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  Lunes 16 de Julio de 2012   

Charlas de Quincho

Olivos y La Ñata: dos quintas que fueron el epicentro de los quinchos de este fin de semana. En la presidencial se ultiman los detalles del viaje que protagonizará su habitante principal a Bolivia (la energía es el tema central y también el futuro del Mercosur). En la del gobernador de Buenos Aires, en cambio (suspendido el fútbol con figuras públicas), se habló de que en agosto habrá pasado lo peor de la pelea con el Gobierno central, o sea, cuando se hayan pagado sueldos y aguinaldos. También hubo un sentido homenaje a una figura del peronismo, hoy semiolvidada, pero que fue clave en los 90. Un sarao diplomático en día y horario infrecuentes premió a quienes fueron con exquisiteces gastronómicas y champán del país anfitrión. Hubo tiempo, sin embargo, para hablar de las policías provinciales. Veamos.

Cena en la Embajada argentina en Washington, de izq. a der. el turco Hasan Tuluy (vicepresidente del Banco Mundial para América Latina y el Caribe), el colombiano Luis Alberto Moreno, presidente del BID; Gabriela Costa (nueva delegada ante el BID), y Jorge Argüello.
El frío extremo en el norte y en el sur, la urgencia de la agenda global y la presunción de que el motín policial en su provincia sigue un libreto marcado por la oposición política de Santa Cruz mantuvieron alejada a Cristina de Kirchner de su «lugar en el mundo» y la recluyeron en Olivos ajustando horarios para poder cumplir con todos esta semana. El compromiso más fuerte es en Bolivia, adonde viaja mañana por la noche con la intención de formular el miércoles, junto con Evo Morales, un megaanuncio sobre provisión de petróleo que saque de los titulares las inquinas internas y encarrile la gestión en lo que ha sido lo más importante desde diciembre pasado: la cuestión energética. De lo que dirá y hará allí se ha dejado conocer poco. «Es una agenda de julio», afirman en Olivos por De Vido. «Vamos a Cochabamba, que es el centro del poder de Evo», completan en la Cancillería. Pero del anuncio poco, como tomando envión para decir algo resonante. A ese viaje le da el Gobierno importancia no sólo por la llamada «matriz» energética; también porque se hablará de la ampliación del Mercosur con el ingreso pleno de Bolivia (hoy es un «Estado asociado», un proyecto del cual se hablará abiertamente en el próximo viaje de Cristina, el del 31 de junio a Río de Janeiro, en donde se pretende formalizar -pese a las quejas de opositores a los Gobiernos del Uruguay y de Brasil, que intentan clavar recursos en tribunales internacionales- el ingreso de Venezuela.

El borrador habla de sumar al Mercosur a todos los países de la Unasur ampliando la geografía para acercarlo a una OEA sin Estados Unidos. El envión y la pasión que le pone el Gobierno argentino son conmovedores y modifican el formato original que pensaron Raúl Alfonsín y José Sarney entre dos países, a comienzos de los años 80, como una red de protección contra los golpes militares que amenazaban a las democracias de la transición. Que se agregasen otros países sólo complicó ese armado, porque se le superpuso lo que siempre divide a las personas y a los países: la economía. Con más países en ese espacio -si fructificase esa ampliación de Mercosur a Unasur-, seguramente crecerán los conflictos. Uruguay revisará la conveniencia de acercarse a otros sistemas como el que pretendió en su momento aproximándose a un TLC con los Estados Unidos (no fue sólo un proyecto de Jorge Batlle, también lo animó Tabaré Vázquez y lo sostiene el vicepresidente de José Mujica, Danilo Astori). Paraguay también blanqueará lo que nadie reconoce: que su pertenencia al Mercosur ha sido siempre molesta para su economía, que debió entrar en una formalidad que nunca tuvo y le complicó los negocios-país al obligarse a un blanqueo. También para Brasil parece problemático; el poder que tiene hoy en el Mercosur por el tamaño de su economía seguramente se reducirá y se hará más complejo. La experiencia de este sistema, como ocurre en la Unión Europea, demuestra que estos sistemas de integración benefician a las economías más grandes, pero que deben por su parte pagar por la adaptación de las economías más pequeñas a su funcionamiento. Es lo que le reclama desde hace años Europa a Alemania y lo que se reclamará a Brasil.

