Lunes 13 de Agosto de 2012   

Charlas de Quincho

La palabra tabú que tanto teme el Gobierno (al menos por este año), «reelección», fue reflotada este fin de semana en algunos quinchos, de los que le contamos al lector uno estratégico, en Mendoza, donde un gobernador cuyano, además de revelar su vegetarianismo, se explayó con franqueza sobre lo que piensa acerca del tema. Seguimos con otro asunto delicado, el dragado del canal Martín García que anticipó este diario la semana pasada, y que tensa las relaciones, hoy entre tinieblas, con Uruguay, y otro no menos ríspido: la bomba de tiempo del conflicto en el subte, de la que nadie sabe a ciencia cierta a quién atacará más (al jefe porteño, por caso, le acercaron plausibles vías de escape, que le contamos al lector). Y no dejamos de concurrir a un sabroso quincho castrense, por el centenario de la aviación criolla. Veamos.


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La ausencia de la Presidente por viaje al sur durante el fin de semana limitó el enlace con ministros y operadores a cruces telefónicos de naturaleza más que sutil; no fueron sobre subtes o petróleo -los temas estridentes de la semana que pasó-, sino reclamos de moderación ante algaradas como la de Mendoza, donde menciones a la reforma constitucional provocaron que reflotaran en sectores de la oposición las prevenciones sobre una cláusula de reelección que Olivos ha ordenado no figure en ningún discurso de alto nivel. Que Daniel Scioli mencionase la cuestión le costó una tormenta insoportable por haber adelantado un «issue» que debe estar ausente en los titulares hasta el año que viene. Pero la reunión de Mendoza la organizó la única estructura del peronismo gobernante habilitada por Cristina de Kirchner para hacer política: el sello Gestar, que convocó a una cumbre de dos días en el hotel Savoia de esa provincia; lo creó el propio Néstor Kirchner y le dio la conducción a un seleccionado de funcionarios que son toda una línea transversal; lo preside el histórico José Luis Gioja, el secretario es Mauricio Mazzón, hijo del «Chueco», que es uno de los gerentes de la gobernación mendocina de «Paco» Pérez; le pone combustible Diego Bossio y a sus reuniones asisten Amado Boudou, Julián Domínguez y el radical director nacional electoral Alejandro Tullio, presencias que convierten al grupo en el laboratorio al que hay que ponerle la lupa para escrutar sobre los proyectos políticos del oficialismo. Un columnista de la prensa amiga (del Gobierno) diría que esos funcionarios son hoy el «núcleo duro» del kirchnerismo. Por eso importan más que los discursos de alineamiento con la Presidente, que sobraron, algunos amortiguadores que les pusieron quienes tienen más experiencia. Uno de ellos es Gioja, que venía de contener un tsunami contra él cuando deslizó que entendía las pretensiones presidenciales de Scioli; cuando tomó la palabra el sábado al mediodía, en el cierre de la cumbre mendocina, le puso fin al tema, en el lenguaje llano y hasta hosco que suele emplear cuando quiere ser claro: «Algunos pavos dicen que con la reforma de la Constitución se quieren quedar para siempre, pero si la gente nos da una patada en el orto y no nos vota, ya está, se acabó». Con esto encajó el debate en el que el oficialismo quiere ponerlo hoy para prevenirse de contraolas antirreelección que ya amenazan desde la oposición, como la que habilitó en la semana que pasó el jefe radical Mario Barletta autorizando a que se hagan paneles con expertos en todos los comités del país llamando a frenar cualquier reforma.

Claro que el ámbito en el que dijo esto Gioja era el más adecuado; él consiguió en su provincia un tercer mandato, pero el dueño de casa, «Paco» Pérez, aspira a una reforma en Mendoza para que haya, por lo menos, una reelección. Esa provincia y Santa Fe son las únicas que limitan al gobernador a un solo mandato, y todos quienes han intentado una reforma han fracasado. La música reformista del kirchnerismo es la mejor para que proyectos como el de Pérez vayan ganando algo de aire, pero el límite retórico que le puso Gioja los llamó a todos a más recato. «Paco», que es verba ingeniosa, prefirió que la fiesta terminase en paz, y cuando le tocó cerrar el encuentro, pasado el mediodía del sábado, se extendió en un discurso de defensa de la doctrina del peronismo. Llamó a la mística, pero cuando vio las miradas de los invitados -eran ya las 3 de la tarde-, remató: «Bueno, yo sé mucho de 'mística', pero también sé mucho de 'mástica', y creo que ya es hora de comer». Entre las risas de la barra atacaron todos un asado, del cual se apartó Gioja, quien reveló algo que pocos sabían: «No como carne». ¿Un peronista que no come carne? Sólo se sabía eso de Héctor Timerman. Los mozos del Savoia, azorados, corrieron al freezer para prepararle alguna vitualla honorable al gobernador.

