Cumbre del Mercosur, quizá la más importante desde la creación de la unión aduanera, que sin embargo retomó -en medio de lujos gastronómicos- la misión para la que fue fundada. La pelea mayor fue entre dos presidentes mujeres, por un tema no de Estado. Otros (muchos) ojos se fijaron en una quinta del Gran Buenos Aires, ya famosa por sus encuentros político-futboleros. Si alguien esperaba que de allí se emitieran rayos y centellas, se equivocó; su habitante siguió cultivando la teoría de que «todo pasará». Un centenario partido transcurrió la semana entre homenajes a un expresidente y la tristeza por la muerte de un polémico conmilitón. Y también se comentó el fallecimiento de una mítica dama, mejor amiga de Evita y creadora de una de las casas de tortas más deliciosas del país. Veamos.
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Agitado desde su nacimiento por vientos destituyentes, con críticas de los Gobiernos que lo integran sobre que nunca llegó a cumplir su cometido, el Mercosur ganó en el fin de semana una notoriedad inesperada por la decisión de los mandatarios que se reunieron en Mendoza de licenciar al Paraguay hasta que haga elecciones y aceptar como socio a Venezuela, pese a que el Senado de Asunción -el mismo que sacó del cargo sumarísimamente a Fernando Lugo- aún no había aprobado ese ingreso. Queda para los filatelistas de la legalidad juzgar ese pronunciamiento, que surgió de la andanada de quinchos en que se resolvió la cumbre de Mendoza, seguramente la más importante de todas las que se han hecho desde el nacimiento del sistema regional.
Los invitados a esa cumbre para acompañar a los presidentes -gobernadores, embajadores y otros entornistas- se distribuyeron en los hoteles de la ciudad y sus alrededores y se pasaron un día y medio esperando el resultado de las reu-niones de Cristina de Kirch-ner y sus invitados, que se entregaron además a una multitud de bilaterales en el hotel Intercontinental. Esas negociaciones entre cuatro paredes le dieron a la reunión un tono caótico, con interminables demoras de los actos, brindis y comidas. Tan graves eran los asuntos que debieron esperar a conocer las declaraciones cuando trascendieron a la prensa. Los gobernadores invitados -además del local «Paco» Pérez, José Luis Gioja, Maurice Clos, Eduardo Fellner- y los embajadores -como Ginés González García (Chile) y Dante Dovena- atendieron la impaciencia de los extranjeros, a la cual no escapó ni un presidente como Sebastián Piñera, quien fastidiado por la demora de sus colegas en aparecer salió el viernes del hotel, caminó por la peatonal Sarmiento de la capital mendocina (forzando a los custodios a un operativo de urgencia) y almorzó en el restorán del Patio de Jesús María.
El centro de los quinchos mendocinos fue, como se preveía, el patio de los toneles de la bodega Escorihuela, en donde se sirvió el jueves por la noche, en la fiesta más rumbosa, un menú del chef de esa casa (tiene en esa bodega su restorán «1884» desde hace años) que incluyó una entrada de humita sin chala y un principal de chivito de Malargüe cocido durante muchas horas con vino Malbec. Fue un festival que agradecieron los presidentes -faltaba a esa hora Dilma Rousseff, quien llegó pasada la 1 de la madrugada del viernes-, a quienes se les presentaron los menús y las explicaciones de Francis Mallmann, incluyendo un libro que muestra la cocina de varias regiones. Cristina se detuvo en esas fotos y reconoció el lago La Plata, en donde tiene una cabaña el cocinero y en donde se encierra a crear sus delicadezas. Algunos invitados que quedaron lejos de la mesa principal, como la canciller de México, Patricia Espinoza, reclamaron el mismo trato y la funcionaria siguió a Mallmann hasta la cocina, en donde recibió los mismos materiales explicativos que los presidentes.
En esa mesa principal es donde se trazó la ecuación final de la cumbre: suspensión de Paraguay e ingreso de Venezuela, que simplificado implica un trueque; Venezuela puede mejorar su canasta alimentaria y el resto de los países pueden mejorar su canasta energética. Billetera mata a galán, aunque desde afuera se haya visto que la decisión tiene más contenido político que comercial. Claro que tiene miga política la decisión de advertir a los opositores de los gobiernos en ejercicio en la región que cualquier pedido de juicio político va a ser leído como una maniobra destituyente. Es algo que todavía hay que comprobar en el caso del Paraguay, pero sí es claro que desde esta reacción de los presidentes de la región se van a llamar a recato, hasta nuevo aviso, los vicepresidentes y vicegobernadores y las legislaturas a los que se les ocurra, por el motivo que fuera, iniciarles juicio político a sus mandatarios.
