Política

Alberto Fernández festejó con mesura y marcado por los nervios y el desahogo

Cerró Alberto Fernández, dentro y fuera del predio del Centro Cultural C, con un discurso en línea con sus últimas alocuciones en las que evitó la confrontación directa con el Gobierno y prefirió apuntar hacia promesas de reactivación de la economía, revalidación de la educación pública y jerarquización de la ciencia, entre otros tópicos.

Nervios, estupor y enojo dejaron paso al alivio en el centro de campaña del Frente de Todos, en el barrio de Chacarita, a las 22.24 cuando la concurrencia escuchó de boca de Mauricio Macri la asunción de su derrota. Recién ahí se entonó el primer “Alberto presidente” y la marcha peronista para dar paso al festejo formal. Lo cerró Alberto Fernández, dentro y fuera del predio del Centro Cultural C, con un discurso en línea con sus últimas alocuciones en las que evitó la confrontación directa con el Gobierno y prefirió apuntar hacia promesas de reactivación de la economía, revalidación de la educación pública y jerarquización de la ciencia, entre otros tópicos.

Hasta entonces, y a diferencia de la jornada de las PASO del 11 de agosto signada por la sorpresa que causó un resultado favorable que nadie esperaba, los militantes, exfuncionarios, sindicalistas y candidatos oscilaron entre una inicial confianza y la paralización que provocó la primera tanda de datos del centro de cómputos que marcaba una diferencia favorable a la oposición de apenas cinco puntos. Aunque esa distancia se amplió en la hora siguiente, epicentro de los discursos, el clima estuvo lejos del fervor que la mayoría presente llevaba presupuestado.

El Frente de Todos repitió en buena medida la mecánica de las primarias: en el mismo bunker situó cada media hora a una pareja de dirigentes para anoticiar a los periodistas de novedades. Los primeros en hablar como Luana Volnovich y Santiago Cafiero, dieron cuenta de una “diferencia muy contundente”, e incluso Mariano Recalde y Cristina Alvarez Rodríguez avisaron que en la ciudad de Buenos Aires sus números daban “un final abierto”. Nada de eso se comprobó con los primeros datos oficiales.

La organización había montado un sistema de varios “Vips” en el centro cultural. En el primer piso ubicó a los cuatro centenares de trabajadores de prensa acreditados, en tanto que en el segundo se ubicaron en oficinas contiguas Alberto Fernández y Cristina de Kirchner, escoltados por Máximo Kirchner y Santiago Cafiero. El tercer piso quedó para Matías Lammens, Axel Kicillof y Sergio Massa, en tanto que otro salón reservado se destinó a invitados especiales, gobernadores, dirigentes sindicales, referentes de organismos de derechos humanos y veedores internacionales.

Pasadas las 19 empezaban a circular todo tipo de bocas de urna y encuestas que los propios voceros del FDT alimentaban. Para entonces los guarismos que llegaban a los whatsapps daban cuenta de una diferencia de entre 13 y 18 puntos a favor, aunque había portavoces que consideraban un hecho que esa distancia se ampliaría por arriba de los 20 puntos. Incluso Hugo Yasky y Victoria Donda fortalecían la versión de un triunfo contundente, en tanto que Leonardo Grosso y Malena Galmarini mencionaban un “resultado histórico en la Ciudad de Buenos Aires”.

La euforia se trasladó al VIP en el que se encontraba la mesa chica de la CGT. Héctor Daer, Antonio Caló, José Luis Lingeri, Sergio Sasia, Guillermo Moser y Rodolfo Daer, a tono con las primeras versiones, ya despuntaban los primeros indicios de un posible acuerdo social empujado por la fortaleza que en teoría tendría Alberto Fernández para arrancar su mandato. Tras conocerse los resultados más de un dirigente, además de la cara larga, rumiaba que una participación activa de Cristina de Kirchner en el último tramo de la campaña había resultado un ancla para el frente opositor.

Tras el baldazo de agua fría de los primeros datos oficiales todas las miradas se posaron sobre las paredes en las que se proyectaban en vivo los canales de noticias. Y sólo la preocupación y el temor dieron paso a un momento de euforia cuando el Presidente mencionó la palabra “transición” y las emisoras titularon “Macri reconoció la derrota”.

El desahogo continuó a las 22.45 cuando por fin los candidatos subieron al escenario. Allí se ubicaron, desde el centro hacia las puntas, Alberto Fernández, Cristina de Kirchner, Kicillof, Verónica Magario, Máximo Kirchner, Massa, Malena Galmarini, Wado de Pedro, Volnovich, Grosso, Vanesa Siley, Andrés Larroque, Cecilia Moreau y referentes de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo.

Primero habló Kicillof, que en el discurso de mayor duración optó por su condición de economista para hacer un repaso de los números que deja la gestión de Macri en la Nación y de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires. Mencionó que en los últimos cuatro años “casi se duplicó el desempleo y la deuda externa, al tiempo que “cayó 9 puntos el PBI”. El exministro atribuyó el triunfo “a la unidad del campo popular” y la preeminencia de “la política, la movilización popular y la solidaridad”.

Le siguió Cristina de Kirchner, que agasajó a Kicillof para luego ocuparse de Macri. Fue la encargada de hacer foco en las advertencias al mandatario por los 40 días que le restan de mandato: “le pido al Presidente que por favor tome todas las medidas para aliviar las finanzas” de los argentinos, dijo.

Cerró Alberto Fernández. Prometió honrar “un contrato moral y ético” a partir de sus discursos de campaña y agregó: “vamos a hacer la Argentina que nos merecemos”. De los tres oradores pareció ser el que despertó menor entusiasmo por parte de una audiencia que todavía parecía aturdida por el cimbronazo de los primeros datos del escrutinio. Dijo que aceptará hoy el convite a desayunar de Macri y aseguró que prestará colaboración para lograr “que los argentinos dejen de sufrir de una vez”.

El presidente electo le agradeció a Roberto Lavagna y, sobre todo, a Néstor Kirchner, de cuyo fallecimiento ayer se cumplió el noveno aniversario. “Gracias Néstor donde estés porque vos sembraste todo esto que estamos viviendo. No sería justo que no le reconociera lo que él hizo por nosotros”. Y agregó: “Me diste la enorme posibilidad de la aventura de hacernos cargo de un país y ponerlo en pie”.

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