Opiniones

A la espera de un plan económico consistente

La transición no resuelve los problemas económicos, aunque brinda tiempo valioso para pensar cómo solucionarlos, por lo menos hasta que Alberto Fernández defina su estrategia económica.

La colaboración entre el presidente saliente y el entrante facilita la transición al 10 de diciembre. Pese a que esto no resuelve los múltiples problemas económicos, brinda tiempo valioso para pensar en cómo solucionarlos. De hecho, en la medida que la cooperación persista, las menores tensiones registradas tras las elecciones podrían extenderse hasta que Alberto Fernández defina su estrategia económica.

Queda claro que la única forma de salir de la actual crisis es implementando un plan extremadamente sólido, ya que no hay margen de error. Incluso, una hoja de ruta consistente no garantiza el éxito: los funcionarios designados tienen que tener pericia para sortear los imprevistos que irán surgiendo en el camino.

Dicho esto, vale la pena concentrarse en los principales desafíos económicos y las posibles estrategias para solucionarlos. Producto de la escasez de reservas internacionales, el cierre del acceso a los mercados financieros, el freno de los desembolsos del prestamista de última instancia (FMI) y los elevados servicios en moneda extranjera, la deuda pública es el tema más urgente a resolver. De hecho, es una verdadera carrera contra el tiempo, ya que en el primer semestre de 2020 vencen servicios por alrededor de u$s 38.000 millones.

Además de incorporar el factor tiempo, la estrategia para lidiar con la deuda debe tener en cuenta la trayectoria fiscal que garantice su sostenibilidad, y si dicho esfuerzo fiscal deja un mínimo espacio para el crecimiento de la economía. Para ilustrar este trade-off conviene analizar conceptualmente tres posibles soluciones: i) reperfilamiento (Uruguay 2003); ii) reestructuración (Ucrania 2015); y iii) cesación de pagos (Argentina 2002).

Pese a que la opción de reperfilamiento no requiere mucho tiempo de negociación con los acreedores de la deuda (pues no se implementa un quita significativa), requiere mayor esfuerzo fiscal (superávit primario) para converger a un sendero sostenible, lo cual puede ser incompatible con el crecimiento de la economía.

La alternativa de aplicar una reestructuración de la deuda con quita voluntaria sobre el capital e intereses requiere tiempo para implementarse. Por caso, modificar el prospecto de un bono ley extranjera exige por Cláusulas de Acción Colectiva (CAC) conseguir por lo menos el apoyo de 2/3 de los acreedores, que se encuentran atomizados a lo largo y ancho del mundo. La ventaja es que requiere menos esfuerzo fiscal y, por ende, brinda mayor espacio para crecer respecto de la opción de reperfilamiento.

Por último, la cesación de pagos relaja el esfuerzo fiscal pero, como sucedió en Argentina en 2002, implica profundizar la crisis en el corto plazo y quedarse fuera de los mercados financieros internacionales por varios años (el costo reputacional del default persiste un tiempo).

Para complejizar aún más el tema, la estrategia de manejo de la deuda debe tener en cuenta que no todos los acreedores son iguales (los organismos financieros internacionales cobran primero, mientras que a los servicios que vencen dentro del propio sector público son fáciles de refinanciar), y que las implicancias legales no son las mismas según la jurisdicción bajo la cual fue emitida la deuda (los bonos ley extranjera tienen CAC, mientras que las condiciones de los títulos bajo ley local pueden ser modificadas más fácilmente).

Una vez elegida la salida a la problemática de la deuda, resta definir el resto de la política económica. Las políticas monetaria, cambiaria y de ingresos, tienen que acompañar la estrategia elegida tratando de minimizar cambios de precios relativos y atacar la inercia inflacionaria.

Finalmente, en función del plan económico elegido llegará el momento de escoger los mejores pilotos disponibles para seguir la hoja de ruta trazada. A esta altura el lector comprende la tarea titánica a llevar adelante; por suerte la transición comenzó en forma ordenada.

(*) Director de Ecolatina

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