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A rodar

Todavía, en ADEFA, no es el tema dominante. La caída del mercado y la firma de la prórroga del acuerdo automotor con Brasil ocuparon la agenda en las últimas semanas y no dejaron tiempo para distraerse con cuestiones internas y cuasi administrativas. Sin embargo, ya algunos miembros de la cámara que agrupa a las automotrices están haciendo los números para saber quién va a ser el próximo presidente de la entidad que sucederá, en noviembre, al titular de Renault, Luis Peláez Gamboa.

Es sabido que este directivo, además de abandonar el importante sillón de la calle Viamonte (no el de la AFA, sino el de ADEFA, que tiene sus oficinas a un par de cuadras de la asociación futbolística), dejará también de manejar los destinos de la marca francesa en el país, por lo que su reelección está descartada. No va a ser una elección sin trascendencia. Será la primera después del escándalo del año pasado cuando, las intrigas palaciegas llevaron al portazo de Toyota que consideró que hubo una maniobra para impedir que su presidente, Daniel Herrero, se hiciera cargo de la entidad. La relación entre esta empresa y buena parte del resto de las terminales nunca volvió a ser fluida, pero el tiempo logró que se alcanzara, en público, una convivencia de caballeros. Lo cierto es que, en privado, los odios, de un lado y del otro son inocultables. Así las cosas, el panorama es el siguiente.

Ya en esta columna se publicó hace meses la frase dicha por el presidente de una terminal (que no era Toyota) sobre lo sucedido en 2018 y lo que podría pasar en 2019: “Esta vez no nos vamos a equivocar como el año pasado”. Se refería, según su lectura, a haber subestimado la jugada de algunas empresas para bloquear la llega del hombre de Toyota a la presidencia. “No pensamos que iban a llegar a tanto”, deslizó a manera de autocrítica, por la ingenuidad propia, y de cuestionamiento, por la conducta ajena. Teniendo en cuenta esas palabras y la intención de Herrero de conducir a ADEFA, se supone que esta vez jugarán de otra manera la partida.

Según un ejecutivo que conoce los movimientos internos de la entidad, las chances de éxito de la movida “toyotista” no son muchas. Papel y lápiz en mano, hizo su propio conteo, ante este medio. Unas siete empresas formarían el grupo “anti-Herrero”. Son, prácticamente, las mismas que el año pasado hicieron una lista propia para formar el triunvirato de conducción. Tres, incluyendo a Toyota, estarían de la vereda opuesta. Un par, juegan el papel de neutrales pero, a los fines prácticos, acatan a la mayoría. “No sé de dónde van a sacar los votos (por Toyota) para ganar la elección”, sintetizó. En su opinión, el futuro presidente va a salir del “grupo de los 7”, salvo que Toyota logre quebrar a los miembros menos politizados de ese clan.

Hubo cambios de presidentes en algunas marcas, una que anunció su despedida como fabricante de “cuatro ruedas” (aunque puede seguir perteneciendo a la entidad; no será el primer caso) y otra que no está en condiciones, por sus problemas de supervivencia, de alzar la voz. En ese revoleo, todo puede pasar. También es cierto que de esas siete, no todas tienen un presidente candidateable, por lo que puede surgir una figura distinta. Lo concreto es que ese malestar con la automotriz japonesa sigue latente ya que se le recrimina un supuesto intento (“traición” para algunos), hace dos años, de romper el sistema de “abecedario” que ordenaba el mecanismo de sucesión presidencial.

De lado de Toyota responden que la “traición” corrió por cuenta del G-7 y agregan: “Sin ADEFA, somos líderes de producción, ventas y exportaciones”. En este clima se llegará a la elección que, a su vez, tendrá que ver con otra elección. El próximo presidente transitará el primer año del nuevo Gobierno que, si los resultados de las PASO se repiten, será el regreso del kirchnerismo. Esto hace recordar esas situaciones en las que alguien intenta mostrarse calmo cuando los nervios -o la “procesión”- va por dentro. La incertidumbre que genera la remake K es muy grande. Fernández (Alberto) es una incógnita respecto al rumbo que puede darle a su gestión. Fernández (Cristina), no. Por eso, la preocupación, por la influencia que puede tener la expresidenta en el futuro es significativa. La única certeza que hay en el sector es que en cualquier caso habrá cambios respecto a la administración actual.

Más allá del momento difícil que se vive hoy en materia económica, en las empresas le reconocen al actual Gobierno el rumbo elegido y las intenciones manifestadas, aunque los resultados no hayan llegado. El mejor ejemplo fue la firma, el viernes, de la prórroga por 10 años del acuerdo comercial con Brasil. Como adelantó Ámbito Financiero en agosto, en ADEFA rogaban que se firmara antes del cambio de Gobierno. No quería que la suerte de la industria quedara atada a la tirante relación que Fernández y Jair Bolsonaro preanuncian tener. Por eso, en la entidad, se festejó con algarabía.

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