Opiniones

Argentina entre México y Brasil: más allá de López Obrador y Bolsonaro

La actual visita del presidente electo Alberto Fernández a México podría leerse como una suerte de búsqueda de alternativa económica y política a unas evidentes malas relaciones entre el futuro presidente argentino y Bolsonaro.

A semejanza de los que ocurre a nivel global, donde las potencias de primer orden (Estados Unidos, China, Rusia) procuran constantemente los realineamientos necesarios en la búsqueda del mantenimiento de un balance de poder, Latinoamérica como región busca de la misma manera su propia armonía política y económica.

En el “pago chico latinoamericano” las grandes potencias económicas son Brasil, México y Argentina, en este orden de importancia relativa: son los países de la región que han logrado por diversos factores (tamaño, población, industrialización) superar un estadio primario de países periféricos y disputar una mejor condición geopolítica en el tablero mundial.

En esta continua pugna entre países, el interés nacional de cada uno de ellos es (siempre) el principal impulsor en el ejercicio del poder relativo y guía para el desarrollo. Así, en tanto naciones semiperiféricas, tienen continuamente un ojo puesto en la captación de los procesos industriales de segundo orden (que permitan un mayor desarrollo económico) y otro en lograr alineamientos políticos que alimenten estas relaciones por el mayor plazo posible.

En tal sentido, la singularidad argentina, signada por la ausencia de un proyecto político nacional común, ha propiciado el estancamiento de su economía. Más allá de la potestad de una estructura productiva adecuada para la atracción de procesos complejos, los vaivenes en las relaciones internacionales no han permitido consolidar un camino firme hacia el desarrollo.

El Mercosur, en este contexto, es indudablemente el gran proyecto geopolítico en el cual Argentina se sostiene desde los ’90 del siglo pasado, asumiendo a Brasil como su principal socio estratégico. No obstante, a pesar del tiempo pasado, no ha prosperado en la línea que soñaban sus impulsores y patrocinadores.

Tanto las reticencias que han surgido por parte de los industriales argentinos a la “armonización imperial” con el gigante brasileño (la adopción de las practicas del Estado hegemónico por parte del Estado seguidor), la falta de voluntad por perfeccionar políticamente el área de libre comercio incompleta que hoy sería Mercosur y la falta de adaptación competitiva (que desde un principio favoreció a Brasil) han terminado minando las relaciones comerciales y arrastrando las relaciones políticas.

Como ejemplo, valen los repetidos reclamos (a veces airados) por parte de la Federación de Industrias del Estado de San Pablo –FIESP- en cuanto a los incumplimientos de plazos de la industria automotriz argentina en la convergencia industrial, que finalmente ha terminado encarnándose en una distinta preferencia de este influyente colectivo empresarial en la manera de relacionarse de Brasil con el mundo: la prescindencia del vecino estratégico, jugando como lonely runner su propia política externa.

La administración Bolsonaro viene dinamitado desde la retórica el Mercosur y desde los hechos avanzaría en acuerdos bilaterales que son contrarios a la estructura del acuerdo. Aparentaría ser que finalmente la “paciencia estratégica” llega a su fin.

Con este panorama sobre el Mercosur, la actual visita del presidente electo Alberto Fernandez a México, la otra pata del tridente de poder regional, podría leerse como una suerte de búsqueda de alternativa económica y política a unas evidentes malas relaciones entre el futuro presidente argentino y el actual morador del Palacio de Planalto.

Desde la lógica geopolítica, la alternativa que manejó Argentina a una unión con Brasil ha sido siempre sumar a México como aliado regional, buscando un equilibrio de fuerzas: este ejercicio ha sido común diplomáticamente, reflejado en posiciones compartidas en Naciones Unidas, contrarias a los anhelos brasileños.

Un ejemplo de esto último es el grupo llamado Unidos por el Consenso, del que participan ambos países (junto con Italia, Corea del Sur y Pakistán) con una posición refractaria al llamado Grupo de los Cuatro, integrado por Brasil, India, Japón y Alemania, que comparten el deseo común de ser miembros permanentes del Consejo de Seguridad.

Pero obviar los fuertes lazos económicos argentino-brasileños y/o pensar que México puede atemperar cualquier tipo de falta en esta relación estratégica es un grave error: con sus grandes falencias, desequilibrios y desigualdades, la política automotriz común de Mercosur ha sido (y puede seguir siendo) la gran llave para el crecimiento de las relaciones económicas entre ambos vecinos y el desarrollo y/o mantenimiento de un acervo industrial de consideración.

La complementación entre ambos países es intensa. Comercialmente, el 16% del total de las exportaciones argentinas tienen destino brasileño, incluyéndose además prácticamente el 70% de las exportaciones de automóviles y utilitarios. En tanto que el 8% de las exportaciones brasileñas tienen destino argentino, con una participación que el año pasado era del 75% del total de las exportaciones automotrices y que debido a la crisis argentina actualmente este guarismo gira en torno del 50%.

Por el contrario, las exportaciones hacia México representan tan sólo un 1,2 % del total, incluyendo el 2,9 % del total de exportaciones automotrices y a su vez la balanza comercial es significativamente deficitaria (en más de 1.500 millones de dólares).

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Exportaciones totales de automóviles y utilitarios (en unidades) de 2018.

Exportaciones totales de automóviles y utilitarios (en unidades) de 2018.

En definitiva, más allá de la buena sintonía en términos político-ideológicos que pueda existir entre el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Alberto Fernández, en términos económicos esta relación no resulta de gran relevancia para la actual coyuntura, si bien pueden generarse a futuro importantes avances en terrenos como las telecomunicaciones, la industria aeronáutica e inclusive la industria automotriz si se consideran las posibles complementaciones productivas.

En tanto sí que sigue siendo muy relevante la mejor sintonía posible entre Fernández y Bolsonaro para superar los actuales avatares económicos locales, que también están afectando en gran medida a la economía brasileña. En números, desde el Instituto Brasileiro de Economía de la Fundación Getulio Vargas (Ibre-FGV) estiman una caída de medio punto del PBI brasileño como consecuencia de la crisis argentina, fundamentada no solamente en los menores despachos de automóviles sino también en una menor demanda de productos intermedios.

Finalmente, en vista de las divergencias ideológicas actuales entre los líderes políticos de ambos países, se prevé que primará el interjuego diplomático como variable de conciliación, en miras de alcanzar un objetivo que los trascienda personalmente y permita el resurgimiento económico de sus pueblos y (porque no?) del tan desacreditado Mercosur, ya sea en su actual configuración o en una más aggiornada a los tiempos que corren, donde la competitividad está exigiendo mayores compromisos.

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