Las tradiciones mayas reviven en un tour a través el Caribe mexicano
Viaje mítico y ancestral en la isla de Cozumel
Desde el puerto de la antigua Ppolé zarpan canoas en dirección a la isla de Cozumel, donde la diosa Ixchel predice a los viajeros su futuro. Indígenas mayas recrean, en el parque eco turístico Xcaret, ubicado en el estado de Quintana Roo, la travesía maya que sus ancestros realizaban cuando se establecieron en la península de Yucatán hacia el año 987.
Una multitud se reúne para observar un pasaje de la representación de la travesía maya en las aguas del puerto de Ppolé
En tiempos prehispánicos, los mayas creían que el oráculo de la diosa Ixchel estaba en el Caribe mexicano, en la isla de Cozumel. Hasta allí viajaban desde todas las comunidades de Yucatán para que la diosa de la fertilidad, la luna o la lluvia les predijera su futuro. Muchos de ellos zarpaban del puerto de Ppolé, a 18 kilómetros de la isla, que se convertían en 28 por las corrientes del mar.
A la isla también peregrinaban las mujeres, al menos una vez en la vida, para pedirle a la diosa que les diera hijos. Con la invasión de los españoles, esta tradición acabó por desaparecer, hasta que hace casi una década las autoridades del parque ecológico de Xcaret, en donde antiguamente estaba el puerto de Ppolé, decidieron rescatarla.
Hoy Ppolé, además de ser aquel puerto prestigioso ubicado al sureste de México, es una villa de embarque de las peregrinaciones que llegan desde distintos puntos del Caribe. Es fascinante observar cómo cientos de personas navegan en canoas hasta el santuario de la diosa Ixchel, en La Isla de las Golondrinas, para llevarle sus ofrendas y peticiones.
En un trabajo que duró más de dos años, las autoridades del parque Xcaret estudiaron el comercio, las técnicas de navegación, los rituales religiosos, la indumentaria e incluso sus danzas. Una de las tareas más complicadas fue construir las canoas; los mayas las hacían con el tronco de un solo árbol, lo tallaban con hachuelas de piedra y hacían pequeños fuegos para quitar lo quemado. Cuando decidieron recuperar la tradición, Xcaret compró tres troncos de árbol ya talado y construyeron tres canoas. Pesaban entre 600 y 800 kilos y sólo cabían cinco o seis personas. Decidieron entonces sustituir la madera por fibra de vidrio y hacerlas más grandes, con capacidad para diez personas. También costó diseñar las rutas marítimas que tienen que seguir las canoas. Además de las travesías por agua, en tierra se celebran numerosas representaciones de lo que acompañaba a esas travesías, como mercados prehispánicos o rituales de purificación.
«Los gobiernos no siempre tienen los recursos económicos, el tiempo y la iniciativa, y nosotros estamos en el lugar histórico donde ocurrieron hechos de la cultura maya» y por ello «convertimos en la razón de ser del parque la promoción del patrimonio cultural de México», dijo Carlos Serrano, experto en cultura maya y asesor del parque.
Este año el evento se celebró en mayo y en ella participaron 268 canoeros y 488 personas en teatro, danza y música. Todos los participantes son voluntarios, miembros de la comunidad.