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Amores de cinéfilos flores de un día son

El actor vuelve con su opera prima al Espacio Callejón y comienza a ensayar "La verdad", que protagonizará desde abril en el Paseo La Plaza.

“El fin del teatro puede estar en el simple hecho de refugiarse en la ficción y contar por el mero hecho inservible de contar, sin tanto compromiso social o teatro de protesta”, dice Héctor Díaz, quien repone su obra “Amor de película” el 7 de marzo en Espacio Callejón.

Díaz además integra el elenco de “Madre coraje”, con Claudia Lapacó, en el teatro Regina y comienza a ensayar “La verdad”, del francés Florian Zeller, que tendrá dirección de Ciro Zorzoli y elenco integrado por Juan Minujín, Valería Lois y Jorgelina Aruzzi, a estrenarse en abril en el Paseo La Plaza. Conversamos con Díaz.

Periodista: ¿Cómo fue escribir “Amor de película”, su primera obra?

Héctor Díaz: La idea de Javier Daulte de reunir a algunos dramaturgos en “Teatro líquido” me incluyó junto con las hermanas Marull, que estrenarán este año, Silvia Gómez Giusto (“Un cuerpo salvaje”) y Daulte (“Valeria Radioactiva”). La consigna era escribir en simultáneo la obra de cada uno. Llevé un primer boceto y terminé siendo un quinto dramaturgo. No había en “Teatro líquido” una base temática, es un proyecto donde los materiales se fueron contagiando a lo largo del proceso de escritura.

P.: ¿En qué sentido operó el efecto contagio?

H.D.: Daulte venía influido por “Amor líquido” de Zygmunt Bauman, es un concepto que plantea cierta cuestión de la fugacidad de los vínculos, el rebote que producen en el momento, y el distanciamiento, hablando del amor.

P.: ¿De qué se trata su obra?

H.D.: Es declaradamente una comedia acerca del cruce generacional de un guionista que sabe mucho de cine, un cinéfilo empedernido, y una youtuber. Un productor los junta para que escriban un guión y esa es la excusa que aporta amores más desesperados, más inciertos, más estructurales, está todo en el marco de una comedia y es como el perro que se muerde la cola. Es puro vértigo, es una obra arrebatada, deliberadamente torpe.

P.: ¿Cómo ve la dramaturgia argentina?

H.D.: Noto intentos muy buenos de mucha gente. Formé parte como actor del movimiento transformador impulsado por Spregelburd, Daulte y Tantanian, también Veronese, aquel fue un crack muy importante. Detecto casos aislados en la actualidad pero no la figura del movimiento. No puedo encolumnar obras sino que veo individualidades interesantes como Pensotti, Tenconi Blanco, Piel de lava. Y hay otro teatro más concentrado en la forma que en el contenido del que estoy más lejos. Yo soy más clásico, me gusta la comedia hollywoodense de los años 50, el relato clásico, el cuentito.

P.: ¿Cómo definiría aquel “crack” en el teatro?

H.D.: En esos tiempos estaba en discusión si hacer teatro que reflejara más o menos lo social, comprometido o de protesta, o si hacer pura ficción, pura invención. Los autores que menciono hicieron “La escala humana”, “La estupidez” o “Estás ahí”, y yo estuve ahí, y hubo crítica fuerte por lo poco comprometidos con lo social. La respuesta fue que el compromiso estaba puesto en otro lado, en refugiarse en la ficción y contar por el mero hecho inservible de contar.

P.: Sigue con “Madre coraje” dirigida por Muscari.

H.D.: Sí, nos mudamos al Regina en enero y yo estoy hasta el 9 de marzo. Trabajar con Claudia Lapacó, más allá de su rendimiento actoral en funciones, me sorprendió en los ensayos su nivel de dedicación y concentración. No es Claudia Lapacó de casualidad, lo es por su talento y su trabajo.

P.: Y a partid de marzo encara otra obra en el circuito comercial.

H.D.: Hoy arranco los ensayos de “La verdad”, obra del francés Florian Zeller, el mismo de “Sin filtro”, con Juan Minujín, Jorgelina Aruzzi y Valeria Lois, dirigidos por Ciro Zorzoli, en La Plaza. El protagonista, Minujín, se va cruzando con su mujer, su amante, que es la mujer de su mejor amigo, y este último. En ese vía crucis va quedando atrapado a partir de sus propias mentiras. Todo es un camino de alumbramiento, opera el “No aclares que oscurece”, funciona tanto el poder de la verdad como el de la mentira.

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