En el Libano parece que no hay mucho respeto por el árbitro. Luego de colocar una amarilla, el jugador amonestado enfureció y comenzó a correrlo por toda la cancha, a lo que se le sumaron algunos compañeros y miembros del cuerpo técnico.
El juez recibió algunas piñas y patadas, pero finalmente logró escapar hacia el vestuario.