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   Martes 12 de Octubre de 2010   

Charlas de Quincho

Completamos hoy la entrega de las charlas de este fin de semana, iniciada ayer. La Presidente viaja a una provincia gobernada por uno de sus preferidos, pero que está encorsetado por su propia Constitución para hacer lugar a un deseo K. En el campo opositor aguardan con esperanza la llegada de dos amigos internacionales para impulsar su agenda. Uno de ellos, además, es uno de los impulsores de un cambio anticipado de Gobierno en su propio país, administración ésta amiga del matrimonio presidencial. Finalmente, le contamos lo que charlaron en Olivos un ex presidente y un gobernador a quienes una pluma K privilegiada imaginó distanciados. Veamos.

Juliana Awada, Mauricio Macri, Lía Rueda (presidenta de Conciencia) y Vilma Martínez (embajadora de EE.UU.), en la cena anual de esa ONG. El jefe de Gobierno aguarda esta semana las visitas de José María Aznar y del colombiano Álvaro Uribe.
Podrá servir la pausa del fin de semana largo para el descanso, pero debieron distraerse en prepararse para otra semana tormentosa. Cristina de Kirchner reaparece en el Chaco, pero dudaba anoche en El Calafate si la acompañará Néstor Kirchner, que no se consuela todavía de que esa provincia vaya a elecciones provinciales separadas de la nacional, una imposición constitucional que lo obliga también a Jorge Capitanich, uno de los predilectos de Olivos, al desdoblamiento que en otros gobernadores es señalado como falta de confianza en el proyecto presidencial kirchnerista de juntar toda la artillería en una sola fecha electoral, la nacional. También se viene el coloquio de Idea, usualmente un foro opositor al que algunos gobernadores y funcionarios del oficialismo no tienen decidido si irán o no; lo decidirán en consulta con Olivos a último momento y según el clima de la semana, que viene pesado para el Gobierno por el desembarco conservador que promueve Mauricio Macri con amigos como José María Aznar, que viene a Idea, y Álvaro Uribe, que también participarán en el Palacio de la Legislatura porteña de un «campus» que organiza la Fundación Faes, que anima el ex premier español y que se hace con la deliberada intención de apadrinar el proyecto presidencial de Macri. La novedad, y a eso atenderá más que nada el Gobierno, es que uno de los oradores de ese ciclo de charlas es Eduardo Duhalde, a quien el macrismo hasta ahora admite sólo en foros académicos como el que se hizo en Open Door hace un par de meses. Hablarán también otros espadones del peronismo opositor como Ramón Puerta, Francisco de Narváez, mezclados -como si ya fueran un frente electoral- con los punteros del macrismo.