Quienes observan la política desde la contradicción miran este empeño de que el Mercosur se transfigure en un sistema más amplio con los países que hoy forman la Unasur como el cumplimiento de un sueño ajeno. Eduardo Duhalde se atribuye, junto con Lula da Silva, la creación de la Unasur como el nuevo sistema de países de la región. La administración kirchnerista que tanto mortificó a Duhalde en la pelea interna del peronismo termina llevando esa creación (que parecía limitada a que el expresidente tuviera alguna figuración internacional después de dejar el Gobierno en 2003) como el proyecto central de sus detractores del kirchnerismo. De éstas y otras percepciones se va enterando de manera urgente el futuro embajador en Bolivia, el sindicalista y exdiputado Ariel Basteiro, quien viajará mañana a Cochabamba, pero aún sin el acuerdo del Senado. Es para que vaya haciendo boca y se empape de lo que le tocará vivir cuando asuma.

Este Basteiro termina encarnando el cargo más alto que le ha dado Cristina de Kirchner al sabbatellismo, rama del oficialismo en la que milita el protoembajador. Basteiro ha sido un aliado fuerte del Gobierno en el Congreso y cuando dejó la banca en diciembre pasado parecía víctima de malos pagadores. Protagonizó una rareza en la política criolla; se incorporó de inmediato a su puesto de trabajo en el aeropuerto de Ezeiza, con funciones en el salón vip que atiende a viajeros distinguidos por su cargo o su figuración. Probó que necesitaba un sueldo, otra rareza, y enfrenta con sonrisas las chanzas de que lo hacen embajador porque tiene experiencia protocolar en el salón vip o porque su actividad aeronáutica -aunque siendo personal de tierra- le permitirá soportar mejor la altura de La Paz. Basteiro es uno de los pocos aliados no peronistas del Gobierno que tienen un trato frecuente con la Presidente, quien siempre lo distinguió subiéndolo en numerosas delegaciones en viajes al exterior. Estuvo en esas oportunidades en mesas chicas, sobremesas, trasnochadas, jugadas de truco en el Tango 01 y alcanzó un expertise en kirchnerismo básico como pocos aliados. Es una familia socialista que se referencia en su padre, cuyo nombre lleva en Aerolíneas una biblioteca que creó siendo empleado de la empresa. A los socialistas se les pueden elogiar o reprochar cosas, pero por donde pasan dejan por lo menos una biblioteca.


En esas decisiones pendientes en Olivos se cuenta si la Presidente, que tiene comprometido todo el miércoles en Cochabamba, llegará a tiempo para participar en el acto que recordará el abominable atentado a la AMIA. Ése fue asunto de una reunión el viernes entre Cristina y un grupo de los familiares de las víctimas, entre ellos Sergio Burstein, en la cual la Presidente se hizo acompañar por Julio Alak. Burstein, que es querellante en la causa de las escuchas contra Mauricio Macri, se quejó de que este año no lo hayan invitado a hablar en el acto. Atribuye eso a que la actual conducción de la AMIA está identificada con sectores religiosos ortodoxos a los que no es extraño el legislador macrista Sergio Bergman. Cristina escuchó esos argumentos en silencio, pero prometió acceder al pedido de este grupo de familiares de que en el predio que fuera la ESMA, en donde ya funcionan un museo de la «memoria» que recuerda a las víctimas de las atrocidades cometidas allí durante la represión clandestina de las guerrillas y un museo de los veteranos de Malvinas, también haya un museo que recuerde a las víctimas del atentado a la mutual judía. Se interesó la Presidente en esa conversación por algunos razonamientos de los visitantes sobre el significado del número 18 en la tradición judía (el acto es el 18 de julio), que evoca el cumplimiento de los mandamientos de la Torá y también el campo semántico de «vida».

La Ñata -residencia de Daniel Scioli en la pedanía de Benavídez- no salió de la circunspección que inunda al resto de la provincia por la pelea entre el gobernador y el peronismo de Olivos y los efectos del pago en cuotas de algunos aguinaldos. El gobernador permaneció, como Cristina en Olivos, con reuniones con funcionarios y repasando carpetas. Suspendió el fútbol «para afuera»

-es decir con celebridades-, aunque después del paso por allí de Diego Maradona y el Kun Agüero la producción de nuevos eventos se hace difícil para empardar aquellas jornadas. Lo hubo, pero a puertas cerradas, con amigos, parientes, custodios y funcionarios que reúnen la aptitud física, como antesala de largas sobremesas en las que el gobernador riza el rizo de su estrategia: paciencia, dejar que los otros hablen, silencio, no responder, dejar que se mueva la pelota en el campo contrario, que es el que está forzado a producir hechos.

