Economía

Amenaza involuntaria del Tío Sam

Los mercados financieros de EE.UU. no lo están pasando bien. Los problemas originados a partir de la denominada crisis subprime, cuyos efectos se comenzaron a ver a mediados de 2007, pero cuyas causas se remontan a la era Greenspan, están lejos de haberse superado. Al salvataje del banco de inversión Bear Stearns, que en marzo de este año requirió asistencia de la Fed por u$s 30.000 millones, se sumaron luego la caída del banco californiano especializado en hipotecas Indy-Mac y el desplome de las acciones de Fannie Mae y Freddie Mac, dos gigantes financieros del mercado hipotecario que se especula podrían ser nacionalizados. En el camino, un puñado de bancos de inversión accedieron a préstamos de la Fed y algunos bancos comerciales fueron cerrados por la Corporación Federal de Garantía de Depósitos (conocida como FDIC, por su siglas en inglés). Adicionalmente a mediados de agosto un banco insignia de EE.UU., el JP Morgan, anunció pérdidas millonarias y superiores a las esperadas por su exposición al mercado crediticio.

En privado los funcionarios de la Fed no ocultan su preocupación por el futuro de muchos bancos estadounidenses que dependen críticamente del pago de los préstamos de deudores hipotecarios y de empresas vinculadas al sector inmobiliario.

Ciertos signos de debilidad de la economía estadounidense, el alto índice de endeudamiento de la población y la fuerte caída de los bienes raíces justifican plenamente sus preocupaciones. Los principales operadores de Wall Street están en plena sintonía con esas preocupaciones. Por otro lado, las declaraciones públicas de los funcionarios y las acciones de las poderosas Fed y FDIC, demuestran que el gobierno de EE.UU. está decidido a destinar sumas millonarias para evitar una crisis de dimensiones sistémicas.

La Fed ha realizado el salvataje de Bear Stearns y ha prestado asistencia financiera a varios bancos de inversión; la FDIC acaba de hacerse cargo de IndyMac y otros bancos. El propio secretario del Tesoro, Henry Paulson, ha manifestado que el gobierno está dispuesto a otorgar a Fannie Mae y Freddie Mac todo el apoyo que sea necesario.

Nadie sabe a ciencia cierta si estos esfuerzos lograrán evitar una crisis a gran escala.

Finalmente los serios problemasque están sufriendo Europa y Japón arrojan dudas sobre la flamante « teoría del desaclope», que sostiene la economía mundial puede desenvolverse con cierta independencia de lo que ocurra en la economía americana.

  • Al sur del río Grande

    Mientras estas cosas ocurren al norte del río Grande, en el sur (léase Latinoamérica), los sistemas financieros en general dan muestra de cierta estabilidad e independencia de lo que ocurre al Norte. Sin embargo, sería utópico, y hasta irresponsable, pensar que no existen vasos comunicantes entre EE.UU. y Latinoamérica, ya sea vía flujos financieros o la economía real.

    Desde principios del siglo XX ninguna crisis de EE.UU. ha dejado de impactar negativamente sobre Latinoamérica; aún con los cambios que ha experimentado la economía mundial durante la última década, es difícil pensar que ese patrón de comportamiento vaya a cambiar.

    Es por ello que los gobiernos de los países latinoamericanos deberían estar trabajando en sus planes de contingencia para enfrentar los efectos colaterales que podrían sufrir si la situación en EE.UU. se agravara; en otras palabras estar preparados para hacer frente a la amenaza involuntaria que «el Tío Sam» impone sobre los mercados financieros y las economías de la región.

    Los superávits fiscales y la acumulación de reservas internacionales que vienen mostrando la mayoría de los países latinoamericanos -entre ellos la Argentina- en los últimos años, constituyen elementos necesarios, pero no suficientes, para capear con éxito una eventual tormenta.

    No basta con haber aplicado políticas prudentes en el pasado, se requiere, además, tener políticas económica, fiscal y monetaria sustentableshacia el futuro, juntocon organismos supervisores dotados de las capacidades, herramientas, independencia y márgenes de maniobra adecuados.

    El BCRA ha resaltado que su política de «acumulación de reservas» es un instrumento para hacer frente a situaciones adversas.

    Lamentablemente, ciertas decisiones políticas y los problemas internos de la Argentina ya han requerido la utilización de parte del arsenal disponible (las reservas internacionales) para hacer frente a una eventual crisis externa.
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