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Abuso sexual, poder y tango, ejes de una potente primera novela

Publicada luego de haber ganado un certamen, narra la trayectoria de Laika Zaruk, una joven de origen humilde que se abre camino en la militancia y las milongas mientras busca reconocer su propio deseo. La perspectiva de género y un pasado violento atraviesan el relato.

“Siempre sentí que tenía algo para decir, sólo debía encontrar las palabras para decirlo de la mejor manera”, dijo Anahí Pérez Pavez, sobre su novela Formosa, que fue publicada luego de haber ganado el Premio Municipal de Literatura Luis José de Tejeda, otorgado por el gobierno de Córdoba y que toca temas complejos que dejan una herida abierta, como el abuso sexual en el seno familiar y el predominio del poder patriarcal en distintos ámbitos, como el político y el cultural.

En concreto, narra la trayectoria de Laika Zaruk, una joven de origen humilde que carga la mochila de haber vivido la opresión en su propia casa pero con un discurso progresista de fondo, lo que la lleva a elegir estrategias dolorosas para valorizarse, entre ellas cobrar por sexo durante episodios aislados y acercarse a hombres atractivos en sus palabras, pero déspotas en la práctica. Luego de muchos tropiezos, logra erigirse como feminista con las herramientas que encuentra y recorre ese camino en tiempos en los que el movimiento no estaba boca de todos.

No es casual que el tango atraviese la trama y que Laika sea equiparable a una “milonguita” moderna, es decir las chicas de barrio que se aventuraban a la noche y a las esferas públicas prohibidas. Pérez Pavez habló con ámbito.com sobre el deseo y la trayectoria que también tuvo que hacer su primer libro para salir a la luz hasta encontrar el momento perfecto.

Periodista: Formosa habla de múltiples temas, desde el tango, el abuso sexual en el seno familiar, la política, la elección de cobrar por sexo y la maternidad, tanto desde su deseo como de su negación. ¿Cuál pensás que es el tronco?

A.P.P.: El descubrimiento del deseo es uno. Antes la novela tenía un epígrafe que hablaba de Jacques Lacán y de su concepto del ‘goce del idiota’, de cuando se es prisionero del goce. Mi sensación es que este devenir feminista de Laika Zaruk tenía, en principio, una trayectoria de goce, en la que frente a varones se posicionaba en una situación que no la beneficiaba hasta que que ella decide poner un límite a ese goce que la aprisionaba. Me parece que registrar el deseo es un camino, porque la sociedad no nos forma para que deseemos, sino como a objetos. Ser sujeto es un trabajo, tener voz propia es un trabajo. Y para las mujeres es aún más arduo. No todas tenemos claro lo que queremos todo el tiempo, y para que se nos revele a veces tenemos que pasar por situaciones feas de las que aprendemos. Además, en los episodios en los que la protagonista decide cobrar por sexo, ella cree que así puede tener algún tipo de libidinización tardía, que era una manera de darse valor a sí misma y sacar algún tipo de provecho. Pero se da cuenta de que el costo emocional en el amor propio era alto. Además, en su biografía, esos episodios tienen que ver con la situación de abuso sexual que se vivió en su familia, por ende más tarde ella se cruza con varones abusadores, acosadores y violentos. Me parecía hasta pedagógico mostrar que cuando se repiten esas elecciones de objeto de deseo, se debe hacer un registro de la historia familiar.

P.: Uno de los aspectos más atractivos de la novela es la falta de coherencia entre el discurso y las acciones de muchos de sus personajes, como un padre comunista que oprime a las mujeres en su casa o muchos jóvenes de la política que reivindican un discurso de justicia social, sin ser emergentes de base. ¿Pretendiste sacar caretas?

A.P.P.: Puede sonar arrogante, pero me hago cargo de que sí. Me resulta muy problemático ver que muchas personas que tienen un discurso de izquierda, a favor de los derechos humanos, pero en la vida privada se comportan de una manera vil. Eso es terrible porque es más difícil de registrar. Si bien ahora salieron libros que mostraron a abusadores sexuales que desde una cosmovisión progresista pueden ser catalogados como los malos de la película, me interesaba también poner luz sobre los supuestos buenos, los del relato correcto, porque sucede que varones de izquierda o militantes progresistas sean abusadores sexuales, pedófilos o simplemente déspotas y abusen de su poder.