¿Qué hacer?, se preguntaría Lenin. Respuesta desde la cabecera de la mesa: pagar los sueldos y los aguinaldos, que es lo que la gente quiere; cuando lo hayamos hecho van a ver cómo cambia el clima. Más sciolismo para remediar las tribulaciones del sciolismo, sigue siendo la directiva estratégica. Pero algo tenemos que lograr. Respuesta: ya está logrado el acuerdo con las catorce empresas que administran los bingos de la provincia para que gatillen un adelanto de por lo menos $ 1.000 millones a cambio de retoques en la extensión de las concesiones. ¿Todos de acuerdo? Todos de acuerdo, lo que promete un agosto más distendido en materia de salarios. Si no hay plata es porque no hay; ¿quién no querría pagar si la tuviese? remata el argumento optimista que incluye en eso a la Nación y a la provincia.


En tiempos de armado preelectoral no extrañan las reuniones multipartidarias que suelen juntar a gente que en tiempos «normales» nunca se mostraría junta. De esas ententes siempre sale algo nuevo y por eso las reuniones se hacen en lugares de contrafrente como en esas cuevas adonde algunas especies laten mientras cambian de piel. Esta vez se registró en un salón privado del complejo del Buenos Aires Design de la Recoleta porteña, alquilado por el empresario petrolero y antiguo bastonero del duhaldismo, además de expresidente del Racing Club, Daniel Lalín, con un propósito más que novedoso. Recordar al legendario dirigente del PJ porteño Jorge Castells a los diez años de su muerte. Pudimos hacer una misa o una mesa redonda, diría el organizador, pero lo mejor era acordarse del «Gordo» -que fue el más conciliador de los concejales de la era Grosso en la Capital Federal- en una cena, contando sus anécdotas y juntado a sus amigos de todos los partidos. Lalín tiene un pasado setentista ligado a Castells porque fue el interventor en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Lomas de Zamora en 1973, cuando en los claustros se calentaba el agua a balazos.

Porque es un hombre amortizado en política no quiso marginar a nadie; por eso en esa cena del jueves -que compitió con la algarada pía del cura Guillermo Marcó en La Rural- estuvieron desde Miguel Ángel Toma a Jorge Enríquez pasando por «Copete» Rabanaque Caballero, Ana Jaramillo (viuda de Eduardo Vaca, jefe de la agrupación FUP en la que militaba Castells), obviamente la viuda del «Gordo», la exdiputada Inés Pérez Suárez, el exlegislador Eduardo Valdez, el maestro en política de todos ellos, el sindicalista de los municipales Juan Fajín, Laura Mussa (radical que fue la esposa del fallecido «Gallego» Vázquez) el exintendente Saúl Bouer, el exinterventor del PJ porteño Francisco «Pancho» Paz, Nereo Martín -uno de los amigos más fieles-, Daniel Romero (siempre fiel al «libertador de América» Javier Mouriño, a quien acompaña hoy en el Banco Provincia), Laura Velázquez, Juan Manuel Arnedo Barreiro (jefe de la bancada peronista en la constituyente porteña en la que estuvieron Martín Redrado y Carlos Ruckauf), el dirigente de lo que queda de la FUP Carlos Montero, Manuel Guerrero -secretario de Hacienda que después estuvo en el Senado en la vicepresidencia de Ruckauf-, María José Castells, economista e hija del homenajeado que trabaja cerca del «kicillofismo» y que festejó escuchar tantos elogios de su padre «así los escucha mi novio, quien no lo conoció pero a quien siempre le hablo de él».

En tren nostálgico, el exsubsecretario de Salud de Ginés González García, Manuel, «Lolo» Limeres, llevó la evocación a la edad de piedra, al recordar el día cuando los dos ingresaron el Colegio Nacional de Buenos Aires y Castells se presentó con pantalones cortos. Si hubo un día para ponerse los largos era ése, memoró, pero cerró con otro recuerdo. En la primera clase el profesor de literatura preguntó quién era Jorge Luis Borges y el «Gordo» levantó la mano y se puso a recitar un poema. «¡A los doce años se sabía Borges de memoria!», exclamó. Cuando había terminado el menú de lomo de kobe al champiñón (Lalín también tiene experiencia como restaurateur y sabe servir buena manducación) tomó la palabra Eduardo Valdez, quien llevó el elogio al paroxismo. «Éste es un momento celestial -proclamó-, porque debemos estar en el Purgatorio. El 'Gordo' seguramente no se fue al cielo, pero tampoco se fue al infierno».

