La historia de cómo los seres humanos decidieron
enjoyarse, ponerle adornos a su cuerpo,
es variada, tumultuosa, divertida, soberbia, patética
y viene de muy lejos, de cuando las palabras
apenas eran simiescos sonidos guturales.
“No pasa día sin que piense en el pelo. Cortárselo
mucho, poco, rápido, dejárselo
crecer, no cortárselo más, raparse, afeitarse la cabeza
para siempre. No hay solución definitiva. Está condenado a ocuparse del asunto una y otra vez.
Así, esclavo del pelo, quién sabe, hasta reventar”.
Francia, tierra de literatura, invita a descubrir un patrimonio particular:
las casas de sus más grandes escritores, hoy convertidas en museos
donde se homenajean la vida y la obra de poetas y narradores como
Victor Hugo, Alejandro Dumas, Emile Zola, Pierre Corneille y Gustave
Flaubert, entre muchos otros maestros de la lengua francesa.