Empleo: 3 urgencias y 4 desafíos impostergables

Ambito BIZ

El flamante presidente Alberto Fernandez no necesitó esperar a conocer del INDEC la tasa de desocupación del tercer trimestre de 2019 -que se conocerá hoy- para declarar la emergencia pública en materia ocupacional. Cifra que muy probablemente supere con holgura el 11% a nivel nacional y confirme a 2019 como el peor año de la última década en materia laboral. La agenda es, pues, desafiante, titánica y con marcadas diferencias temporales: atajar las urgencias, al tiempo de sembrar las bases para el futuro.

El corto (o mejor, inmediato) plazo impone resolver ya tres cuestiones:

1|Pérdida del salario real: la amplia mayoría de los asalariados acabarán, por segundo año consecutivo, con una pérdida de dos dígitos en sus ingresos reales ante la inflación. Desacelerar el costo de vida no asoma tan sencillo como heterodoxamente inyectar dinero a los trabajadores. Como sea, la urgencia es (al menos) empardar esta brecha en 2020

2|Reforma laboral: está claro que ningún empleador (y especialmente pyme) aspiraba a que la mentada revisión acabase en el decreto del viernes pasado aplicando la doble indemnización por (inicialmente) 180 días. La agenda de discusión debe ser más amplia y moderna: diseñar un marco legal que incluya al mercado formal los nuevos esquemas de trabajo que empujan las nuevas generaciones (teletrabajo, freelancers o por proyectos); generar subsidios fiscales para promover que las compañías incorporen aquellos grupos relegados y con menos posibilidades (mayores de 50 años, jóvenes sin educación formal, otros grupos discriminados por género y afines); otorgar incentivos a quienes estudien las carreras de las cuales escasean sus graduados y el país demanda (ej. Sistemas o Ingenieros).

3|Reconversión del empleo público: En julio de 2019 a nivel nacional el 26% de los trabajadores registrados se desempeñan en el ámbito público (3.162.000 colaboradores). Atacar la crisis laboral no puede eximir a los empleados públicos: urge que en este ámbito existan las mismas reglas que en el privado (promociones por meritocracia, procesos de reclutamiento objetivos, compensaciones atadas a desempeño). Tan utópico como imprescindible.

Superada la tormenta, asoman los deberes del mediano plazo. Con casi la mitad de la población en la pobreza, cobra fuerza la idea del Gobierno de tender una mano a este grupo a través programas vinculados a la recuperación de las changas. Los otrora oficios, que permitirían el acceso al trabajo a aquellos sin calificaciones profesionales. En la otra punta de la pirámide, no es menor el sostenimiento del apoyo e impulso que la gestión del ministro Moroni brinde a la industria del conocimiento. Sector que exporta dólares por 6.200 millones, emplea casi 400.000 personas, con potencialidad de otras 500.000 en los próximos años.

Siempre postergada, la agenda de largo plazo repite sus pendientes: una educación de calidad aggiornada a las necesidades del mercado laboral del futuro y un planeamiento estratégico de los recursos humanos de la Argentina, que cierre la actual y paradójica brecha entre lo que el mercado laboral realmente necesita (IT, ingenieros, enfermeros) y lo que hoy ofrece en exceso y sobra (abogados, psicólogos, economistas y periodistas).

(*) General manager de GhidiniRodil y autor del libro “Mi Trabajo Ahora”.

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