Atención plena para una vida cotidiana más saludable

Ambito BIZ

Si algo dejó como aprendizaje hasta ahora la pandemia, es la importancia del presente como espacio propio imbatible. Lo que queda es el aquí y ahora, pasible de ser diseñado a voluntad.

Mucho se ha hablado en el último año de la salud mental, a propósito del contexto de pandemia y sus consecuencias directas en las personas, familias y sociedades. Es que la salud mental no se refiere solamente a la ausencia de trastornos psíquicos, sino que abarca factores socioeconómicos, biológicos y medioambientales. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), “la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades”.

Desde marzo de 2020, las personas de todo el mundo o de gran parte de él se vieron afectadas por cambios rotundos en sus modos de pensar, sentir y hacer, en sus formas de interacción social, de comunicación, en sus hábitos y rutinas de trabajo, educación y ocio. Como si esto fuera poco, el miedo a enfermar, el temor por los seres queridos, el estrés, la incertidumbre agravaron el panorama.

Si algo dejó como aprendizaje hasta ahora la pandemia, es la importancia del presente como espacio propio imbatible. Anclarse en situaciones del pasado que no se pueden cambiar, intentar controlar un contexto que excede, o “pre-ocuparse” por un futuro imposible de predecir, constituyen intentos inútiles que lo único que logran es empobrecer la salud mental. Lo que queda es el aquí y ahora, el presente, pasible de ser diseñado a voluntad.

Una de las prácticas más difundidas para abrazar el “aquí y ahora” es el mindfulness o atención plena. Algunos beneficios de esta práctica además de “estar presente”, son por ejemplo, la posibilidad de observar pensamientos negativos para desterrarlos; conectarse más y mejor con uno mismo, con otras personas y con el entorno; identificar creencias; lograr mejorar el equilibrio emocional y la reactividad ante determinadas circunstancias; adaptarse activamente a los cambios y a las nuevas realidades; alcanzar mayor aceptación y paz, entre otros.

¿Cómo empezar? No hay recetas únicas pero estos son algunos pasos para empezar a desandar este camino.

Empezar eligiendo los momentos dedicados a esta exploración, por ejemplo unos minutos antes o después de una reunión. Ayuda tener un espacio para este fin, potenciado con música suave y por qué no algún aroma rico, que despierte todos los sentidos. En internet existen app con música destinada a estas prácticas, incluso la llamada “frecuencia del universo”, sintonizada en 432 hz.

¡Y ahora qué? El mindfulness se trata de prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar. Entonces, se puede comenzar prestando especial atención a aspectos de la corporalidad, como la respiración y la postura, que son claves a la hora de elevar el estado de consciencia. Ser consciente de la respiración, hacer foco en la forma de respirar, en su ritmo, sentir dónde están las tensiones, identificar algún dolor o molestia, qué está costando más o menos relajar, en qué momentos.

Otra dimensión que es importante “escuchar” es la emocionalidad. Qué emoción está presente en ese momento. Ponerle nombre, identificarla. ¿Cómo se está manifestando?

Luego, es importante también escuchar los pensamientos que aparecen sin ser llamados, en general asociados a las emociones. Identificar cuáles son, de dónde vienen, cómo se manifiestan, y dejar que fluyan, otra vez, sin juzgar, con aceptación.

Agendar estos espacios permite no poner excusas. El mindfulness como todo, empieza por una decisión. Y esto supone luego un compromiso que requiere disciplina para lograr un verdadero cambio. Así que agregarlo al calendario diario es una buena opción.

Las claves de una mente consciente y plena son la apertura y la aceptación. Apertura para dejar que las cosas fluyan y aceptación (que es distinto a resignación), para darse cuenta de que algunas circunstancias no se pueden controlar. Lo único posible es gestionar cómo se interpretan y se reacciona a ellas. Para eso, es clave vivir presente y conocerse, y estas herramientas son una de las llaves a esa posibilidad.

(*) Psicóloga social, coach ontológica y especialista en Comunicación.

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