Espectáculos

Abren al público archivos de Aída Bortnik

En poco más estará disponible para estudiosos y público en general un archivo impresionante de libretos, apuntes, grabaciones, notas de toda clase, cartas y variados recuerdos de Aída Bortnik, conservado en más de 70 cajas de cartón corrugado, que a su muerte, en 2013, quedaron en custodia de J. J. Campanella y Fernando Castets, que eran sus discípulos predilectos. Un día, cuatro amigas se pusieron en plan Pandora y abrieron las cajas.

Desde carpetas de 1963 con apuntes juveniles hasta el guión y el contrato para un film con Salma Hayek en 2008, allí había casi medio siglo de historia del espectáculo, la sociedad que nos toca, y la vida misma de la autora, cuyos graves problemas de salud no le impidieron formar familia, dar clases de escritura y seguir trabajando hasta el último aliento. Las amigas (Patricia Molina, periodista, Silvana Di Francesco, productora, Gabriela Fanti, directora de casting, y Teresa Téramo, licenciada en letras) gestionaron en 2017 el apoyo de Mecenazgo, buen programa del Ministerio de Cultura de la Ciudad, así pudieron revisar, adecentar y fichar todo, y ahora acaban de presentar el catálogo completo, 246 páginas de informes detallados sobre el contenido de cada caja.

Algunas contienen todo lo atinente (investigaciones, notas, libretos, correcciones, programas, repercusiones) a sus obras de teatro, varias de ellas escritas bajo diversas dictaduras, como “Soldados y soldaditos”, libretos de televisión, desde “Hombres en pugna” hasta “Vientos de agua”, películas luego felizmente concretadas por Sergio Renán, Alejandro Doria, Luis Puenzo, Marcelo Piñeyro, y otras que quedaron en proyecto, como una muy interesante que iba a filmar el checo Jiri Menzel. También, sus anotaciones como consultora de guiones del Sundance, un informe sobre las televisiones públicas de diversos países, pedido por Raúl Alfonsín, y otras sorpresas dignas de estudio. En la presentación del catálogo, días atrás en el hall de la Sala Casacuberta, estuvieron las impulsoras además de Castets, Piñeyro, el ministro Enrique Avogadro, familiares, amigos del ambiente teatral y viejos alumnos. El acto fue breve. Las anécdotas sobre Aída, y las emociones, fueron abundantes.

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