Economía

Apuntes para entender y encauzar la crisis

El gobierno electo heredará una economía estancada, con una inflación elevada y una situación fiscal que difícilmente permitirá expandir el gasto público, con una deuda equivalente al 90% del Producto y grandes vencimientos en los primeros meses de su gestión. Resolver definitivamente estos problemas requiere una economía que crezca de forma sostenida, permitiendo mejorar el balance fiscal, licuar el peso de la deuda y distribuir los frutos de ese crecimiento. Pero, ¿cómo se encara ese sendero de largo plazo en una circunstancia caótica? ¿De qué forma se piensa en el desarrollo sin domesticar los problemas del día a día en el inicio del mandato?

Para volver a crecer, el nuevo mandatario deberá estabilizar la macroeconomía. Esto implica disipar la incertidumbre reinante para que cese la caída de reservas, disminuyendo la inflación y dando una solución al problema de la deuda. Una vez atacadas estas cuestiones, estarán dadas las bases para pensar en un sendero de crecimiento sostenible. Pero poner en práctica un esquema de este tipo no será fácil.

Si bien caben muchos diseños posibles, resalta la necesidad de un plan de estabilización creíble. Para este objetivo, entre otras cosas, hace falta partir de una combinación de tarifas públicas-tipo de cambio-salario real sobre la que exista consenso y no provoque tensiones inflacionarias. Así, no harán falta movimientos de precios relativos que alimenten el ritmo de aumento de precios. Este componente no fue tenido en cuenta por la gestión de Cambiemos, que quiso combinar un régimen de metas de inflación con un fuerte ajuste tarifario, considerando que estas subas no afectarían al nivel general de la inflación. El fracaso de este plan resalta la importancia de los precios relativos, su legitimidad por parte de la sociedad y su sostenibilidad. Un pacto social, como el que se menciona en el entorno de Alberto Fernández, iría en este sentido, ayudando a coordinar el aumento de los salarios nominales en una magnitud compatible con la estabilización buscada.

Este acuerdo no reemplaza las políticas monetarias y fiscales necesarias para una desinflación duradera, sino que las complementa. La prudencia en estos ámbitos refuerza la sostenibilidad del plan, al mismo tiempo que mejora las condiciones de financiamiento. Para esto también hará falta una rápida resolución al problema de la deuda, que brinde margen de acción al Estado nacional para realizar políticas públicas que ayuden a reducir la pobreza desde los alarmantes niveles actuales. El apoyo del FMI (materializado en una extensión de los plazos de pago del stand-by) será necesario para retornar al mercado privado de crédito. Con la complicidad de este organismo, se podrá afrontar más exitosamente una renegociación con acreedores privados.

Si estas condiciones necesarias se cumplieran, la economía argentina podría estabilizarse. El camino es angosto y los riesgos múltiples, pero las estabilizaciones exitosas suelen impulsar el crecimiento del empleo y el salario, tan postergados en los últimos tiempos. Una vez normalizada la situación, el horizonte de planificación se ampliará y permitirá llevar adelante políticas que impulsen las exportaciones, resolviendo problemas estructurales sin volver a caer en el atajo del endeudamiento. Al mismo tiempo, podrán implementarse medidas que mejoren las condiciones sociales, luego de años de deterioro.

El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.

Dejá tu comentario