Autos

A rodar

Ámbito Financiero adelantó la semana pasada que la cámara que agrupa a las concesionarias de autos (ACARA) iba a solicitar al Gobierno -a este y al próximo- que declare la “emergencia automotriz”. También, el 11 de septiembre, anticipó los problemas que empezaban a tener las terminales para pagar importaciones de vehículos y proveedores del exterior, por la restricción de u$s2 millones como máximo por mes para la compra de divisas, lo que estaba generando la acumulación de una deuda millonaria de las empresas locales. Unos días antes, en los últimos días de agosto, fue el diario que alertó sobre el fin del plan de incentivos del Gobierno para la compra de 0 km, mientras otros medios -engañados por polémicos directivos del sector- informaron erróneamente sobre la prórroga de la medida. Perlas periodísticas, sin duda, de un collar de malas noticias que muestra la crítica situación de la actividad automotriz. Eso se ve reflejado en el derrumbe de las ventas, suspensiones, despidos, cancelación o revisión de proyectos y una estrangulamiento de divisas que revela que se llega al final de este mandato presidencial en estado de colapso industrial y comercial. El dato a tener en cuenta es que se estima que 2020 va a ser peor.

En la asociación de fabricantes de autos prevén un primer semestre del próximo año igual o peor que el segundo semestre que se está transitando. Para la otra mitad del año próximo, nadie se anima a aventurar una proyección. “Puede pasar cualquier cosa”, dicen en las empresas. Dando por descontado un triunfo en octubre de Alberto Fernández, en base a la amplia diferencia que obtuvo en las PASO, sumado a la falta de claridad sobre cuál será su perfil de gobierno, ante una “melange” de personajes que lo rodean, es difícil hacer algún pronóstico. Lo más aproximado a un escenario futuro pasa por una continuación del proceso interrumpido por el resultado de las elecciones de 2015. Un empresario del sector se animó a hacer un ejercicio de futurología con algún resabio de humor, pese a la dureza del momento: “Si con un gobierno que no cree en ninguna medida restrictiva de las que está tomando en las últimas semanas, estamos como estamos, no me quiero imaginar lo que puede ser con eL regreso de los inventores y militantes del cepo”.

La gestión de Mauricio Macri acumula una cadena de errores que lo llevaron a este estado de crisis terminal, pero en el sector recuerdan que al final del segundo mandato de CFK se llegó en situación similar. “Todas las semanas teníamos que ver cuántos dólares nos habilitaba el Banco Central para poder girar al exterior, la deuda con las casas matrices era millonaria, no sabíamos si podíamos retirar autos de los puertos porque las DJAI (el permiso de importación obligatorio de cada vehículo) se aprobaban de manera discrecional y no había suspensiones o despidos porque, desde el Gobierno, amenazaban con sanciones a las empresas que tomara esas medidas. Todo se olvida pero esa era la realidad”, explicaron en una automotriz. El recuerdo de aquel momento y la similitud con el actual sirve para entender que, más allá del modelo que se aplique, la Argentina tiene un problema estructural que no se va a solucionar mágicamente con un recambio presidencial.

La industria automotriz necesita de dólares. El 70% de los autos que se venden son importados y los de producción nacional llevan un porcentaje similar de piezas importadas. Proporción que, lejos de mejorar, va en aumento por la salida de varias empresas autopartistas que están dejando de producir localmente (en una automotriz se tomaban la cabeza días atrás por la caída de otro proveedor local que muda su actividad a Brasil). Ya desde economistas cercanos a AF se advierte que en 2020 van a faltar dólares, lo cual confirma el escenario difícil. Si se tiene en cuenta que, además, la relación con Brasil -el principal mercado para las automotrices argentinas- no se vislumbra amigable por los cruces de insultos y acusaciones entre AF y Jair Bolsonaro, el escenario que imaginan en las automotrices es desalentador. La única esperanza es que, por una Argentina tan imprevisible, no suelen acertar en sus pronósticos.

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