La imagen se repite sin excepción: un turista arriba a Santiago de Chile o a Lima y ya en el hall del hotel lo convidan de arrebato con una bienvenida de pisco sour. Casi parece un salvoconducto imprescindible para poder llegar a las habitaciones. Pero entre ese trago de compromiso y un pisco especial de 46 ° hay un universo de diferencias. Como en todo, nunca conviene llevarse por la primera experiencia, más aún si la bebida en cuestión está saturada de lima, azúcar y clara batida. En general, quienes se han acercado al pisco, peruano o chileno, suelen quedarse en esa impresión inicial de uno de los tragos más famosos de la tierra y que, bien preparado, puede competir con el cóctel más selecto.


 

La palabra “aperitivo” proviene del verbo latino “aperire”, que quiere decir “abrir”, y no solamente abrir el apetito, sino sobre todo preparar, predisponer nuestro ánimo para disfrutar de una comida. Sin embargo, es sabido que no cualquier bebida cumplirá esa función, sobre todo teniendo en cuenta los efectos que puede provocar el alcohol con el estómago vacío.



 

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