El ingreso de Venezuela destraba, además, otra trama también política. Desde ahora quedan habilitados los venezolanos a designar y, cuando corresponda -porque es una fecha siempre postergada-, elegir mercodiputados al Parlamento del Mercosur. Una de las razones de la demora del Paraguay, y antes del Uruguay, es el temor a que desde ahora surjan partidos chavistas en todos los países que articulen los intereses imperialistas de Caracas en cada país. Los partidos locales, además de competir con formaciones de sus connacionales, deberán disputar en elecciones con partidos chavistas que tendrán doctrina y financiamiento directo desde Caracas. Como nadie apuesta al final de la recuperación de la salud de Hugo Chávez, este asunto ha perdido vigencia en la agenda y nadie se escandaliza ahora por este nuevo rol de Venezuela en la región, pero es la causa real de la demora de Paraguay y otros países en regalarle a Caracas la membresía plena en el Mercosur.
Como siempre en este sistema regional, lo político termina imponiéndose sobre lo comercial, algo que lo sincera con sus orígenes, que fueron también políticos. El Mercosur fue en realidad una creación de Raúl Alfonsín y José Sarney para crear una red de protección de las democracias de la transición de los años 80 contra los golpes militares. Cuando se firmó -ya con Carlos Menem presidente- el tratado de Asunción, se le agregaron acuerdos sobre posiciones arancelarias que al día de la firma no estuvieron completadas. Alfonsín se preguntaba siempre por qué le habían querido dar al Mercosur ese carácter de unión aduanera cuando en el propósito original sólo perseguía una finalidad política que, dicho sea de paso, ha cumplido cada vez que fue necesaria.
Como la lista de los invitados no estaba completa, la charla en la mesa principal transitó por anécdotas, por ejemplo recuerdos de Néstor Kirchner, o preguntas de los otros mandatarios sobre la salud de Máximo Kirchner. La Presidente los tranquilizó con que al final no fue nada del otro mundo y que no remediase un tratamiento y, además, una dieta. El diagnóstico de una artritis gotosa reduce los temores iniciales sobre infecciones internas que alarmaron a la familia. El nombre de Kirchner salió también en la sobremesa porque la cena, que se hizo por todo lo alto -uno de los asistentes escuchó que había costado $ 1.100 el cubierto, barato si se lo compara con estándares extranjeros por un servicio de la misma calidad y marca-, contaba con una estrella para animar la velada. Nada menos que el músico Gustavo Santaolalla -ex Arco Iris y dos veces oscarizado por Hollywood- acompañado por el dúo local Orozco-Barrientos, identificado con una presunta nueva ola de la «guitarra mendocina», todo un alarde en la tierra de «Tito» Francia y Pedro Báez.
Santaolalla, como otros emergentes de esta década, ya tiene una bodega en Mendoza y ahora está pensando en elaborar cerveza -otro alarde en la tierra de la «Andes» y la «Cóndor»-; entonó varios temas, pero al presentar «Sudamérica» se lo dedicó a Néstor Kirchner, además de contar que la había compuesto a los 20 años, oportunidad para nuevos brindis antes de que los gobernadores y algún embajador se subieran a una combi rumbo al aeropuerto del Plumerillo para recibir a Dilma Rousseff en la madrugada ya del viernes. De paso, y más allá de las disidencias comerciales entre Brasil y la Argentina, que cada cual cuanta a su conveniencia, Dilma y Cristina libraron una sorda disputa a lo largo de las reuniones sobre el punto al cual debía ajustarse el aire acondicionado del hotel Intercontinental. Dilma pedía que lo subieran, amenazada por el frío tan extraño a su país; Cristina, en un momento, le pidió al gobernador local Pérez: «'Paco', hacé algo con el aire que me estoy cocinando». Sobre los costos de la cumbre, este gobernador se ocupó de aclarar a todo el mundo que los fondos habían sido provistos en su totalidad por el Gobierno nacional y que no le había costado nada al tesoro provincial.
