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Política    Lunes 8 de Abril de 2013   

Iniciativa ya anunciada al Congreso

Cristina desempolva un plan de "democratización" con estilo K

Paz con Lorenzetti y el efecto Francisco. La Cámpora, detrás de la redacción del proyecto. El enigma Yoma

Por: Pablo Ibáñez


Julián Álvarez
De punta a punta, cada detalle y cada pliegue pasaron por su filtro personalísimo. Desde Olivos o desde El Calafate, Cristina de Kirchner absorbió el último mes en fiscalizar las comas y los conceptos para darle su impronta al proyecto que, con grandilocuencia, presentará hoy en Casa Rosada con el pomposo seudónimo de "democratización" de la Justicia y que la Presidente concibe como su pasaporte al bronce y la historia.

Julián Álvarez, el viceministro de Justicia, consumió la última semana en la redacción final y pivoteó entre Carlos Zannini, Eugenio Zaffaroni y la procuradora, Alejandra Gils Carbó, tres terminales de consulta permanente del equipo de redacción que comandó el funcionario neocamporista bajo la asistencia de Eduardo "Wado" De Pedro, el diputado que circula como pocos el universo cristinista.

En la estructura K, De Pedro es el asesor "de gestión", mientras que Andrés "Cuervo" Larroque, el jefe visible de La Cámpora, es el operador político. De Pedro y Álvarez fueron, en la aventura de la reforma judicial, dos de los pilares ejecutores sobre los que se recostó la Presidente que asume su plan de "democratización", más por su condición de política que de abogada, como un episodio innovador que será destacado en los libros de historia.

Otros oficios debió tercerizarlos en Javier Fernández, como el acercamiento con Ricardo Lorenzetti.

Luego de un verano incendiario, en que su nombre se reveló en círculos políticos y de la familia judicial como el garante del "avance" contra la institucionalidad que se atribuye al Gobierno el presidente de la Corte desmalezó su relación con la Presidente. Hubo charlas y un encuentro mano a mano bajo el influjo divino del papa Francisco: dos peronistas que, pragmáticos, ante la entronización de Jorge Bergoglio, parecieron encontrar el camino del diálogo.

Las correcciones al Código Civil, la Biblia en la que el cortesano pretende dejar su huella, se convirtieron en la llave mágica para destrabar, bendiciones mediante, la relación entre los jefes de la Justicia y del Ejecutivo que tuvo un inicio de año tormentoso.

Casi sin margen para negarse, Lorenzetti estará en la presentación del proyecto K, ceremonia en la que estará ausente la oposición, invitada sobre la hora, en lo que pareció una maniobra para forzarla a rechazar el convite.

A mitad de la última semana, el voluminoso "proyecto" estará liquidado en lo substancial y quedaban, apenas, detalles y correcciones. La profundidad y el perfil de la reforma, aunque la Presidente lo anticipó en su mensaje ante el Congreso, desatará varias tempestades, por lo que la iniciativa, aunque se anuncie de manera global, se iría "administrando" en cuanto a los proyectos a discutir en el Congreso.

Se trata, en rigor, de un abanico diverso con alcances y dimensiones totalmente diferentes entre sí. ¿Cómo ordenar, de manera uniforme, un debate en que además de imponer la universalización de la obligación de presentar Declaraciones Juradas en el mismo ring donde se define la creación de la Cámara de Casación en el Fuero Federal?

La multiplicidad de rubros y perfiles de la iniciativa obligará a la Casa Rosada a explorar variables porque, entienden en el kirchnerismo, varias iniciativas "bien coordinadas" están en condiciones de conseguir el respaldo de espacios opositores, incluso más allá de la negativa general expresada durante el fin de semana por los invitados.

No es, por caso, el mismo enfoque en torno a las "medidas cautelares" contra el Estado cuando se trata de cuestiones patrimoniales o la elección de integrantes del Consejo de la Magistratura de manera "directa" que el acceso a los cargos por concurso o la difusión de las sentencias y expedientes.

Cada carpeta será una batalla individual, sobre la que deberán cabalgar los jefes del FpV en el Congreso, Miguel Ángel Pichetto y Agustín Rossi.

El tránsito legislativo de la reforma se enfrenta a una cuestión extra: Jorge Yoma, el diputado riojano, a quien en su momento la propia Cristina respaldó para lograr su banca en el Congreso, preside la estratégica Comisión de Justicia de la Cámara baja. El legislador empezó tiempo atrás a marcar matices y ahora, aunque permanece en ese limbo de mantenerse en el bloque de FpV, es hipercrítico -estadío en que está, también, Facundo Moyano-, pero votó en contra de proyectos K. ¿Cómo hará el Gobierno para manejar un proyecto tan pretencioso como la reforma judicial con un presidente de Comisión como Yoma, pícaro y diestro en esos trámites, que ya eligió jugar en otra cancha del peronismo?

En el Congreso emiten teorías: confían en que Yoma podría, ante una conversación con la Presidente, atenerse y volver al redil, aunque otros niegan que eso pueda ocurrir, en particular un llamado de Cristina. Ante eso, el enigma Yoma sólo parece tener una alternativa: que el FpV, en pleno, decida correrlo de la comisión, aunque por ahora son más los partidarios en "copar" el cuerpo, donde el kirchnerismo tiene mayoría, a través de diputados como Carlos Kunkel, Diana Conti o Luis Cicogna.

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