En la sobremesa hubo quien se preguntó en voz alta: ¿en dónde estaría militando Castells? Nadie se animó a desmentir el consenso mayoritario de que lo haría en alguna fracción del kirchnerismo. Alguien, cuando todos se retiraban, se extrañó de la ausencia de Carlos Grosso, jefe político de aquellos años. Nadie dio una explicación y los mal pensados apostaron a la leyenda de que la muerte de Castells ocurrió cuando el exintendente había vuelto a las luces del centro como funcionario episódico de la presidencia de Adolfo Rodríguez Saá. Esa reaparición movió a los adversarios del grossismo quienes reflotaron viejas inquinas que despertaron, a su vez a algunos jueces. Grosso terminó detenido y la preocupación de sus amigos pudo afectar de alguna manera la salud de Castells. Nadie podrá probarlo nunca, pero la ausencia de Grosso se sintió esa noche del jueves cuando tocaba algunos compases de «Viejo smoking» -tango predilecto del «Gordo»- el guitarrista Rodolfo Lemos y los invitados recibían una réplica del carné de afiliación de Castells al PJ, del cual fue apoderado durante más de 20 años.


Debió estar en esa cena del Design, si sus compromisos globales se lo hubieran permitido, también el actual embajador en los EE.UU. Jorge Argüello, amigo y compinche de aquellos tiempos que los peronistas recuerdan como su edad de oro. Gracias a Grosso, el PJ tuvo por única vez en su historia una conducción plenamente local y desenganchada, como no había ocurrido antes y no ocurre ahora, del peronismo nacional. «Vamos a funcionar como un PJ de cualquier provincia, es la única manera de tener el poder en el distrito», decía el axioma de Grosso que todos añoran. Argüello estaba a esa hora del jueves en una cena en el salón Eva Perón de la legación criolla en Wa-shington, en otro homenaje, pero esta vez a una persona que está con vida, la nueva delegada argentina ante el BID, cargo en el cual reemplazará a Eugenio Díaz Bonilla, que ha estado allí ocho años. Asumirá en la asamblea de Montevideo del próximo 17 de marzo.

Se trata de Gabriela Costa, una joven economista que tiene como referente a Amado Boudou, en cuyo Ministerio de Economía fue directora nacional de Proyectos con Organismos Internacionales de Crédito, hasta que fue desplazada en enero por Axel Kicillof. Las tareas de esa oficina de Costa las coordinan Economía y el BCRA, y Argüello ejerce en la embajada el control a través de una reunión semanal a la que asisten además los representantes en el Banco Mundial y el FMI. En esa cena estaban Luis Alberto Moreno, presidente del BID; el turco Hasan Tuluy, vicepresidente para América Latina y el Caribe del Banco Mundial; el director de la Argentina en esa institución, Alberto Camarassa; el representante argentino en el FMI, Alfredo McLoughlin; y el gobernador Jorge Sapag, quien le dijo en un pasaje de la cena a Tuluy: «Ojo, que yo soy un turco en serio».

El frío, la víspera de las vacaciones invernales y que el agasajo fuese al mediodía del sábado no hicieron mella en el número de invitados que asistieron a la celebración del Día de la Independencia de Francia. El embajador Jean Pierre Asvaza-dourian abrió el Palacio Ortiz Basualdo, sede de la representación francesa, en dos turnos, el primero a las 12.30 -autoridades públicas del país, diplomáticos extranjeros e invitados especiales- y el segundo después de las 18 -comunidad de residentes franceses-, una decisión que alivió la presión demográfica que habitualmente soportaban los salones del palacete cuando el festejo congregaba a ambos sectores a la vez. La solución salomónica implicó doble estipendio gastronómico, el exquisito menú de «baguette et fromage» y también un paté que busca parecerse a su versión DOC, al foie gras, imposible de preparar aquí no sólo porque la cría del ganso -en la preparación se usa el hígado- está poco desarrollada sino que leyes específicas locales impiden usar el ave para esa práctica culinaria por considerarla un maltrato, cosas de la cultura argentina.

El champán fue casi vitalicio: corrió sin freno entre los comensales. El embajador se las arregló para escapar del cepo fiscal impuesto por la crisis de la Unión Europea y dejó a todos contentos y saciados. Del cepo fiscal al cepo cambiario, de eso y de cómo serán los meses venideros -los augurios no son buenos con una crisis política entre provincia y Nación que radicalizará la poda de recursos- habló a varios interrogadores ansiosos el economista Carlos Melconian. Cerca, en otro grupo, el mandamás de la UIA, José Ignacio de Mendiguren, tenía el mismo discurso de la exageración oficial en las medidas que restringieron la compra de divisas y la desaceleración de la economía, aunque más optimista habló de mejoras para el segundo semestre. El pesificador «por las buenas o por las malas» José Sbatella, titular de la UF, fue el único funcionario oficialista reconocido que participó en la fiesta, y no se lo vio cruzarse ni con Melconian ni con Mendiguren.