Esta aparición de la conexión internacional de Macri en pleno debate de candidaturas será la oportunidad para que el peronismo «federal» bata el parche contra lo que creen es el chavismo del Gobierno. España está hoy agitada por la revelación de la decena de organizaciones estatales y paraestatales que le han dado cobijo -y adiestramiento terrorista- a lo que queda de la ETA. Eso hará que la presencia de Aznar en Buenos Aires sea noticia también en una España en la que se descuenta que si hubiera elecciones, el Partido Popular se haría cómodamente del Gobierno con Mariano Rajoy a la cabeza. El voto español de los emigrados en la Argentina siempre pesa en esas elecciones y aunque Aznar no es candidato a nada, el agua que recoja irá para el renacido Rajoy. Esta agitación de la agenda externa desde Buenos Aires no es nueva y es eficiente. No hay más que recordar el viaje de campaña que hizo Aznar antes de ganarles la elección a los socialistas en 1996 con auspicios del entonces Gobierno de Carlos Menem que disparó la leyenda de que hasta hubo un aporte de fondos reservados para la campaña del PP. No fue así, pero es cierto que ese viaje y el de la comitiva fue todo subvencionado por el Gobierno argentino y Aznar nunca olvidó ese favor.
Ahora, este viaje puede ayudar al proyecto del PP de presionarlo a José Luis Rodríguez Zapatero para adelantar al año que viene las elecciones previstas para 2012, haciéndolas coincidir con las municipales, algo que el actual gobernante puede promover para esconder su destino con el de alcaldes y concejales que, al contrario, temen que el actual premier los arrastre a la derrota. Avanzada de esta relación fue Gabriela Michetti, quien participó hasta el fin de semana en Madrid del congreso Agora organizado por el Gobierno de Zapatero, pero que le permitió cenar una noche con el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz Gallardón, ídolo de Macri y socio de Rajoy-Aznar, de quienes escuchó algo de lo que se dirá esta semana aquí. Claro que ese congreso era multipartidario y «Gabi» también tuvo su aparte con Zapatero, quien la buscó para preguntarle por la Argentina, «país que me apasiona», le dijo. Ese congreso Agora convocó a personalidades que a juicio de los organizadores -un ente estatal- tienen futuro en la política, algo que creen de Michetti pero también de otros asistentes como la diputada radical Silvana Giúdice - hizo la ley de medios para Fernando de la Rúa que hizo votar Cristina de Kirchner con lo cual siempre debe dar explicaciones de por qué se queja de algo que ella inventó-, el ex AFIP Alberto Abad, el politólogo macrista Martín Bohmer y el director de la ANSES, Diego Bossio, que a último momento decidió no viajar. Michetti vino encendida de ideas pero al llegar ya debió enfrentar las inquinas internas de su partido que vienen del sector que quiere desplazarla de la candidatura a la sucesión de Macri, tema sobre el cual fatigó mensajes de texto con toda la cúpula del oficialismo porteño. Con prolijidad analizó Macri los movimientos de esta semana como si se tratase de una batalla. Decidió que Aznar no se siente en público con Duhalde, quien estuvo hace un mes por Madrid explicando por qué él va a ganar las elecciones, algo de lo cual los españoles le piden pruebas que no aparecen. Segundo, decidió no concurrir al seminario de Idea; no sea que su posicionamiento electoral junto a Duhalde y la compañía de sus invitados quede desdibujado por el libro anual de Idea, que siempre es el mismo: quejas empresarias, revelaciones sobre el doble estándard de los hombres de negocios que critican al Gobierno por abajo pero no se animan a hacerlo en público porque deben proteger sus intereses y la catarata de críticas opositoras que son las mismas año a año.