Para Cristina estar en ese hotel Intercontinental, cuyos propietarios están vinculados al grupo Garfunkel, daba también para la nostalgia, porque antes de la inauguración se había previsto que sesionase allí el consejo del PJ, en septiembre de 2010. Esa sesión se suspendió por la operación de la carótida del expresidente y por la muerte un mes más tarde. Se lo recordaron a la Presidente en uno de los encuentros con los organizadores de la Cumbre.
Para emplear lenguaje castrense, orden interno en La Ñata para enfrentar el orden cerrado a que somete el Gobierno nacional a provincia. En los cuarteles orden interno es poner los pertrechos en regla; orden cerrado es someter a la tropa a movimientos vivos como carrera march o salto de rana. El anuncio del aguinaldo en cuatro cuotas somete a la administración de Daniel Scioli a dar malas noticias y pagar los costos con una serie de paros gremiales. El alivio que transmiten los funcionarios que se reunieron con el gobernador durante el fin de semana es que con los $ 1.000 millones que le transfirió la Nación sobrevoló la idea de que podía ser en seis cuotas ese desdoblamiento y que ya en cuatro es todo un esfuerzo.
En esas reuniones con funcionarios y asesores, que ocuparon casi toda la agenda del gobernador en su residencia, se dispuso imponer el discurso único. Es decir que nadie hablará con términos críticos hacia la Nación y que se viene una etapa de discurso explicativo de lo que hace y no hace la provincia para gestionar mejor. El mandatario se mostró sorprendido por la dureza de la Nación en dar un auxilio mayor, pero impuso la idea de que las dificultades económicas son de todos los distritos y que si no vino más plata es porque no hay. No se le escuchará a los funcionarios queja alguna sobre lo que Nación no quiso ceder, como los $ 2.800 millones reclamados por cuya entrega la provincia estaba dispuesta a caucionar unos bonos que vencen en 2018. Hubo reflexiones sobre que este episodio no se aparta del libreto de las relaciones de Scioli con los Kirchner desde 2003 y que esto es algo esperable en esa trama por lo menos hasta 2013. Se va a arreglar, tranquiliza Scioli a los ansiosos de su entorno, y con este ritmo se va a llegar hasta las elecciones legislativas del año que viene. Lo serio puede venir después de esa fecha y con 2015 como fecha de cierre.
Con los portones bien cerrados a las visitas indiscretas, después de una temporada de fútbol que incluyó a los Moyano, a Maradona y al «Kun» Agüero, no hubo fotos este fin de semana, en especial porque los dos partidos de sábado y domingo se disputaron con equipos formados por funcionarios y amigos, pero sin estrellas que atrajesen una atención que no se quiere distraer de la circunspección a la que obliga esta crisis. El funcionario Eduardo Aparicio (Espacio Público) aportó el equipo de ayer y en las dos jornadas tampoco faltó Alberto Samid con su sabiduría reglamentaria y las ristras de chorizos que encendieron como siempre las parrillas de la residencia.
No mostrar al grupo del gobernador en la jarana y suspender las fotos transmite otra idea de este sector, que es reírse de los reproches al gobernador por el presunto uso de la publicidad sobre su persona. ¿Ignoran -se escuchó en mesas de esa barriada de Benavídez- que Scioli preexiste al uso de la publicidad? Logró se vicepresidente y gobernador sin estar vinculado a ningún organismo que hiciera publicidad. Creer que lo que tiene hoy obedece a eso, dice la doctrina de La Ñata, es ignorar que sus habilidades políticas son otras y que no pasan por el uso de la publicidad. Si fuera así, no habría sido ni diputado, ni ministro, ni vicepresidente, ni gobernador. Por eso los entendidos de su entorno opinan que la estrategia de sus adversarios no ha acertado en fijar el blanco. Que sigan así, dicen. Pero en el fin de semana, y hasta nuevo aviso, ninguna agresión a los críticos y arrullar a la opinión pública con explicaciones presupuestarias.
