Exportadores buscan nuevos mercados con un escenario macroeconómico complicado

Agronegocios

Si bien el grueso de la producción se levanta durante los meses de octubre y noviembre, se inició la zafra de las variedades tempranas que se exportan a mercados de nicho o no tradicionales como Israel, Indonesia, Noruega, Islandia, Rusia y Lituania. Allí es hacia donde apuntan muchos exportadores desde que el mercado internacional comenzó a tener más jugadores.

El proceso por el cual un arándano viaja desde un campo hasta una góndola al otro lado del mundo ocurre en menos de 48 horas. Un productor puede cosechar durante la mañana, empacar por la tarde y esa misma noche realizar el enfriado de la fruta. Durante la madrugada del día siguiente viajará en camión al aeropuerto, volará y arribará a destino, sea Estados Unidos, Israel o Europa. Otra parte de la cosecha saldrá por vía marítima, cuyo viaje demorará entre 17 y 25 días según el puerto de destino.

En los últimos años los envíos por mar cobraron mayor protagonismo debido a que los precios internacionales disminuyeron al haber más oferta y demanda, entonces los viajes por avión quedaron sólo para ocasiones especiales debido al alto costo logístico.

Alejandro Pannunzio, presidente de la Asociación de Productores de Arándanos de la Mesopotamia Argentina (APAMA) y del Comité Argentino de Arándanos (ABC), explicó a Ámbito: “Todo comenzó cuando la producción se expandió a nivel global y apareció Perú como gran competidor. De no tener arándanos pasó a exportar 160 mil toneladas. Hoy cultiva en 14 mil hectáreas y proyecta aumentar 30% su producción en 2022.

El desarrollo del cultivo en Argentina durante esos años fue casi opuesto. En 2008 se cosechaban arándanos en 4600 hectáreas y hoy sólo quedan 2350. Pasamos de 20 mil a 11 mil toneladas.

Ambas situaciones no fueron una casualidad. Perú aprovechó el aumento del consumo global y asignó políticas expansivas en su economía afianzando tratados de libre comercio con el Pacífico y aplicando leyes laborales flexibles que permitieron aumentar la inversión y el desarrollo de un sector que brindaba una clara oportunidad.

Aquí la actividad dejó atrás aquel boom que supo tener en el inicio del nuevo siglo. “Hoy quedan poco más de 100 productores, una mitad en el litoral, otro tanto en Tucumán y una pequeña parte en Buenos Aires. No todos están integrados, es decir que unos pocos tienen la posibilidad de empacar y exportar, con lo cual pierden competitividad y el control de su producto hasta que llega a una góndola”, aseguro Pannunzio.

La actividad requiere de mano de obra intensiva en alta temporada. En cosecha, por cada hectárea se necesitan entre 10 y 20 personas, porque el arándano se recoge de a una fruta cuyo peso oscila los 2 gramos. Por hectárea se obtienen 15 a 20 mil kilos que deben ser tratados con el mayor de los cuidados para no dañar el fruto.

Esta economía regional que se desarrolla en la Mesopotamia, Tucumán y Buenos Aires, recibió el beneficio de la quita de retenciones y también el subsidio de un 50% a la energía eléctrica, que los productores de Entre Ríos percibirán de manera retroactiva a enero de este año. Este tipo de medidas sirven para fomentar las exportaciones aunque todavía pesa sobre el sector una fuerte presión tributaria y un diferencial cambiario que golpea igual o más duro que los derechos de exportación.

“Por cada dólar que en el mercado bursátil oscila los 170 pesos, a nosotros nos dan 86. Esa diferencia, que alcanza a todos los cultivos, no llega al interior del país como desarrollo de la economía y queda en las arcas del estado”, sentenció Pannunzio.

Desde el Comité Argentino de Arándanos confirmaron que las exportaciones argentinas de estos productos alcanzaron los u$s41 millones durante el año pasado y recientemente se organizó una ronda de negocios con empresarios de supermercados de Arabia Saudita, un mercado que podría abrirse esta temporada y que al incluir a Bahrein, Omán y Yemen, podría representar cerca de u$s15 millones anuales.

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