Estas escaramuzas servirán para un cambio en el dial del oficialismo, distraído en la semana que pasó por lo que fue una verdadera tormenta sobre Scioli, meteoro que el gobernador trató de disipar con sus recursos de siempre: los problemas del sciolismo se arreglan con más sciolismo. Ayer, por ejemplo, jugó de nuevo al fútbol en «La Ñata» y reivindicó la casaca naranja de «Los Villeros de Villa La Ñata» derrotando al equipo de fútbol sala que llevó el presidente de Independiente Julio Comparada, quien también integró el conjunto que desdibujó así los festejos por el triunfo del domingo sobre Racing. En las sobremesas de la residencia del gobernador cuando no hay políticos, suele haber alguna franqueza sobre lo que los políticos quieren que no se sepa. Lo más blindado es el contenido de la charla entre Scioli y Kirchner hace una semana en Olivos, que disparó especulaciones pero pocas noticias. La más importante, que Kirchner acepta minimizar la autorización de colectoras -en realidad de adhesiones de listas a determinados candidatos- a lo imprescindible, es decir, a unos pocos candidatos en municipios bonaerenses que pueden contribuir a una mejor elección nacional y en los que se puede arriesgar, como dice Kirchner, «dos concejales, más o menos».
Lo otro que se charló en Olivos es la condición de Scioli de que lo dejen ser quién es. Voy a seguir en el proyecto -dijo más o menos-, pero también voy a seguir yendo a donde voy siempre, sacando fotos con quien me saco fotos. Se quejó de que hay kirchneristas que usan esos estereotipos para especular con disidencias que, insiste Scioli, no existen pero que cuando salen al aire benefician a la oposición. Ante ese reclamo, Kirchner admitió que ésa es la contribución del gobernador al «proyecto». Cuando la prensa amiga lo atizó el domingo al gobernador desde un columnista estrella, llegó del sur de inmediato el mensaje de calma: es gente que también quiere decir lo que siempre dijo sobre el gobernador pero que no tienen hoy el aval de Olivos.
El gobernador, batido por kirchneristas y no kirchneristas que lo juegan en diversos tapetes como candidato presidencial, siguió impasible su agenda: el domingo por la noche se alineó junto a los otros invitados en la primera fila de la iglesia de Loreto de Ezeiza, para acompañar a Alejandro Granados (h) en la rara boda religiosa que decidió celebrar en el día previo al feriado con el añadido de un magnífico asado en el negocio familiar, la parrilla «El Mangrullo» que administra su padre, Alejandro, y su esposa Dulce Visconti. Como sus críticos de la propia tropa kirchnerista lo «caminan» (verbo que describe el seguimiento de los agentes de inteligencia) hasta en los casamientos a los que va, acompañó a este Granados que ya es más importante que su padre. Tiene el cargo de «zar» de los vuelos civiles al frente de la Administración Nacional de Aeronáutica, al que accedió después de muchos años en el órgano de control de los aeropuertos, adonde lo designó Eduardo Duhalde. Un puesto clave porque es el nexo entre el Gobierno y el complejo de empresas aéreas y que manejan los aeropuertos. Pero además tiene una función paraoficial más importante para el Gobierno, que es el manejo político de Diego Maradona, otro empleo que es más difícil que manejar aviones y pistas de aterrizaje. Granados es un ejemplo de cómo el dominio sobre un territorio se extiende hacia todo lo que se mueve en él. Los Granados roncan fuerte en el tema vuelos porque el padre es intendente eterno de ese municipio, con menemistas, duhaldistas y kirchneristas. Se apoderaron del fútbol a través del club Tristán Suárez al que en los años 90 promovía Carlos Corach con el mismo celo con el cual atendía Carlos Menem a River Plate o Néstor Kirchner a Racing Club. Como Maradona tiene una quinta en Ezeiza, cayó también bajo la jurisdicción de los Granados. Cuando Diego fue separado de la Selección de fútbol, el Gobierno lo atribuyó, entre otras cosas, a que los Granados habían desatendido esa ventanilla porque estaban en vacaciones en Europa. Cuando regresó Alejandro (h) puso en funcionamiento una campaña aún no terminada para reponerlo a Diego en el puesto, seguramente con un staff distinto al que lo acompañó en Sudáfrica.

Scioli llegó a la iglesia de Loreto con el ánimo de mostrarse ante políticos y funcionarios invitados, una lista de las fidelidades kirchneristas que parecía elaborada en Olivos: los intendentes Federico Espinoza (La Matanza) y Julio Pereyra, el matarife Alberto Samid y, naturalmente, Diego Maradona, quien llegó tarde a la misa con su novia pero al que colocaron en primera fila como si fuera padrino, más que apadrinado. Pero cuando terminó la ceremonia, Scioli se retiró: «Cuando voy a casamientos, prefiero ir a la Iglesia porque las fiestas después se extienden mucho y a mí me gusta acostarme temprano», explicó antes de irse. Scioli es tan riguroso en la satisfacción de los gustos propios que muchas veces hasta se hace ver en una cena, pero no toca bocado y a la hora aparece en algún restorán de Puerto Madero para cenar en serio. No acorta su presencia en estas fiesta por pereza porque cuando tiene que cumplir con lo que cree espera de él su público, para él no hay distancias.
Por ejemplo, el sábado a la noche apareció en el hospital de Mar del Plata en donde se atendía de su derrame cerebral el actos «Carlín» Calvo. Mar del Plata es un dominio sciolista y todo lo que pase allí, divino o humano, es una preocupación para él. Por eso, mientras los voyeurs de la política que escriben los panoramas de análisis de fin de semana derramaban toneladas de tinta comprometiéndolo en candidaturas de las que dice no quiere hablar, él aparecía en el lecho de enfermo de un ídolo popular, en la boda de conveniencia de Ezeiza y, ayer al mediodía, en la canchita de su casa «La Ñata» en un partido con su equipo «Los Villeros de Villa La Ñata», ya repuesto Scioli del desgarro que lo mantuvo afuera de las canchas durante más de un mes. Otro dato: ocupó una de las mesas principales en la cena en La Rural de Conciencia junto a los banqueros Ignacio Dodero y Natalia Meta (Banco Industrial), Santiago Soldati, la dirigente de esa ONG María Figueras y el economista Rogelio Frigerio, quienes le escucharon decir, a pocas horas de haberse reunido a solas con Kirchner: «Estoy en mi mejor momento». Con habilidad eludió la foto que todos los chassiretes querían junto a Mauricio Macri, quien estaba en la mesa de al lado acompañado por la embajadora de los EE.UU., Vilma Martínez, los empresarios Cristiano Rattazzi, Alejandro Mac Farlane y Juan Carlos López Mena; el presidente del Banco Ciudad, Federico Sturzenegger; y Lía Rueda, presidente de Conciencia, quienes escucharon de boca del jefe de Gobierno la misma frase: «Estoy pasando por mi mejor momento».