Mientras la esperaba, se explayó Gioja con relatos de la semana futbolera que le había tocado albergar el miércoles en el estadio Centenario, en donde Boca le ganó a Racing por la Copa Argentina. Ese día, antes del encuentro, habilitó el legendario horno de la residencia de la gobernación para un servicio de empanadas al que asistió un combinado de personalidades de los dos equipos. Gioja, como lo era Kirchner y lo es Ginés González García -uno que viajó esa noche del miércoles a ver el partido-, es un fanático de Racing y creyó útil agasajar a las delegaciones con empanadas de ese horno clásico en la política local. Convivió ahí con dirigentes de su casaca y también con los adversarios, entre ellos Daniel Angelici y Guillermo Coppola, cuya presencia se justificó no sólo por su pasión boquense, sino porque está vinculado con la empresa Santa Mónica, organizadora de esa copa. Se enredaron durante el partido en las plateas, pero los del grupo bipartidario (rancinguistas y boquenses) volvieron a convivir, contaba Gioja, después del partido que ganó Boca, en el restorán Rigoletto, desde donde se dispersaron después de un brindis formal y con alguna bronca mutua por el resultado del partido. Gioja partió hacia Mendoza y el embajador Ginés, hacia Chile, donde anoche recibió al ministro de Defensa, Arturo Puricelli, en la residencia de la calle Vicuña MacKenna de Santiago para una cena con el ministro chileno Andrés Allamand. En ese encuentro, de agenda más que secreta, celebró la parte argentina que las exportaciones a ese país crecieron más del 40% en lo que va del año. Del lado chileno, con gesto más serio, hubo preguntas sobre qué pasará con el convenio para impedir la doble tributación que la AFIP criolla denunció al presumir que era usado por algunos empresarios de los dos países para evadir impuestos. Lo tranquilizaron con la promesa de que antes de fin de año habrá un nuevo tratado que reemplazará al actual cuando venza al 31 de diciembre.

Entre los mensajes que cruzó Cristina de Kirchner con funcionarios desde Santa Cruz figuraron detalles de otra trama sigilosa, el entuerto con el Uruguay por el contrato de mantenimiento y dragado del canal Martín García, que nació de una mención de la palabra «coima» que hizo trascender la prensa de ese país y terminó por frenar las negociaciones. Los dos Gobiernos niegan con toda energía, pero durante el fin de semana hubo contactos entre las secretarías privadas de Cristina de Kirchner y de José Mujica para tejer algún encuentro en cualquier momento y destrabar la situación. La Argentina logró el viernes que los funcionarios de la Comisión Administradora del Río de la Plata, en donde se sienta quien habló de «coima», el tambaleante exembajador Fernando Bustillo, no se abriera el sobre de la oferta de la empresa Riovía -mencionada en la trama de las coimas-, con lo cual queda fuera del análisis para resolver el contrato. La parte uruguaya no se animó a presionar más, porque tiene la orden de su presidente de allanar cualquier traba al contrato y que el dragado se haga de cualquier forma. No sólo porque esos trabajos son claves para la operatividad del puerto de Montevideo, sino porque, si se frustra, será pasto de las hienas de su oposición que lo acusan de un pro argentinismo lírico y sin contraparte de Buenos Aires. Curiosa situación entre dos países que juran todo el tiempo amor eterno, pero cuyos presidentes no se hablan, tampoco los cancilleres. Todo parece confiado a las manualidades de los embajadores Dante Dovena y Guillermo Pomi o a las intervenciones del tipo «deus ex machina» (aquellas apariciones maravillosas que destrababan los conflictos en el teatro antiguo) de hombres de los dos Gobiernos que son amigos de antes y que podrían arreglar el tema con sólo una charla con Mujica. Uno de ellos es Héctor Timerman (que hoy viaja a Perú y a Dominicana por una semana); el otro, el asesor multipropósito Rafael Follonier, amigo de Pepe desde los años de la insurgencia. Son dos de los hombres del Gobierno que, aunque lo nieguen, navegan sin luces en estas horas en este asunto.