P.: Parecería que para algunos de tus personajes, la justicia social se agotaba en la mujer…

A.P.P.: Tal cual. Me parece que es muy perverso que se pretenda ejercer justicia y se hable de una sociedad mejor y más igualitaria desde lo económico y lo marxista cuando en la práctica pasa otra cosa. Hoy como feministas nos damos cuenta de que hemos padecido muchas injusticias, desigualdades y violencias.

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P.: Una gran frase de Laika sobre los militantes con los que se cruza es “nunca habían estado en la trinchera de la resistencia, no sabían lo que era la política sin ser gobierno”. ¿Qué es para vos estar en la trinchera de la resistencia y cuál es la militancia que más apreciás?

A.P.P.: Con esa frase me refiero a que a veces en la política habitan los hijos de las elites, los privilegiados, y no digo que no valga que un privilegiado haga uso de ese margen de acción en favor de los que menos tienen, de los explotados. Pero creo que la disputa real está en que lleguen al poder aquellos que vienen de abajo, de los espacios de militancia de base. Y la militancia que hoy más aprecio es la feminista. Yo participo en el Movimiento Feminista de Tango y desde hace un año tenemos asambleas con debates donde nos preguntamos sobre nuestro propio posicionamiento dentro del ámbito del tango. Pero valoro por sobre todas las cosas que quienes están participando en política irrumpen por el aborto legal y la batalla contra la violencia machista, porque el empoderamiento no es algo que ya está dado sino que es un aprendizaje constante.

P.: El tango cumple un papel importante en la novela. ¿Cómo te inspiró?

A.P.P.: Me parece un género fascinante. Lo que me pasó es que el estereotipo del tango define los roles en la danza de una manera fija, donde el varón conduce y la mujer es llevada. El aprendizaje de esa técnica me parece muy performático, actuamos el género bailando tango. Pero ahora también rompemos ese binarismo, porque lo bailamos entre nosotras, nosotres. La diversidad sexual está presente en la actualidad del tango.

P.: La instancia de publicación tomó su tiempo. ¿Pensás que cada libro tiene su momento?

A.P.P.: Sí, creo que es así y me lo demostraron los hechos. Terminé Formosa en 2015, para fines de 2016 quedó entre las diez novelas finalistas de un concurso en el que se presentaron 800 manuscritos. No gané, pero sabía que aunque debía pulir el texto, ya había dicho algo. A pesar de todo, me costó llegar a la instancia de publicación. Encontrar editores es una tarea difícil si no sos conocido. Tuve muchos rebotes o rechazos, desde que no leyeran un mail hasta que un editor me dijera que mi novela era ‘muy política’ y que no cabía en su catálogo. Estimo que en ese momento la sensibilidad de algunos editores –y te diría, de editores varones– no estaba en sintonía con el texto que les estaba ofreciendo. Pero no dejé que eso me desalentara. Ya hacia 2018, cuando me anunciaron que había ganado el Premio Municipal de Literatura Luis José de Tejeda, uno de los argumentos del jurado fue la cuestión de género, que mi novela hablara sobre abuso sexual, disputa de poder, política. Entonces creo que sí, que los libros tienen su momento, que hasta hacía dos años no cabía una novela sobre abuso sexual. Ahora hay textos que tocan la temática, pero a Formosa la terminé hace tres años y fue rechazada en más de una oportunidad. Por suerte tuve el apoyo vital de la escritora Mariana Docampo, que siempre me alentó a que insistiera, a que no bajara los brazos, a que en algún momento iba a darse, que si el texto era bueno iba a encontrar su camino y su realización como libro papel. Y eso fue lo que pasó.

*Formosa (EM) se presenta el domingo 28 de abril, a las 18.30 en el Centro Cultural Macedonia, Sarmiento 3632, Ciudad de Buenos Aires. Acompañan a la autora las escritoras Alejandra Laurencich y Mariana Docampo.

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