«Nunca tengo la sensación de extranjera. Siento que llego a un lugar y el mundo es mío», afirmó Benedetto.
«Me siento parte de la humanidad migrante, no de la sedentaria», dice Leonor Benedetto, una mujer que procura ir por una sintonía profunda, inteligente, divertida.
Su primera aparición se dio en el cine, con «El santo de la espada», allá por los 70. Después televisión y su rol protagónico en una de las telenovelas más vistas y recordadas de la historia, «Rosa de lejos» (1979). En 1985 se fue a vivir a España, con sus tres hijos María, Nicolás y Marcos, a quien adoptó cuando trabajaba como voluntaria en el Hospital de Niños Pedro Elizalde. Allá estudió dirección de cine. Regresó en el 92, y al día de hoy sigue destacándose en la mayoría de los trabajos que encara. Prueba de ello, la reciente nominación al Martín Fierro, por «Herederos de una venganza».
Actualmente está con «Atentamente», su obra teatral basada en cartas históricas, y que en octubre la llevará a viajar a España, para presentarla en el Festival de Teatro de Cádiz.
Periodista: ¿Amante de los viajes?
Leonor Benedetto: Soy muy buena viajera, pero pésima turista. Sólo necesito sentarme en un café o una terraza del mundo. Voy a los sitios y allí me quedo quieta y miro. Voy más a los museos que a los espectáculos. Viajo sin cámara de fotos.
P.: ¿Cuál es la diferencia entre ser viajera o turista?
L.B.: No me gusta que me digan: nos levantamos a las 8 y vamos a tal lado. No hago excursiones, no me subo a un barco para que me muestren el Sena de noche. Camino despacio por las calles de las ciudades, me siento en un bar, pido un café con leche y disfruto. Mi deseo de conocimiento pasa por ahí. No ando buscando los sitios en los que se busca la cultura.
P.: ¿En algún momento sos extranjera?
L.B.: No, siempre juego de local. Nunca tengo la sensación de extranjería. Siento que llego a un lugar y el mundo es mío. Lo mío pasa por un deseo verdadero de comunicarme con el otro.
P.: ¿España es tu otra casa?
L.B.: Es mi otro domicilio, estuve 7 años. Cuando estaba haciendo mi primera temporada conocí a José Sacristán. Viajé a Buenos Aires para filmar «Un lugar en el mundo», con Aristarain y después me quedé.
P.: ¿Muchos viajes por trabajo?
L.B.: La mayoría, excepto cuando empecé a tener libertad de tiempo y económica, empecé a elegir mis destinos. La profesión me fue llevando, tanto como actriz, directora, jurado. Muchos festivales europeos. Fui dos veces a Rusia, cuando era la Unión Soviética y después.
P.: ¿Te gustó?
L.B.: Me erotizaron los rusos. Un pueblo vivo como pocos, gozador. Independiente de su historia, en su esencia, me parecieron tremendos, me encantaron.
P.: Los festivales ¿son para una pequeña elite?
L.B.: Es verdad lo que dice. A veces son un poco elitistas, pero en un sentido distinto. Ejemplo: Festival de Canarias, se lo toman tan en serio, que durante el tiempo que dura, teníamos contacto solamente entre los jurados. No estaba bien visto que comiéramos con gente cuya película participaba en competencia. De entrada es raro, pero me dio una experiencia fenomenal, éramos ocho desconocidos, donde había gente muy culta e inteligente. Empezando por William Klein, fotógrafo y cineasta, ícono de cierto género de cine. Conocer este tipo de personas, saber sus gustos, sentido del humor, cultura, es genial.
P.: ¿Lugares exóticos?
L.B.: India, Egipto, Israel, China, Malasia, Tailandia, etcétera.
P.: ¿La Argentina y Latinoamérica?
L.B.: Toda, me faltó sólo una provincia, La Rioja, y un país, Ecuador.
P.: Se sabe de tus cuidados con la piel ¿Playa nunca?
L.B.: No me llevo, cruzamos de veredas cuando nos vemos. Ni nos saludamos. Hace muchos años que ni nos hablamos (risas). Ojo, me gusta la playa, bucear, no me va el lagarto al sol. Y no me gusto yo con la piel bronceada.
P.: ¿Viajás sola?
L.B.: Sí, todo el tiempo. Disfruto mucho sin nadie que me pregunte qué comemos, qué tomamos, vamos aquí o allá.
P.: ¿Por conocer?
L.B.: Australia.
P.: Exceptuando la Argentina, ¿lugar para vivir?
L.B.: Barcelona.
P.: ¿Próximo viaje?
L.B.: España. Además de visitar a mi hija, voy a trabajar en octubre a Cádiz. Quiero ir dos días a Viena, hay una exposición de Klimt, sólo focalizo ahí, no en recorrer la ciudad. Si hacemos otro reportaje cuando vuelva, no te diría que estuve en Viena, sino que vi una muestra de Klimt.