Volvió Juani. Hernández fue el conductor argentino aunque falló un par de patadas claves. El 10 cumplió.
Es que el plan estaba saliendo a la perfección. Si bien los Wallabies tuvieron la iniciativa durante gran parte del duelo, Los Pumas aguantaron a puro tackle y con mucha presión, obligando a su rival a tomar malas decisiones (una prueba de ello fue la actuación de Quade Cooper).
Argentina esperó su momento y fue efectiva cuando pisó la línea de 22 contraria. Aun así, el 6 a 3 a favor con el que terminó el primer tiempo obligaba a pensar cuánto más iba a durar este planteo que implicaba mucho desgaste. La confirmación se dio luego del veranito argentino del segundo tiempo, en donde llegó a sacar esa ventaja de 13 puntos. Australia acorraló a Los Pumas, que ya no tenían pier-nas en la primera línea de tackle. Hicieron trinchera en la de 22 y mandaron a dividir la guinda. Un pecado capital que se pagó caro.
Párrafo aparte para la falta de efectividad en los tiros a los palos. Sin el Negro Bustos Moyano ni Nicolás Sánchez en el plantel (por falta de experiencia) ese ítem sigue trayendo dolores de cabeza.
Es la hora de dar un paso más allá. Ya no basta con los elogios de los rivales ni con demostrar que se está a la altura de las circunstancias. Primero contra Sudáfrica en Mendoza y luego el fin de semana pasado, Los Pumas fueron presa de su confusión final. Muchas veces esta camada de jugadores tuvo que apelar a la garra o al corazón para sacar adelante los partidos. Esta vez lo que hace falta es determinación e inteligencia. El equipo está muy acostumbrado a correr desde atrás contra las potencias y da la sensación que no se siente cómodo cuando saca ventaja y tiene que cerrar los partidos. Esa situación le viene como una brasa caliente que, por ahora, no sabe manejar. Habrá dos pruebas más para saber si aprendieron la lección. Quién sabe, quizás el primer triunfo en el Rugby Championship llega antes de lo que se esperaba.