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A rodar

• De qué otra cosa se puede hablar que no sea del dólar. El sector automotor, como toda la economía, está convulsionado por el salto del tipo de cambio. Ayer, en las concesionarias se vivió otro día ajetreado. Se pensaba que con el doble aumento de precios que hubo en mayo, el resto del mes se operaría con cierta tranquilidad pero no fue así. El reajuste de las listas de precios que mandaron casi todas las fábricas fue calculado con un dólar a $23 o poco más. No a $25. Por eso el desconcierto. ¿Podría haber una tercera lista en un mismo mes? Nada es descabellado. Desde una automotriz, dejaron la puerta abierta: "No sería saludable. Esperemos que la situación se normalice pero en la Argentina no es posible asegurar nada".

• En otra automotriz, hubo una reunión ayer para evaluar si seguían vendiendo a la red o daban la orden de frenar las operaciones. Se decidió continuar con la actividad y esperar los que suceda hoy con las Lebac. Distinta es la situación en las concesionarias. En ese caso, se manejan según la necesidad de liquidez. No tiene sentido forzar ventas a precios actuales cuando el ajuste de precios puede ser fuerte en junio y no podrán reponer la misma cantidad de unidades si hacen un mal cálculo. En casos sin necesidades de dinero es mejor "sentarse" sobre el stock hasta que aclare. Las terminales tienen otro problema. La devaluación les va a recortar la facturación en dólar (los autos se abarataron en moneda extranjera) y eso significará que no cumplirán con las proyecciones con las que se comprometieron con las casas matrices. Deberán dar explicaciones, otra vez, de la situación argentina. Un clásico.

• Es habitual que cuando salta el dólar, la demanda se reactive porque la gente busca adelantarse al ajuste de precios que van a tener los autos. Eso sucede cuando la suba se da en un contexto de tranquilidad. En cambio, cuando se produce en un clima de nerviosismo, el miedo paraliza. Eso parece ser lo que está sucediendo en estos días. En una concesionaria líder reconocían anoche tener un nivel de ventas 20% por debajo de mayo pasado para la misma cantidad de días. Contra abril, el retroceso era de 30%. Si se toma el volumen de patentamientos hasta ayer mostraban también una caída en las dos comparaciones. Alrededor de 8% contra el mes pasado y 5,3% contra mayo del 2017. Está claro que, más allá de que se reviertan estos datos, la demanda está mucho más frágil que meses atrás. Ya no alcanzan las bonificaciones (que en muchos casos se recortaron) porque la gente está preocupada y retrae el consumo. Será difícil llegar al objetivo de un millón de autos, en estas condiciones.

• Los que la están pasando mal también son los importadores. Obviamente, con listas de precios en dólares, se encarecen en pesos su productos. Habrá menos ventas. Algunas marcas están haciendo descuentos puntuales según la necesidad. En estos caso, los empresarios no tienen el respaldo de una casa matriz para sostener ventas y si los precios suben y afecta la demanda, la única salida es perder clientes pero no dinero. Lo que se prevé es un aumento de los stocks en puertos o zonas francas. Los barcos llegan todos los días. Si la demanda va a caer, sobrarán 0 km. Entonces, los importadores irán nacionalizando en la medida de las necesidades para no desembolsar todo el dinero junto. Así, los depósitos se irán llenando con un ritmo mayor. La contracara será la exportación. La devaluación deja mejor colocadas a las fábricas para vender autos al exterior. Es un dato importante ya que Brasil, el principal mercado, están mejorando su economía y demandará más. Ya algunas automotrices habían incrementado sus planes de producción pero ahora, con esta "competitividad" cambiaria tendrán mayores ingresos. Lo que pierdan en el mercado interno, lo ganarán con mayor producción. Un buen consuelo.

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