En algo andarán, aunque no sea necesariamente en algo juntos, como especulan los kirchneristas rabiosos del conurbano y algunos analistas de pluma fácil que pueden creer que se termina su tiempo como voceros del oficialismo. Ninguno de esos voyeurs y comentaristas puede extrañarse de que Scioli pueda aparecer anotado en cualquier momento en una candidatura presidencial. Pero después de la reunión del lunes a la noche en la residencia de Olivos a solas con Néstor y la serie de mimos que se cruzaron en un acto en Lanús, en el de San Vicente por el cumpleaños de Perón y en el acto de Río Gallegos, esa serie de imágenes disparó especulaciones incontrolables. En la tarde del viernes, antes del acto en favor de la rebeldía del gobernador Daniel Peralta, que se salta el cumplimiento de una sentencia de la Corte, los otros trece gobernadores peronistas escanearon los movimientos y los pocos dichos que Scioli y Kirchner durante el café que todos compartieron en uno de los bares del hotel Patagonia, tratando de escudriñar si hay candidatura sciolista, si Kirchner la avala o no, si eso implica modificación de posicionamientos y se viene una corrida política. La conclusión que sacaron algunos de ellos es que la catarata de especulaciones sobre esta candidatura en realidad es un invento de la oposición para dividir al oficialismo convirtiendo en inquinas irremediables las diferencias que todos saben existen entre el ex presidente y el gobernador. ¿Para qué? Para beneficiar la fantasía de apartarlo a Scioli de la carrera por la gobernación, mandarlo a la nacional, y así darle una mano a la candidatura de un Francisco de Narváez.
Esa lectura voluntarista -lo es porque confía en que si un periodista dice eso después la fantasía se hará realidad- la usa un sector hiperkirchnerista que desconfió siempre de la lealtad del gobernador para fumigar a su entorno, a quien le atribuyen pasarse el día picando el seso de su jefe con que tiene que ser candidato presidencial. Le atribuyen ese rol al jefe de Gabinete, Alberto Pérez, alguien a quien no hay que forzar mucho para que explique por qué su jefe debe ser presidente, no ya de la Argentina, sino del mundo. Es el rol de todo lugarteniente en política, y Pérez lo es de Scioli. El desorden con que se manifiesta toda esta película de la candidatura sciolista levanta prevenciones en todo el oficialismo que espera el momento de corte para saber si Kirchner será candidato -es decir si demuestra la fuerza en encuestas para hacerlo ganar al peronismo- o si hay que revisar posicionamientos. El silogismo es simplísimo; si Kirchner no corre, el mejor rankeado va a ser Scioli y para eso no hace falta que se reúnan, estén o no juntos en actos, ni va a ser seguramente una brecha que quiebre al oficialismo. Seguramente no va a funcionar como un llamador de los disidentes, para quienes Scioli y Kirchner son lo mismo aunque expresen dos maneras distintas de hacer política. Esa es la rareza de esta fórmula de dos políticos que no se parecen en nada pero que se han mantenido juntos durante siete años porque uno confía en el otro para mantener poder. Kirchner perdió las dos elecciones nacionales en las que participó -2003 y 2009- pero el factor Scioli fue decisivo para hacerlo a él y a su esposa presidentes en dos oportunidades. ¿Para qué arriesgar este flanco ahora, más cuando el peronismo cree hoy que una elección nacional buena para esa fuerza supone que en la de Buenos Aires tiene que obtener excelentes resultados, más cuando crece el número de gobernadores que tratan de despegar los comicios locales de la nacional para no arriesgar su poder territorial?