Estas lucubraciones navegan sobre otros conflictos más prosaicos, aunque contengan alta política en el fondo, como la puja por la huelga interminable de los subtes que se ha enancado con la pelea anterior entre la Nación y la Capital sobre quién, cómo y con cuánto debe administrar los servicios. Del Gobierno nacional ya se sabe lo que quiere porque lo difunde por variadas vocerías, hasta la publicidad que se vio el sábado en la transmisión de los partidos de fútbol. Menos se sabe del macrismo, cuyo jefe está clavado en no participar de las paritarias (después de todo, no paga los sueldos que los gremialistas quieren les aumente el concesionario privado) y en no recibir el servicio sin la plata que pretende. Acompañarlo ayer a Mauricio Macri a Rafaela, Santa Fe, adonde asistió junto a Miguel del Sel y algunos punteros del PRO de esa provincia a una carrera de autos, permitió alguna luz sobre lo que está pensando, algo de lo que habla con muy pocas personas. Según el diagnóstico de sus asesores, el costo político de que el paro se prolongue lo comparte él con el Gobierno nacional; los sectores más informados del distrito entienden y lo apoyan en su posición, pero cuando se baja al público general, los 900 mil que se quedaron hace una semana a pie, la cosa se diferencia y los reproches los recibe también él. En su entorno, entre algunos de sus «principals», como Emilio Monzó, hay una división sobre qué hacer. Algunos confían en que la situación se desgaste en el tiempo, a la espera de que el público entienda la consigna que intenta instalar el macrismo: que nada de la Ciudad que dependa de la Nación va a funcionar, sean los subtes, los subsidios, el endeudamiento, el Banco Ciudad. Arriesga ese sector de opinión a que el tiempo le dará la razón, pero no tienen respuesta cuando les preguntan qué prueba hay de que eso va a pasar, o si va a ocurrir en tiempos prudenciales, y no cuando el daño sea ya irremediable. El otro sector de opinión, con más audacia, le acercó a Macri otras ideas que si se concretan, aventuran, le cambiarán el rumbo a la situación. Una de las iniciativas es plegarse al modelo Scioli y avanzar sobre una estatización del juego en el distrito, de manera de aumentar los fondos para asignar a los subtes. El kirchnerismo, que apoya esa idea en la provincia de Buenos Aires, se quedaría sin argumentos para oponerse, y el cambio de agenda lo beneficiaría a Macri. Otra idea, más extravagante por odiosa hacia otros distritos, sería imponer un peaje a las líneas de transporte que ingresan de la provincia de Buenos Aires hacia la Capital Federal, fondos que se usarían para pagar los gastos del subte. En este punto habría una queja de la provincia de Buenos Aires, pero como iría acompañada de una aceptación de los servicios -que es hoy la consigna del Gobierno-, la Nación terminaría apoyando la idea. Macri especula en estas horas sobre qué rumbo tomar en la convicción de que debe hacer algo para cambiarle la frecuencia al conflicto, el más serio que ha tenido durante su gestión, con la Nación o con cualquier otro protagonista.