La agenda de la semana se ensombreció con algunas noticias por la muerte de leyendas de la política, como Lilian Guardo -la mejor amiga de Eva Perón- o la del radical César García Puente; como además los radicales habían dedicado los actos de la semana a recordar el derrocamiento de Arturo Illia, la evocación y la nostalgia terminó arrollando a todos. El acto principal en homenaje a Illia se hizo en la Sociedad de Distribuidores de Diarios y lo organizó el exdiputado Rafael Pascual, un hombre que va por la vuelta con una protocandidatura a senador nacional por la Capital respaldado por la línea interna Radicalismo Popular. Llevó el jueves a hablar del expresidente radical nada menos que a Julio Bárbaro, opinólogo que fue funcionario de Carlos Menem y de Néstor Kirchner que compite en horas-estudio de TV con el peronista «Chino» Navarro.
No hay programa en donde no estén, como en estas horas no hay medio que no hable del «Beto» Badía, pese a que hace varios años que no estaba en el aire, notoriedad que se explica en su relación con Marcelo Tinelli, más allá de los atributos que adornaron su personalidad. Bárbaro, como se esperaba, ejerció otro capítulo de la autocrítica del peronismo por haberse opuesto a Illia, autocrítica que este exdiputado suele hacer cada tanto sobre lo que ha hecho en cada etapa de su vida. Federico Pinedo, Patricia Bullrich, Ernesto Sanz, Fernando de la Rúa, Jorge R. Enríquez, José M. García Arecha, Juan Octavio Gauna, Mario Lozada, el penalista Zenón Ceballos, el exfutbolista Carlos Babington, el embajador Arnoldo Listre, entre otros, escucharon también las ironías de Pascual sobre el Gobierno, como cuando dijo «mientras don Arturo juró como presidente con el saco que usaba diariamente y la austeridad caracterizó su vida, la actual primera mandataria pesifica un plazo fijo de 3 millones de dólares», lo que generó un sonoro aplauso en la concurrencia. De allí casi todos los radicales caminaron las dos cuadras que los separaba del Comité Nacional para continuar allí los homenajes, en un acto más ajustado a la liturgia del partido que fundara Alem. Se sumaron al nuevo encuentro Eduardo Angeloz y Nito Artaza.
Lo jugoso de esta serie de homenajes siguió en varios restoranes en los que se distribuyeron los radicales. El más inspirado fue el grupo del exsenador García Arecha, que se apoltronó como suele hacer todas las semanas en la parrilla La Raya, de Palermo, adonde siguieron las cavilaciones que fascinan a los radicales sobre las líneas internas. Arecha insistió en su argumento de que sus correligionarios del Congreso hicieron una demostración de fuerza al lograr que el Gobierno diese de baja como candidato a la Procuración de la Nación a Daniel Reposo. Para aprobarlo hacían falta 2/3 de los votos, y lograron arrastrar a independientes y a algunos peronistas en el rechazo. Ahora tienen que emplear, dice el exsenador, el mismo método para frenar un intento de ley de reforma constitucional, algo que también requiere 2/3 de los votos.
Falta, claro, el dirigente que quiera asumir el liderazgo, algo muy difícil con un partido tan dividido, entre otras cosas, hasta sobre la necesidad de un reforma. En esa mesa de radicales ortodoxos hubo más anécdotas sobre Illia, como que cuando fue destituido dejó la Casa de Gobierno se fue caminando acompañado por algunos seguidores (entre ellos García Arecha). Llegó a la esquina de Reconquista y Rivadavia y se tomó un taxi. Se fue a vivir, evocaron, a la casa de un hermano en Martínez, cerca la Capital. Estuvo allí varios meses, pero como la casa no tenía teléfono, se instalaba todas las tardes en una despensa del barrio, manejada por una dama a quien llamaban doña Pierina, tomaba café y usaba el teléfono del local. Tenía, brindó la mesa, una casa en Córdoba comprada por sus amigos, un auto y un depósito en el banco. Gastó ese dinero en el casamiento de su hija Emma, y cuando dejó el Gobierno no tenía ya ni ese dinero ni el auto. Sólo la casa.