No creen lo mismo -más bien lo contrario- los radicales del ala ricardista, que dieron una muestra el viernes de que están dispuestos a hacer de tripas corazón con tal de mantener alianzas en provincias hasta con quien no las quiere con ellos en lo nacional. Eso significó la cena que compartieron en un local partidario de la ciudad de San Lorenzo el precandidato presidencial Ricardo Alfonsín y el diputado arista Alfonso Prat Gay, que participaron del lanzamiento de la candidatura a intendente local por una alianza entre socialistas, radicales, aristas e independientes. Alfonsín venía de una reunión con Hermes Binner, de cuyo despacho salió el diputado con una frase inimaginable en boca de un dirigente ortodoxo de la UCR: «Yo también soy socialista» (los socialistas fueron socios del golpe a Yrigoyen, para empezar). En la cena, además del radical intendente de la capital provincial, Mario Barletta, y del alcalde socialista de Rosario, Miguel Lifschitz, estuvieron los dirigentes de las dos fuerzas Hugo Marcucci, Federico Pezz, Carlos Torres, Santiago Mascheroni, Carlos Comi, Alicia Siciliani y un lote de militantes que cantaron victoria para esa liga el año que viene en la elección a gobernador, manteniendo un alianza que en lo nacional hoy no existe.
En la cabecera de la mesa hubo brindis por las encuestas que lo alzan al hijo del ex presidente como candidato del partido, por encima de Julio Cobos. Los socialistas presentes quisieron saber quién será el candidato a gobernador de Buenos Aires, algo que también creen es clave. Los asesores de Ricardito argumentaron que eso no es importante y que es una chicana de Cobos para que sus correligionarios acepten que el mendocino sea candidato presidencial y Alfonsín vaya a la gobernación. A diferencia del peronismo, estos radicales apuestan a una polarización Kirchner-Alfonsín en lo nacional y que eso va a arrastrar hacia arriba a cualquier candidato. «Si fracasamos en la polarización arriba, por bueno que sea nuestro candidato a gobernador, el proyecto se cae. Por eso hay que apostar por Ricardo», afirmaba uno de los asesores, que nunca se fue de las oficinas de la avenida Santa Fe porque también aconsejaba a Raúl Alfonsín. ¿Hay algo para Cobos en el caso de que Alfonsín imponga su candidatura? Respondían esa noche: Cobos ya no quiere ser gobernador de Mendoza, que haga la campaña y nos haga ganar con su popularidad. Está el gabinete para negociar, él fue un buen ministro de Obras Públicas de Roberto Iglesias en su provincia. ¿Por qué no podría ser ministro de Infraestructura de un gobierno alfonsinista? Uno que escuchaba bromeó: saque la jarra de la lechera y traigan algún pingüino de vino.


Volvió la emoción a los almuerzos de Lola que organizan los peronistas disidentes para escucharlo al periodista Ceferino Reato -a quien los graciosos llaman el Julián Centeya de José Rucci- sobre el libro en el cual relata un ataque de la banda Montoneros a un cuartel en Formosa hace 35 años. El libro, reconocieron los habitués clásicos de esos encuentros -»Chicho» Basile, Félix Borgonovo, Emilio Perina, Moisés Ikonicoff, Pascual Albanese, Fernando Petrella, Andrés Cisneros- trae dos aciertos: 1) descubre la patraña sobre el «Nunca más», que sumó a la lista de desaparecidos en la atroz represión clandestina de las organizaciones armadas a guerrilleros muertos en ese ataque. Eso le valió a sus familiares la posibilidad de cobrar indemnizaciones mucho más altas que las que cobran los familiares de quienes defendieron el cuartel. En la charla y en las preguntas los presentes actuaron la indignación porque el Gobierno niega los nombres de los estudios jurídicos que han gestionado esas indemnizaciones. ¿Habrá un Nuncamás-gate que revise este asunto? 2) Haberlo localizado al ex jefe de la Fuerza Aérea, el brigadier Héctor Fautario, quien asistió al complot de los otros comandantes en el yate Tecuara de la Marina de Guerra para dar el golpe de 1976. Este aviador se retiró para no participar. ¿Lo citará la Justicia?
La serie de preguntas se extendió hasta casi las 5 de la tarde con especulaciones de algunos de los presentes sobre gestiones judiciales para pagar indemnizaciones a exiliados «flojos de papeles», otra puerta para el escándalo.

