Espectáculos

Adiós al autor del comisario Montalbano

Había cumplido los 60 años cuando creó a su célebre detective, que también se convirtió en protagonista de una famosa serie televisiva.

“Si por mí fuera, quisiera terminar mis días sentado en una plaza contando historias, y al final de cada una pasar la gorra entre el público”. Así bromeaba el siciliano Andrea Camilleri, muerto ayer a los 93 años, y mundialmente conocido como “el padre” del comisario Montalbano. Lo creó en 1994, y lo mantuvo a instancias de su editora a lo largo de 25 años y 37 libros traducidos a 120 lenguas (ya se calcula cerca de 30 millones de ejemplares vendidos).

Montalbano fue su gran éxito, el que alegró su vejez, culminación de una larguísima carrera que empezó en su natal Agrigento como un niño fabulador y siguió en el teatro, la docencia, la radio y luego la televisión, donde introdujo tanto autores clásicos como policiales, y llegó a escribir y dirigir varios títulos para el recuerdo, entre ellos “Western di Cose Nostre”, con Domenico Modugno, y “Un siciliano en Sicilia”, con James Russo y Vincent Gardenia.

Recién a los 53 años escribió su primera novela, sin mayor éxito. A ella siguieron otras de variado género, hasta que a los 68 presentó a su alter ego, el comisario de buen comer, irónico, bien crítico, algo melancólico, atento a los conflictos reales de la sociedad, asentado en la ficticia Vigata y novio eterno de la paciente Livia. Lo inventó un poco en la línea del inspector Maigret, de Simenon, lo bautizó Montalbano en homenaje a su amigo Vázquez Montalbán, el creador de Pepe Carvalho, y en 1999 aprobó la carnadura que ofrecía el actor Luca Zingaretti para su transcripción televisiva, en una serie que ya lleva 20 años de difusión en 64 países, e incluso tuvo una precuela, “El joven Montalbano”.

Sin sentarse en los laureles, Camilleri siguió hasta hace poco su rutina de trabajo, siempre tempranero. Escribió también libros de diversos temas, inclusive una biografía de Pirandello, y su propia autobiografía. Ya ciego, dictaba sus obras a una fiel secretaria. El año pasado estrenó en Siracusa su monólogo “Conversazione su Tiresia”, donde el adivino ciego, representado por él mismo, charla con diversos personajes, incluido Borges. Meses atrás hizo la voz del viejo sabio en el dibujo “La famosa invasión de osos en Sicilia”, sobre novela de Dino Buzzati, el de “El desierto de los tártaros”. Y esta semana iba a estrenar su monólogo “Autodefensa de Caín” en las Termas de Caracalla. El corazón se lo impidió.

Hoy será despedido en ceremonia íntima (solo la esposa, los hijos, la secretaria y los amigos más cercanos) en el Cimitero Acattolico de Roma, y seguramente dentro de unos meses se conocerá la novela final de Montalbano, que escribió hace 10 años y dejó a su editora con el expreso pedido de ser publicada recién después de su muerte. De ella solo transcendió un anticipo: al final, el comisario no muere, y tampoco se casa. Povera Livia.

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