La muerte el viernes de García Puente, un dirigente que fue importante en la provincia de Buenos Aires, despertó otras evocaciones de sus correligionarios. Fue el diputado más joven de la historia legislativa de Buenos Aires y lideró el bloque de la UCR hasta el golpe de Onganía. Terminó su vida política como presidente de Hidronor en el Gobierno de Alfonsín, pero hacia esa fecha ya era una sombra de lo que había sido. ¿Qué ocurrió? Siempre sus compañeros de la UCR le reprocharon su más que estrecha amistad con militares, incluyendo a Jorge Videla, para quien organizó una cena sin aviso previo con Ricardo Balbín que irritó mucho al jefe radical. En las mesas en las que se lo evocó la memoria resbaló en el momento de precisar si fue la cena que tuvo Videla con Balbín un mes y medio antes del golpe de 1976 que relató el exmilitar en el libro-reportaje de Ceferino Reato -que tuvo lugar en la casa de Armando Balbín, hermano del dirigente- o si fue cuando Videla ya era presidente. Esta mención gatillará alguna memoria más fresca de aquellos hechos que se pierden, diría Vicente Saadi, por las nubes de Úbeda.
Recuerdos más gratos, pero entre peronistas, levantó la figura de Lilian Lagomarsino de Guardo, que murió ese mismo viernes a los 101 años. Esta mujer participó hasta no hace mucho en actos de recordación y reivindicación de figuras de la llamada «resistencia» peronista, y era la viuda de Ricardo Guardo, un dentista -como Héctor Cámpora- que presidió la Cámara de Diputados durante el primer peronismo, cuando ese órgano era no sólo una escribanía, era una sucursal autorizada del Poder Ejecutivo que aprobaba todo a libro cerrado. Fue una de las amigas más estrechas de Eva Perón y la acompañó en el viaje a Europa de 1947 -el viaje del «arco iris»- cuya historia nunca se ha terminado de contar. Ella, pese a que escribió un libro de memorias, no lo hizo, lo que dio lugar a leyendas sobre depósitos en Suiza o encuentros con Onassis que nadie confirma ni desmiente. Era hija del creador de los sombreros Lagomarsino, que siguen siendo legendarios y cuando cayó el peronismo creó una de las casas de repostería artesanal más famosas de la Argentina, las «Tortas de Mamía».
El único encuentro quinchesco pero no político de la semana debe registrarse por eso de apartarse de la obsesión proselitista. Ocurrió el martes en el hotel Panamericano y lo organizó el Centro de Estudios Americanos que dirige Luis Savino y que convocó, entre otros, a la embajadora de los EE.UU. Vilma Martínez, jueces como el camarista de la Casación Penal, Mariano González Palazzo, o el juez federal de Morón Jorge Rodríguez, gremialistas como Rodolfo Daher («Yo firmé por el 27%», alardeó), Agustín Amicone del gremio del calzado; el diputado Jorge Landau, el rector de la Universidad del Salvador, Juan Tobías; el director de Europa Occidental de la Cancillería Alan Beraud; exdiputados como Liliana Gurdulich o bonaerenses sciolistas con mandato vigente como Azucena Ecozohor de Acuña (esposa del intendente de Hurlingham Luis Acuña) o Rubén Uñac diputado nacional por San Juan.
Vamos a terminar con un chiste vasco. Txili y Patxi, dos empresarios de Bilbao, contratan un avión privado para que los lleve al sur de la Argentina a cazar ciervos. Con los permisos de caza y todo en regla, vuelan hacia la Patagonia y quedan con el piloto que los vaya a buscar tres días más tarde. Así sucede, pero cuando aterriza la pequeña aeronave, el comandante ve que sus clientes lo esperan con seis grandes ciervos. Rápidamente evalúa el peso de cada uno y dice:
-Señores: a lo sumo puedo llevar cuatro de esos animales.
Los vascos comienzan a discutir con el aviador:
-Pero hombre, no seas cabezadura: el año pasado hemos contratado un aeroplano idéntico al tuyo; sacamos permisos para cobrar tres piezas cada uno, las conseguimos, el comandante vino a recogernos el día que habíamos convenido, subimos las seis piezas, y partimos desde esta misma pista.
El piloto mira la caza, escucha lo que le dicen y piensa: «Y, si el año pasado pudieron decolar con esta carga, yo no voy a ser menos...». Y acepta subir los seis ciervos. El avión carretea, decola con gran dificultad, no llega a cobrar altura, vuela 10 minutos y se hace un aterrizaje forzoso en medio de un bosque. Maltrechos, los tres ocupantes del avión salen, y el piloto exclama:
-¡Así que no íbamos a tener problemas, no! ¿Y ahora quién carajo sabe dónde estamos?
Y Txili, mirando alrededor, responde:
-Calculo que a unos cien metros de donde nos caímos el año pasado...