Economía

Alberto Fernández podría viajar a EEUU para hablar con acreedores y cerrar acuerdo

El candidato confirmó que se estudia seriamente aceptar la propuesta que le acercaron fondos de inversión y que se basa en extender los plazos y no aplicar quitas al pasivo.

Alberto Fernández viajaría a los Estados Unidos luego de las elecciones del 27 de octubre, en el caso de ser electo presidente. La intención del candidato es tomar contacto directo con los acreedores externos, en el caso de que las negociaciones por el repago de la deuda externa privada emitida con legislación de Nueva York tenga resultados positivos. Para Fernández, y tal como anticipó este diario, la propuesta que le acercaron en las últimas semanas varios fondos de inversión tenedores de un alto nivel de deuda local emitida bajo ley extranjera (especialmente Wall Street), y que llega a los u$s100.000 millones, es viable. Y algo más que un punto de partida. Y si finalmente resulta vencedor en las elecciones de octubre, la propuesta se convertiría en la plataforma de partida del acuerdo de reestructuración de ese pasivo. Y si las negociaciones avanzan (todo parece indicar que esto ocurrirá), el entonces presidente electo podría presentarse ante los inversores para terminar de bendecir el acuerdo. El por ahora candidato incluso está dispuesto a avalar un acuerdo cerrado por el actual Gobierno, si desde el Palacio de Hacienda de Hernán Lacunza se acepta que los términos del plan de repago deben ser el que los fondos de inversión le acercaron y que Fernández definió como una oferta “seria y sensata”.

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Así se informa. Los lectores de este diario saben desde el miércoles que Alberto Fernández analiza seriamente la propuesta de los fondos de inversión, como punto de partida para la reestructuración de la deuda externa privada.
Así se informa. Los lectores de este diario saben desde el miércoles que Alberto Fernández analiza seriamente la propuesta de los fondos de inversión, como punto de partida para la reestructuración de la deuda externa privada.

Fue en su presentación de ayer al mediodía ante la Fundación Mediterránea, donde por primera vez se explayó sobre sus intenciones sobre la deuda externa, las relaciones con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y sus primeros proyectos sobre la economía real (ver pag. 11). En ese ámbito, rodeado de empresarios cordobeses, confirmó que “yo siento que esa deuda vamos a poder afrontarla en una negociación seria y sensata con los acreedores y vamos a ganar tiempo para crecer”; y evaluó que “no va a ser tan difícil de hacer lo que hizo Uruguay”. Mencionó que “he hablado con varios fondos de inversión. Es ganar tiempo y no hacer quitas” y sostuvo que los bonistas “aspiran a poder discutir en otro tiempo con quien gobierne la Argentina en el futuro” y subrayó: “Los acreedores sienten que se les mintió y también que el Gobierno perdió el poder político que tuvo otros años”.

Advirtió que “en estas condiciones, la Argentina no puede pagar la deuda”, mientras apuntó: “En otras épocas esto se llamaba default”. Expuso públicamente su teoría sobre que “hoy no podemos decirles a los acreedores que esta deuda la tomó una dictadura. Fue un Gobierno democrático”, con lo que no cabría la posibilidad de abrir una discusión que admita quitas en la deuda. La intención de Fernández, según la propuesta de los fondos de inversión, es que no haya quitas, pero que durante un plazo razonable (entre dos y cinco años, dependiendo de los títulos y vencimientos de que se trate) haya una extensión en el tiempo de pago de los cupones y el capital.

El candidato, de ser electo en octubre, también acelerará los contactos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) para abrir una negociación “abierta y seria” con la conducción del organismo sobre el futuro del acuerdo stand by, que en estas horas languidece a punto de suspenderse definitivamente. Fernández, luego del 27 de octubre, quiere tomar contacto con la próxima directora gerente del organismo, la búlgara Kristalina Giorgieva; para comenzar a discutir los nuevos términos que los relacionará durante su eventual gestión. Se sabe que el organismo quiere ofrecer un “upgrade” de un stand by a un “extended facilities”. Esto es, un acuerdo a no menos de 10 años y que reduzca la tasa de interés a un 2% anual. El problema es que un tratado de este tipo requeriría el compromiso para ejecutar reformas estructurales como la laboral y la previsional; temas que Fernández no quiere impulsar y que, además, sabe que no podrá aprobar en el futuro Congreso que surja de las elecciones de octubre. La idea del candidato es la discutir sólo un plan de pagos de la deuda actual, no pedir nuevos créditos y contar con un plazo de pagos similar al que se discute con los acreedores privados. Además, y si hay espacio, rescatará la actuación del director para el hemisferio occidental, Alejandro Werner, en las negociaciones próximas con el Argentina. Sabe Fernández que (ante la retirada de Christine Lagarde) el mexicano es cuestionado por el stand by firmado con el país y considera que una palabra suya puede servir de eventual refuerzo para su permanencia en el organismo. Entre Fernández y Werner hay buena relación. Surgió luego del encuentro en Buenos Aires del 27 de julio pasado, donde antes de las PASO el director del FMI vino a conocer de voz directa del candidato cuál era su visión sobre el organismo y el acuerdo vigente. Más allá de las críticas de Fernández, hubo antes un momento donde el argentino le recordó el paso del padre de Werner por el equipo José Ber Gelbard al comienzo de la tercera presidencia de Juan Domingo Perón. Hablaron luego del exilio que el padre del hombre del FMI tuvo que vivir primero en Uruguay y luego en México, donde finalmente el visitante desarrolló su carrera económica y política. Para Fernández siempre será mejor negociar con Werner que con un desconocido que nombre Giorgieva. O, incluso peor, con David Lipton.

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