeniero Humberto Schiavoni, a quien cuadra bien mencionar en estos quinchos porque él compartió, en condición de militante juvenil del MID, la misma carpa en 1982 junto a Marcó del Pont esperando al papa Wojtyla.



Macri no estuvo mucho tiempo en esa fiesta de La Huella y se perdió por eso los relatos de la bienandanza de algunos de los asistentes. MacFarlane, por ejemplo, había llegado directo desde Cafayate, Salta, de un encierro de un día con políticos y empresarios que quieren pensar menos en el hoy y más en el país que viene, como si eso los eximiese de las responsabilidades del día. En un pequeño hotel con encanto dentro de una vieja bodega, Alfonso Prat Gay, MacFarlane, el directivo de Techint Luis Betnaza, Gabriela Michetti y, entre otros, el gobernador Juan Manuel Urtubey, departieron largamente sobre cómo sobrevivirá la Argentina a los dramas de hoy y cómo esperar el futuro en donde no los arrolle. La reunión es una actividad de un grupo espontáneo de dirigentes que quieren parar la pelota y mirar más allá del ocaso. Lo integra también el mendocino Sanz, quien esta vez había preferido acompañar a los socialistas en Santa Fe, una urgencia de la hora que no podía postergar en nombre de un futuro tan incierto (diría Octavio Paz) como la eternidad.

¿Qué logró el grupo Cafayate -para darle un nombre aunque fuera provisorio-? Darse primero un texto de constitución. ¿Quién lo hace? Mejor busquemos alguno que ya esté hecho. En el peronismo por lo menos ya hay un método: si hace falta un documento de base se lo encargan a Jorge Lapeña. Éste ya lo tiene escrito en la computadora y lo manda para que la agrupación del caso le ponga los acápites. Todas las agrupaciones del PJ han usado alguna vez ese documento Lapeña, que logró hasta que Antonio Cafiero se lo firmase, que es como que Gardel te cante un tango escrito por vos. Este grupo eligió, a falta de un Lapeña, una vía propia: buscar primero (por Google, seguramente) un texto que sirva de inspiración y sobre esa base elegir alguna de las plumas célebres de la oposición para que se lo redacte. En una larga sobremesa, turno que favorece las confesiones, el local Urtubey fue acosado sobre su presencia en el congreso del PJ, donde había tenido gestos de amistad hacia Kirchner al punto de ser quien propuso que el discurso del ex presidente ante el PJ fuera transcripto y usado como plataforma de campaña para 2011. El gobernador explicó que sus disidencias con Kirchner son de estilo y también generacionales. Desarrolló algo así como el método para dividir al hoy del mañana. Hoy apoyo a Kirchner, el mañana es otra cosa. Los presentes, que, salvo Michetti, tienen varias cabalgatas con Gobierno y oposición, parecieron entender; ni qué decir los empresarios que estaban allí, que bien pueden aparecer tanto conspirando en una bodega de Cafayate con opositores como sentándose en el comedor de Olivos junto a Cristina de Kirchner para aplaudir sus discursos en defensa de un modelo que ellos mismos dicen compartir. Que haya ocurrido esto en una bodega es alentador porque ese entorno puede actuar como un atenuante de lo dicho y hecho.




De esos lujos de La Huella o de la bodeguilla de Cafayate a las rispideces ventosas de la costa atlántica, adonde el «Momo» Venegas, sindicalista de los trabajadores rurales -hoy jugado con el duhaldismo- preparó el clima para la llegada esta semana de su adversario Néstor Kirchner (va junto a Daniel Scioli y Hugo Moyano a tratar de descontar la derrota que tuvo allí el kirchnerismo en junio,28). Para marcar la cancha hizo entre viernes y sábado una tenida peronista que incluyó actos con Oraldo Britos, Jorge Todesca, Carlos Campolongo, Gustavo Ferri, Daniel Amoroso, el hijo de José Rucci (se inauguraba una exposición con memorabilia del jefe de la CGT asesinado en 1973) y como guinda del postre (que es colorada) con Francisco de Narváez. Con ellos el «Momo» se paseó por la peatonal de Necochea, el parque Díaz Vélez y los balnearios aún tibios en el final del verano. El «Colorado» se prodigó en gestos de duhaldismo en público, elogiando al anfitrión Venegas como su consejero personal. «Soy un colorado calentón, pero cada vez que tengo un problema vengo a verlo al 'Momo' y él me aconseja bien». En privado confesó que él dice que va a ser candidato a presidente, pero que en realidad es candidato a gobernador de Buenos Aires; también que dice que peleará ese cargo en internas del PJ, pero que sabe que deberá ir por afuera. Pinceladas de la insinceridad de la política en la Argentina, un país en el cual los dirigentes dicen una cosa y hacen otra, o afirman autoridad ocultando sus proyectos. En todo el mundo el público apoya o rechaza a los dirigentes por lo que dicen que harán y los castiga cuando no cumplen. En la Argentina se precian los dirigentes en público de ocultar su pensamiento. Lo dijo Kirchner cuando ironizó sobre la designación de Martín Redrado como presidente del Central que buscó, dijo, seducir a los mercados, con la frase «¿Qué querían, que nombrase a Kunkel?». También Carlos Menem fue a las últimas sesiones del Senado sin decir si daría quórum o no, o sin decir si votará a favor o en contra de Mercedes Marcó del Pont, o si se abstendrá. Con razón pocos políticos se animan a caminar por la calle por temor a que les peguen.