Cortamos tanta espesura política con un quincho castrense, registrado en el casino de cadetes de la Escuela de Aviación Militar de Córdoba, que reunió a funcionarios políticos nacionales y cordobeses junto a los aviadores, en el festejo de los cien años de la aviación militar criolla. Arturo Puricelli estaba eufórico por el suceso del día, la presentación que momentos antes había hecho la Fábrica Argentina de Aviones del Pampa AT- 63 con nueva planta motriz, una turbina de origen esta-dounidense Honeywell, y aviónica digital provista por los israelíes. Después dicen que el vínculo con los estadounidenses es puro hielo, comentaban por lo bajo en la mesa central. José Manuel de la Sota no estuvo en el ágape, pero envió en su lugar a la vicegobernadora, Alicia Pregno; también estuvo el intendente de la ciudad de Córdoba, Ramón Mestre. El «Gallego» parece focalizado en llevar adelante su pelea con la Nación: la demanda ante la Corte por la deuda de la ANSES, el abandono del Pacto Fiscal, en un intento por recuperar la coparticipación plena, el recorte de jubilaciones vía retraso de los aumentos y un nuevo impuesto al combustible que haría que la nafta, el gasoil y el GNC cuesten en Córdoba casi un cinco por ciento más que en el resto del país; justificaron así la ausencia del mandatario provincial. «Pide hacia arriba, pero saca para abajo», dijeron con el clásico humor local. El menú sonrojó a más de uno, con casi 26 grados: la exazafata Silvia Prol, vestida con una mínima blusa animal print, responsable del catering de LADE, empresa encargada del servicio, organizó tablas de fiambres y quesos, raciones de nueces y almendras, empanadas criollas, pernil de cerdo y, por si faltara alguna caloría más, un locro de esos donde la cuchara queda en vertical desafiando la gravedad, de tan espeso y rico en menudencias. Bromeaban en mesas cercanas al ministro: «Eso pasa porque el Servicio de Meteorología ya no pertenece a la fuerza, y nadie consulta el pronóstico adelantado para adecuar el menú». Presencia completa de uniformados, el jefe del Estado Mayor Conjunto, el marino Carlos Paz, cuya fuerza lamenta en estos días la pérdida del sonar de la corbeta Parker, ya que el roce del casco con un bajofondo arrancó el sensor clave en la guerra antisubmarina; el subjefe del Ejército y también de Inteligencia, general César Milani, quien saludó y partió sin participar de la comida; el prefecto nacional Oscar Arce; y los jefes de las fuerzas aéreas de Brasil, Bolivia, Chile y Uruguay. Estuvieron los agregados de países extranjeros, entre ellos el británico, coronel Mike Page, inmutable ante la frase de Puricelli: «La presencia militar inglesa en las islas Malvinas es el único sustento de la usurpación de esa parte de nuestro territorio nacional». En el vestíbulo, antes del agasajo, la subsecretaria Mirta Iriondo, encargada de los desarrollos aeronáuticos, saludó a la cúpula de brigadieres de la fuerza que estaban acompañados de sus esposas: «Yo soy la mujer a la que todos sus maridos odian», lanzó la funcionaria. Miradas y risas nerviosas sobrepusieron el momento y con rapidez uno a uno se fue mezclando en el tumulto que ya era el casino de cadetes. El CEO de Fadea, Raúl Argañaraz, se movía como un chico con juguete nuevo, entusiasmado por el flamante Pampa versión acrobática, y por los avances en la política de aplacar díscolos en un sector gremial de la fábrica. Se contó la «infiltración» del líder Ricardo Cirielli, quien en una maniobra que burló la seguridad logró entrar en las instalaciones de la empresa, no reunió más que 20 personas, pero alborotó el trabajo. Los VIP recibieron placas conmemorativas del centenario; la vicegobernadora Pregno tuvo la suya, también los jefes de las fuerzas extranjeras.

Leandro Despouy era la estrella el jueves de la peña Progreso, que anima a la hora del almuerzo el exdiputado José Bielicki en el restorán Lalín, pero terminó defraudando a los asistentes, todos miembros de la ortodoxia y la veteranía de la UCR. Lo arrinconaron al auditor con reclamos de que asuma el año que viene una candidatura a diputado o senador nacional por la Capital Federal (aunque Despouys es puntano), pero los desairó con el argumento que lo de él es la auditoría, y que pretende seguir en el cargo del cual quiso desplazarlo a comienzos de año el presidente del Comité Nacional, Mario Barletta. Con aire distendido, el auditor expresó en voz alta: «Por ahora, donde mejor servicio le presto al partido es en mi cargo actual». Para resaltar su función, dedicó un párrafo de su exposición a castigar al síndico general, Daniel Reposo. Además, por no brindar información sobre sus reportes, como sí lo hace él. Escuchaban, entre otros, el presidente de la Convención Nacional, Hipólito Solari Yrigoyen; el abogado Félix Loñ; el titular del instituto Moisés Lebensohn, Hernán Rossi, y comensales venidos de varias provincias. Cuando le insistieron en la candidatura, casi se enojó: «Mi lugar está en la AGN; a futuro llegará el momento de analizar si eso debe cambiar».