Muchos uniformados, de las Fuerzas Armadas y de Seguridad. Uno diría que huelen la ausencia de delegados del Gobierno y entonces se animan a compartir con opositores y a divulgar cuitas internas. Lourdes Puente de López Llovet, la jefa de los espías militares, la primera mujer en Latinoamérica en ocupar ese cargo sensible, no pasó inadvertida como manda la cultura del espionaje; se calzó un par de refulgentes botas blancas de media caña, tan visibles como sonoras por el taconeo. Se comentó que trabajó a destajo en la preparación de las «carpetas de viaje» del pasajero frecuente, el ministro Arturo Puricelli, quien acumuló millaje en dos destinos recientes, China y Venezuela. Los chinos quisieron saber cuál es el mercado para el helicóptero Z-11 cuyo convenio de construcción había firmado Defensa (Fábrica Argentina de Aviones) con la empresa CATIC (China National Aero-Technology Import & Export Corporation) en 2011 y que lo aceptable sería un piso de 80 aeronaves. Sin respuesta concreta, la visita continuó sólo en un marco protocolar. Otro mercader del palo, el empresario y exmontonero Mario Montoto, recorrió uno que otro círculo de militares y saludó sin entregar la tarjeta personal de la Corporación para la Defensa del Sur (Codesur), una firma de su propiedad con amplia razón social: vende, repara y provee repuestos de aviones, helicópteros, submarinos y buques. Cruzó un saludo formal con Raúl Garré, hermano de la ministra de Seguridad.

El exjefe de la Federal en tiempos de Carlos Menem, Adrián Pelacchi, era el centro de varios colegas en actividad: el laboratorio de la crisis en la Policía de Santa Cruz es un fenómeno analizado y nadie cree que pueda exportarse a la provincia de Buenos Aires. Son casos distintos, pero ¿y si a Scioli lo asfixian y llega la poda provincial a los policías? Todos se miraron, nadie contestó. Hubo delegados del mundo legislativo que aún no arrancaron con sus vacaciones, como María Eugenia Estenssoro, Ricardo Gil Lavedra, Eduardo Amadeo y Patricia Bullrich. Amadeo consagraba la eficacia del Grupo de Acción por la Unidad, el experimento que reúne a peronistas disidentes con radicales y miembros del macrismo. Dos delegados de Mauricio Macri, por esas horas en Córdoba, estaban en el agasajo: Diego Guelar y Fulvio Pompeo; se diría pasado y presente de la actividad política internacional que aporta lustre al candidato presidencial del PRO.

Se conoció que en las próximas semanas se inaugura la primera Casa de la Ciudad de Buenos Aires en el interior del país y será en Córdoba. Alquilaron un inmueble en Nueva Córdoba que está casi listo. Desde el PRO nacional se ocuparon de aclarar que no se trata de un nuevo comité en la provincia, pero pocos creyeron la versión, así está de extendida la tendencia que marca el Gobierno nacional de hacer política partidaria usando recursos e infraestructura pública. Hubo pañuelos blancos, dueñas de casa en cada una de las recepciones de la embajada, pero faltó quien hasta ahora tenía asistencia perfecta, Estela Carlotto. Sí estaban el modisto Gino Bogani y el exfiscal Julio Strassera luciendo en la solapa el flamante distintivo de Caballero de la Legión de Honor. No dejó títere con cabeza en su mirada sobre la Justicia actual por su obediencia debida al poder político.


Vamos a terminar con un chiste invernal pero escuchado en un quincho neoyorquino, una ciudad aplastada por una ola de calor. Una pareja de modelos vive en el Upper East Side, de Manhattan, y una mañana, desayunando, escuchan en la radio:

- Para hoy se espera que caigan 6 pulgadas de nieve. Por favor, estacionen los autos de la vereda para permitir el paso de la barredora.

La chica, rubia, bellísima, le dice al marido que ella se encargará de mover el auto. El frío sigue siendo impiadoso y nuevamente durante el desayuno la radio trae un anuncio inquietante:

- Para hoy se esperan 8 pulgadas de nieve. Por favor, estacionen los autos de la vereda impar para permitir el paso de la barredora.

Esta vez es él, altísimo, rubio, bronceado, quien dice:

- Dejá, querida. Hoy me encargo yo de mover el auto.

Al otro día lo mismo: la radio pide que los autos se estacionen en el lado impar de la calle. El cuarto día, lo mismo. Y el quinto. Al sexto, cuando el locutor pide que se estacionen los autos del lado impar de la calle, la modelo explota:

- ¡Ah, no! ¡Ya me cansaron! ¡A partir de hoy el auto se queda en la cochera del edificio!




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