Indispensable que estos quinchos hicieran aunque fuera un sobrevuelo sobre la Feria del Libro de Fráncfort, actividad que la sacó a Cristina de Kirchner de Buenos Aires casi por una semana. La cargada agenda alemana de la Presidente no le permitió, como era su deseo, salir de compras o pasear por las calles de Hannover, ciudad que no conocía y que fue la última en la que estuvo durante su viaje. Entre su reunión con los empresarios por la tarde y la cena de gala en el castillo de Herrenhausen, la comitiva presidencial recibió el alerta de que Cristina saldría a dar una caminata, lo que a casi todos llamó la atención pues en esos momentos ya se estaban aprontando con sus vestidos de noche. Fue una falsa alarma: ya que media hora más tarde llegó la contraorden que indicaba ir preparándose para ir hacia el castillo. A propósito de la gala: también hubo que flexibilizar el protocolo (en un principio riguroso) del black-tie, y se terminó admitiendo que los hombres pudieran concurrir con trajes oscuros. «Ya vieron», bromeó la Presidente en un momento de la recepción, rodeada de empresarios. «Es una gala transversal. No obligamos a nadie a venir como pingüinos». En la mesa, Cristina se sentó acompañada por Viktor Klima, titular de Volkswagen Argentina, y de los ministros Alberto Sileoni, Amado Boudou y Héctor Timerman que se enfrentaron con un menú imperial: ensalada de hierbas silvestres con fundido de tomate y setas del bosque sobre bruschetas tostadas, crema de calabaza con pepitas tostadas en su aceite; muslo de gallineta de Guinea con farsa de bolletas con marinados rollitos de puré de col (una auténtica exquisitez que algún comensal, por culpa de la luz tenue, confundió con pollo con puré al saborearla), y mousse de naranja con lemoncello y gajos de naranja incrustados con frutos exóticos.
Pero la revelación más explosiva de esa noche no ocurrió en el castillo sino en el bar del hotel Kastens Luisenhof, donde la delegación, ya sin agenda para el día siguiente, el de la vuelta, se quedó tomando unos schnaps y unos whiskies. Cristina reveló que el ministro de Relaciones alemán, Guido Westerwelle, la «amaba», por su valentía de haber apoyado la ley de matrimonio igualitario. Westerwelle no sólo no oculta su condición de gay sino que se ha casado el mes pasado con el empresario deportivo Michael Mronz; o, más precisamente, se ha unido por ley a Mronz (los «casó» un juez en Bonn), ya que en Alemania sólo existe la unión civil, y fue por eso que elogió tanto a Cristina y a la Argentina. Westerwelle debió enfrentar más de una crítica por esta boda, ya que en Alemania lo acusan de favorecer con contratos preferenciales a las empresas que maneja su marido. «Qué pena que sea vicecanciller y no canciller», se lamentaban esa noche de schnaps en el bar los argentinos. «Nos habría ido mucho mejor que con Merkel».


En verdad, la relación entre la canciller alemana y su vicecanciller es parecida a la de Cristina con Julio Cobos. Merkel es demócratacristiana y Westerwelle pertenece al partido liberal FDP (Freie Demokratische Partei). En Alemania comentan que fue más fácil para Westerwelle la alianza amorosa con el empresario que la política con Merkel, quien se sintió profundamente disgustada cuando el vicecanciller anunció su compromiso con Mronz muy poco antes de las elecciones generales de 2005, y para hacerlo eligió el día de cumpleaños de ella. Merkel, en su momento, le recriminó que intentaba robarle protagonismo. Esto también explica por qué la canciller no asistió al acto de apertura de la Feria del Libro el martes en Fráncfort y sí lo hizo Westerwelle, que habló antes que Cristina, con conceptos muy elogiosos hacia la Argentina. Muy rara vez se los ve juntos en actos públicos a la canciller y su segundo. También se comentó que el habitual carácter jocoso de Angela Merkel en privado no se manifestó en absoluto durante el ríspido almuerzo con los argentinos el miércoles, donde ni ella ni Cristina probaron bocado. Es más: el edificio de la Bundeskanzleramt (Cancillería) tiene un diseño bastante estricto: los ascensores que utilizan los habitantes de la casa no son los mismos que los de los invitados, y esa particularidad, en este contexto, sonó todavía más fría: cuando ambas mandatarias se despidieron, descendieron por esos ascensores separados.

