Política    Jueves 8 de Noviembre de 2012

La marcha vista desde la Rosada

A pesar de las protestas, el modelo no cambiará

Por: Liliana Franco
La Plaza de Mayo fue otro de los epicentros de la protesta.

"No aflojar jamás, ni en los peores momentos, porque en los peores momentos es cuando se conoce a los verdaderos dirigentes de un país. En épocas de bonanza, en épocas donde todo va bien, en épocas donde todo va para adelante, es fácil ser dirigente de la República Argentina", afirmó al mediodía del 8N la presidente Cristina de Kirchner.  

En esta frase se resume el pensamiento oficial respecto a la marcha que aglutinó a un público heterogéneo. Las consignas así lo reflejaban: estaban aquellos que se oponían a la re reelección, en contra de la inflación, la inseguridad, el estilo de conducción, el cepo al dólar, entre otras consignas cuyo único eje común era el manifestar rechazo a la gestión kirchnerista.  

Los pocos funcionarios que permanecieron en la Casa Rosada pegados al televisor y atendiendo múltiples llamados telefónicos explicaban que el malestar de un sector de la población solo refleja que "el modelo esta yendo por la buena senda". Especialmente para La Cámpora quienes protestan están en contra de un modelo de país muy diferente al que imperó hasta el 2003.  

La jefa de Estado este martes fue muy precisa cuando, aunque sin mencionar el 8N, sostuvo "si no te gusta el Gobierno por los derechos humanos... si no te gusta el Gobierno porque los que antes eran pobres y vos podías contratarlos a dos mangos y ahora no podes, décilo... dijo Cristina. Pero, dejó bien en claro que no está dispuesta a cambiar el rumbo. "Que nadie pretenda que yo me convierta en contradictoria con mis propias políticas a las que he defendido desde que tengo 15, 16, 17,18 años en el país y en las políticas que creo" 

"Aunque millones de personas protesten no vamos a cambiar el rumbo", respondió una alta fuente del Gobierno. La intransigencia al cambio tuvo una explicación "muchas de las medidas que hemos tomado significan cambios culturales que lógicamente generan resistencias", señalaban en la Rosada. ¿Cómo cuales? "Por ejemplo, la pesificación. Esta medida es una política de Estado y no se va a modificar"  

A pesar de este análisis, las multitudes protestando se podían ver en todos los televisores de las dependencias de la Casa Rosada. Estaban en sus despachos, el jefe de Gabinete, Juan Abal Medina, el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, el secretario de la Presidencia, Oscar Parrilli, y el secretario de Medios, Alfredo Scoccimarro.  

En tanto, la presidente en Olivos mantuvo una reunión con el Canciller Héctor Timerman y luego recibió al Secretario Legal y Técnico, Carlos Zanini con quién se supone fueron analizando la marcha, entre otros temas de la gestión.

Este viernes la jefa de Estado recibe a numerosos intendentes de 4 secciones electorales bonaerenses y no se descarta que pueda hacer algún comentario sobre el 8N.  

Cerca de las 20 horas la actividad en la sede presidencial era normal salvo por la presencia de numerosos jóvenes que se concentraron en las oficinas de La Campora, varios de ellos se quedaron con sus computadoras y otros en cambio partieron para mezclarse entre los manifestantes que al principio marchaban rumbo al Obelisco. A medida que salía la gente de las oficinas varias se sumaban a la marcha, otros en cambio miraban con curiosidad.  

La Plaza de Mayo dividida en dos aislaba completamente a la Casa Rosada, no era posible acceder a la zona del Banco Nación, la Side, la Afip y el Ministerio de Economía. Más allá del vallado hubo un refuerzo de personal de seguridad la sede presidencial.  

"Los argentinos somos quejosos", argumentaban. "Mira las consignas, hay de todo tipo". Asimismo, a juicio de los kirchneristas los manifestantes son, en su mayoría, de la clase media, un sector social que puede sentirse "más representado por el PRO", comentaban. "Jamás podremos representarlos", aseveran.  

Lo curioso es que estos argumentos son esgrimidos por kirchneristas que socialmente pertenecen a la clase media. Marcada esta contradicción, con ironía dicen: "Nosotros somos un gobierno progresista".  

Pero como siempre ocurre, dentro del Gobierno existen algunas opiniones que difieren y, en este caso, sostienen que "hay que decodificar los mensajes y los mensajeros". Esta frase apunta a que el Gobierno debería tomar en cuenta ciertos reclamos de la gente, vinculados al estilo. "Quizás deberíamos explicar más las medidas que tomamos, son cambios trascendentes y todo cambio al principio genera resistencias", aseguran.  

Ambas posiciones conviven en el Gobierno sin mayores problemas porque donde en lo central no existe división alguna: el modelo de crecimiento e inclusión social no es negociable. Esto implica la toma de medidas que no siempre fácilmente digeribles por distintos sectores de la sociedad.  

En el Gobierno están convencidos que deberán enfrentar momentos críticos "Es que estamos afectando intereses muy poderosos" replican. Si bien no creen que la mayoría estén vinculados a estos sectores si piensan que, por ejemplo, que en vísperas a esta marcha hubo una serie de episodios que "no resultan casuales".  

Explican que la semana comenzó con una huelga intempestiva y sin una causa concreta del Ferrocarril Sarmiento provocando el lógico malestar a un vasto sector de la sociedad. A esta situación se sumo que la Capital y numerosos barrios del conurbano amanecieron con la basura en las calles por un conflicto suscitado por el CEAMSE.

Para concluir, el día anterior a la manifestación, cerca de las 18 horas cuando la mayoría de la gente vuelve a su casa se produjo un gigantesco apagón. Por la mañana, el ministro de Planificación, Julio de Vido, en conferencia de prensa explicó que no hubo "una razón técnica que explique porqué dos líneas de alta tensión salieron de servicio cuando "operaban a la mitad de su capacidad" en el momento del apagón.

"No podemos echarle la culpa a la ola de calor, ni a la falta de mantenimiento", aseveró el funcionario. Lo cierto es que la sospecha de que el apagón no fue casual llevó al gobierno a presentar una denuncia penal contra Edesur que recayó en el Juez Oyarbide. La consecuencia provoco inconvenientes a más de 850.000 usuarios en una de las semanas más calurosas del año.

Por más que De Vido garantizó que "se aplicarán las sanciones y los resarcimientos correspondientes", en el gobierno saben que estos inconvenientes tiene un costo político.

A pesar de la marcha, de los críticas de ciertos sectores de la sociedad, la jefa de Estado está convencida del "programa político" que se esta llevando a cabo. Modelo que puede resumirse en lo dicho por Cristina en Ezeiza. "Yo no me voy a poner a sumar en pesos, ni me voy a poner a sumar en obras, yo quiero reflejar todo eso en los sueños y las esperanzas de los miles y miles de argentinos que hemos cumplido a partir del año 2003".








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