Quienes lo escuchaban entendían también esta insinceridad del «Colorado», sobre quien Luis Barrionuevo dice tener una primicia a partir de una reunión que pudo mantener con el presidente de la Corte Suprema de Justicia: ese tribunal le rechazará la posibilidad de una candidatura a presidente porque no cumple los requisitos de nacionalidad. El tribunal avanzó en un voto que dice que pudo ser candidato a gobernador en Buenos Aires porque la cláusula de nacionalidad de ese distrito ha quedado caduca al haber sido escrita en una constitución que reflejaba un espíritu de época. En la Constitución nacional, diría el voto de los supremos, la exigencia de ser nativo o hijo de nativo está vigente y ha resistido todas las reformas, hasta la de 1994, y tampoco la afectan los tratados internacionales que tienen fuerza de ley en el país, salvo para los derechos y garantías expresados en el texto original. En esos paseos silvestres por la costa necochense nadie parecía enterado de lo que cuenta Felipe Solá acerca de unas expresiones de Alfredo Atanasoff sobre un presunto acuerdo entre De Narváez y el kirchnerismo. Anoche lo buscaban Atanasoff, De Narváez -y el periodismo que publicó esa noticia hasta con comillas sobre lo dicho- para que les explicase qué quiso decir. La publicación afecta a De Narváez y beneficia a todos sus adversarios en su pelea por ser (en política) alguien más que un empresario que le sabe sacar votos a la plata; esos beneficiarios son muchos y entre ellos no sólo Solá, sino también Macri, Scioli, Duhalde y algún tapado más.



Para cerrar, ese brillo que sólo pueden aportar diplomáticos y artistas: la fiesta en el palacio Estrougamou que le brindó Guadalupe Noble (hija del fundador de Clarín) al ex embajador Juan Archibaldo Lanús por su cumpleaños. Impecable anfitriona esta «Lupita» a quienes todos quieren hasta por su aventura como candidata a diputada nacional el 28 de junio, elección en la que se dispersó entre tantas estrellas. Algunos políticos de la hora, como Ramón Puerta, pidieron un cóctel igualmente lujoso para cuando jure como vicepresidente tercero de la Cámara de Diputados. «No sé cuándo será porque el Congreso puede no reunirse nunca más», afirmó. Hubo otros de antaño, pero que buscan la vuelta, como Eduardo Arnold, que fue vicegobernador de Kirchner en Santa Cruz y que suele animar estas reuniones con anécdotas de picardías pingüinas. Estuvo tan adentro de ese sistema que todos tienden a creerle las anécdotas sobre el matrimonio.

Como amigo y vecino de la casa (él y Lanús tienen residencia en el Estrougamou) estaba también Hugo Anzorreguy, ex de la SIDE de Menem. También el infaltable Horacio Ferrer, quien entonó poemas propios acompañado del piano, un espectáculo imperdible para quien pudo estar ahí. Lanús anima unos desayunos los viernes del grupo que coordina junto a Teresa González Fernández bajo el rótulo de Causa Argentina, una rama del peronismo disidente que jura buscar andadura política con mejor suerte que en 2007, cuando la «Colorada» González Fernández fue candidata a vicegobernadora y Lanús, a senador nacional por Capital. ¿Quieren más los ansiosos lectores de quinchos sobre el estado de sus ídolos? Daniel Scioli está con gripe; también guarda cama en Washington el embajador Héctor Timerman.



Vamos a terminar con un chiste oceánico. Un pirata novel conversa con un viejo bucanero, intercambiando aventuras en el mar. El joven nota que el pirata más viejo tiene una pierna de palo, un garfio en un brazo y un parche en un ojo.

-¿Por qué tenés esa pierna de palo?

-Atravesábamos una terrible tormenta cerca de Barbados; una ola me tiró al mar y caí entre tiburones. Mientras mis compañeros me subían de vuelta al barco, un tiburón blanco gigante me arrancó la pierna de una sola dentellada.

Impresionado por el relato, el joven pregunta más tímidamente:

-¿Y en la mano qué te pasó? ¿Por qué tenés ese garfio?

-Cerca de la Martinica abordamos un barco de la Armada española, y en la lucha con sus tripulantes uno de ellos me cortó la mano con su espada.

Cada vez más impresionado, el joven corsario interroga:

-¿Y en el ojo?

-Al día siguiente de perder el brazo, una gaviota pasa volando sobre mí; miré para arriba al escuchar el graznido y ¡justo va y me caga en el ojo!

-¿Perdiste el ojo por la cagada de una gaviota? ¡No te puedo creer!

-¿Y qué querés? Era mi primer día con el garfio...
Agrandar Texto
Achicar Texto
Enviar por mail
Formato de Impresión

 

  Redes sociales

 

 


Agrandar Texto
Achicar Texto
Enviar por mail
Formato de Impresión
 
 
 
Ingrese su Usuario y Clave
Usuario: 
 
Clave: 

Vea la nota
en la edición electrónica


Secciones Especiales

Antártida  Antonio Grimau  Arzo  camarón  Cristina de Kirchner  desaparecido  Eduardo Duhalde  error  Facebook  Guti  kirchnerismo  Leonor Manso  Lucas Rebolini Manso  NASA  vida 

N° Edición 3424 - Director Orlando Vignatti - Esta publicación es propiedad de NEFIR S.A. - Tel: 4349-1500 - Paseo Colón 1196

Copyright © 2008 Ambito.com - Todos los derechos reservados. - (Términos y condiciones de uso) -

IAB
Certifica