Hubo políticos que trataron de descansar con el recurso más viejo, la fiesta. La ocasión fue el cumpleaños 80 del abogado Horacio Oyhanarte, un radical que administró Puerto Madero durante la gestión de Fernando de la Rúa, a quien el embajador Juan Archibaldo Lanús le abrió su piso del Palacio Estrougamou para agasajarlo con una cena con poesía, tango y algo de política festiva. Como la que aportaron Elisa Carrió y Felipe Solá jugueteando y haciendo manitos con un bastón simil presidencial que simularon disputarse. Una de las invitadas fue Guadalupe Noble, quien cumplía años el mismo día pero prefirió dar un paso al costado porque venía de ser festejada por la aparición del libro dedicado a su padre, que ya fue objeto quichesco. Estaban la ex senadora Cristina Guzmán, Frank Marmorek, inspirador de Buenos Aires Lírica, el empresario Amadeo Riva, Marta Oyhanarte, ex funcionaria del albertismo (de Alberto Fernández, se entiende), la «Negra» Lafuente, viuda de Félix Luna y el abogado Zenón Ceballos, asesor del cumpleañero cuando estaba en la corporación Madero y que es abogado de De la Rúa en una de sus principales causas, quienes se abalanzaron sobre las viandas de Mamía (casa de comidas de la familia de Ricardo Guardo, que fue el Fellner de Juan Perón como presidente de la Cámara de Diputados en los años 50) y el Dom Perignon que mandó a descorchar «Archie» Lanús.
La parte emotiva de la velada -siempre llega ese momento agridulce- fue un poema de Horacio Ferrer, leído por Graciela Nobilo, y el agradecimiento del propio Oyhanarte a sus amigos, a su actual familia y a sus ancestros, entre ellos su abuelo Juan, director del diario radical de Rojas, provincia de Buenos Aires, asesinado cobardemente por una disputa política y a su tío Horacio, el último canciller del presidente Hipólito Yrigoyen. La noche cerró, como siempre en lo de Lanús, con tangos, rutina en la cual se produjo el show de «Lilita» y Felipe con el bastón con empuñadura de plata, confeccionado por los plateros de San Antonio de Areco Martín y Miguel Rigacci, obsequiado a Oyhanarte por Miguel Zimermann y Félix Lanusse. Por si faltasen más efectos especiales, sonó el teléfono y pidió hablar con el cumpleañero nada menos que Francis Ford Coppola desde Estados Unidos. Lo habían concertado las hijas de Oyhanarte, quien se hizo amigo de Coppola en la estadía que éste pasó filmando el olvidable filme «Tetro».


Vamos a terminar con un chiste escuchado en el quincho del club Macabi. Un andaluz de religión judía está en un bar de Granada tomando una manzanilla, cuando le suena el celular. Eufórico, de inmediato ordena:
-¡A ver, camarero: una ronda pa' to's los presente', y pago yo! Acaban de informarme que mi mujé, en Sevilla, ha dado luz un crío, y el chaval ha pesao ¡once quilo, ná meno'! ¡Es un machazo, andalú y judío!
Obviamente, los presentes aceptan el convite pero -siendo andaluces y sabiendo cómo se exagera en esa región de España- dudan de la veracidad del peso de la criatura. Nueve días más tarde, el mismo andaluz entra al mismo bar; tanto el barman como los parroquianos lo encaran, y le preguntan cuánto pesa el chico ahora. El padre reflexiona, y responde:
-Pueee... unos ocho quilos.
Los demás se miran con asombro, y el barman vuelve a preguntar:
-¿Ocho quilos? ¿Pero cómo, hombre, va a pesar ocho quilos, si cuando nació pesaba once?
El padre bebe un sorbo de su chato, mira alrededor y responde con una sonrisa orgullosa y socarrona:
-Es que ayer lo hemos circuncidao...

Ver aquí la primera parte de Charlas de Quincho

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