El momento de los postres fue dominado por el informe sobre la licitación de la tarjeta SUBE que la AGN aprobó esta semana. «Randazzo se vio obligado a suspender el contrato de concesión porque sabía que nosotros estábamos trabajando sobre el tema y que si el informe se emitía con el contrato todavía vigente, se lo podía terminar llevando puesto», explicó Despouy. Luego aseguró que todo el proceso de licitación, que terminó favoreciendo a empresas locales y a la inglesa Global Infraestructura (GI), presentaba distintas anomalías, especialmente en el cronograma de pagos. La presencia de Solari Yrigoyen, un experto en Francia, llevó al final la charla hacia lo que ocurre en ese país, algo que siempre les interesó, desde que Dante Caputo capturó la mente de Raúl Alfonsín y lo convenció de que ese país era todavía faro de luz internacional. Por ejemplo, se entusiasmaron con que el nuevo presidente, Françoise Hollande, tiene una agenda muy parecida a la del radicalismo argentino. «Hollande se impuso en las primarias frente a Martine Aubry porque fue permeable a incorporar distintas fuerzas, frente a una rival más bien sectaria», resumió Solari Yrigoyen, aunque luego agregó, ya con un perspectiva más local: «Eso sí, siempre hay que tener un criterio para armar alianzas, si no, sucede lo del año pasado con Francisco de Narváez», en alusión mortificante al acuerdo electoral de Ricardo Alfonsín en Buenos Aires.

Final telegráfico para rendir cuenta de un sobrevuelo sobre lo importante de la semana y que no puede quedar afuera: 1) los efectos en el vigésimo congreso de Aapresid, una organización de productores concentrada en la tecnificación del agro, del anuncio del aumento de las retenciones al biodiésel. Igual, muchos directivos de empresas celebraban la apertura de la importación de las sojas boliviana y paraguaya para su procesamiento. Políticamente, lo más significativo fue el acto de apertura, con el titular de Aapresid, César Belloso; el gobernador de Santa fe, Antonio Bonfatti; la intendente de Rosario, Mónica Fein, el secretario de Agricultura, Lorenzo Basso, el subsecretario de Valor Agregado, Oscar Solís; el senador provincial socialista Miguel Lifchitz, Eduardo Buzzi, Carlos Garetto, y el secretario general de Uatre, Gerónimo Venegas. Estos tres últimos mantuvieron una comentada reunión en el stand de esa asociación con Pablo Vaquero, de Monsanto, que se convirtió en una foto audaz muy comentada en el ambiente del campo. 2) La Rural recibió la visita del alcalde de Miami, Tomás Regalado, un experiodista cubano-americano del Partido Republicano que, en 2009, obtuvo la alcaldía de Miami. Disfrutó de un almuerzo con empresarios locales como Eduardo Costantini, Sebastián Bago, Daniel Novegil de Techint, Martín Cabrales, Juan Pablo Maglier y Alec Oxenford, entre otros. Temas forzados, los desarrollos inmobiliarios en Miami y cubanos célebres en la Argentina como Hilda Molina o, Goar Mestre, creador del Canal 13 de TV cuando no era un monopolio.

Vamos a terminar con un chiste de la línea fuerte, de los que nos piden nuestros lectores.

Un español se va de vacaciones a Niza; sale a caminar por la playa, y la visión de las hermosas mujeres en «topless» lo hace vibrar. Intenta acercarse a dos o tres de ellas, pero no consigue ni que lo miren. Va a un bar en la playa, pide una cerveza y descubre, sorprendido, que el mozo habla castellano: es argentino. Y le cuenta sus cuitas.

-No te preocupés, macho. Cruzate enfrente, a la boutique; te comprás un slip rojo, bien chiquito y apretado, y vas a ver cómo pican...

El español sigue el consejo; cruza, compra el minúsculo traje de baño, se lo pone y sale a pasear por la playa. Pero el resultado es el mismo. Entre angustiado y enojado, regresa al bar, y encara al mozo:

-Hombre, que tú me prometiste que el bañador sería infalible.

-Bueno, probá otra cosa: ponete una papa adentro del slip y paseate así. Vas a ver que así no hay mina que se te resista.

El turista, nuevamente, obedece la directiva. Sale con la papa en la malla a pasear por la playa, y vuelve a fracasar. Ya indignado, regresa al bar:

-¡Que no, hombre, que no! ¡He hecho todo lo que me has indicado y nada! ¡Hasta me miraron con desagrado!

El argentino, observándolo, le dice entonces:

-¿Y por qué no probás poniéndote la papa del lado de adelante?




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