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Arrinconan a Rosenkrantz con “agenda” para fallos sensibles

OTRA BATALLA INTERNA EN LA CORTE SUPREMA: PEDIRÁN QUE EXISTA CRONOGRAMA PÚBLICO DE SENTENCIAS - Lorenzetti, Maqueda y Rosatti presionarán para que máximo tribunal adopte modelo de EE.UU. y se fijen casos a tratar y calendario de fechas . Recorte de poder

En medio de un clima de rebelión, la Corte Suprema volverá a desnudar parte de su "grieta" interna con una jugada que busca acorralar al nuevo presidente del máximo tribunal, Carlos Rosenkrantz. En silencio, pero de manera coordinada, una mayoría de supremos exigirá en los próximos días que se instaure un calendario que fije una agenda pública para las resoluciones clave, lo que derivará en dos certezas: un cronograma de fallos sobre los que se pronunciarán los ministros y la fecha en la que se concretarán esas decisiones. La iniciativa abre múltiples aristas, pero también amenaza con crear una hecatombe en el cuarto piso del Palacio de Tribunales con el recorte de la estratégica atribución del manejo de los tiempos que siempre quedaba en manos de la presidencia. Sería inédito para el Poder Judicial como avance institucional pero, a su vez, implicaría que a través del espejismo argumental de emular lo que ocurre en la Corte de los Estados Unidos, se dirima también parte de la interna política que discurre en los pasillos del cuarto piso de Talcahuano 550. Los "plazos" de Rosenkrantz en su primer mes de gestión profundizaron fricciones y animaron realineamientos tácticos.

Los ecos del almuerzo que compartieron Mauricio Macri -secundado por Marcos Peña y Germán Garavano- con Rosenkrantz y Elena Highton de Nolasco todavía no se aplacan en el mundillo judicial. Ayer eran varias las apuestas sobre si el Gobierno había hecho salir o no al momento de la foto oficial del encuentro a los influyentes asesores presidenciales José Torello y Fabián "Pepín" Rodríguez Simón que almorzaron en un despacho contiguo. A los tres ministros que declinaron la invitación o simplemente nunca confirmaron asistencia les habían advertido que los integrantes de la "mesa judicial" iban a estar presentes en la reunión. Como reflejo, la Casa Rosada se apuró a calificar de "mayoría peronista" a los díscolos, sin reparar que la "Triple Entente" compuesta por Ricardo Lorenzetti, Horacio Rosatti y Juan Carlos Maqueda mantienen una alianza táctica por intereses comunes pero con motivaciones diversas. Hoy, los cañones le apuntan a Rosenkrantz. De hecho, esa "mayoría" no siempre quedó plasmada en los fallos que se firmaron. Por otro lado, el realineamiento de Lorenzetti era previsible: la Casa Rosada nunca negó haber auspiciado el recorte de su mandato para forzar su despedida de la presidencia. ¿Lo contaban como aliado? El resultado del almuerzo exhibe sinsabores para el oficialismo: Rosenkrantz -cuya posición no requería sondearlo en un almuerzo- preside una Corte que maneja su propia (e imprevisible) dinámica, a diferencia de los tiempos en que Cristina de Kirchner podía hacerse una idea del panorama que le esperaba a través de una charla telefónica con Lorenzetti.

Si prospera la presión de la "Triple Entente" con la creación de un cronograma preestablecido de sentencias, Rosenkrantz deberá ceder uno de los atributos que colaboraron a erigir el poder político de Lorenzetti: su manejo de los tiempos de la Corte. El escenario del planteo será la reunión de Acuerdos, mismo lugar en el que coincidieron en la incomodidad de concurrir al almuerzo. Pedirán además que sea público y accesible a través del Centro de Información Judicial, con los datos y movimientos de los casos, hoy asequibles online, número de expediente mediante. Los efectos del fin del misterio serán intra y extra muros: no habrá especulaciones sobre cuándo habrá resoluciones importantes, pero también acotarán los plazos para el giro interno entre vocalías, espabilando a las más demoronas. Rosatti ya hizo público que ningún expediente pasa más de 90 días de análisis en su despacho y avanzará con otro punto conflictivo entre los aliados: "colgará" de su web personal su declaración jurada patrimonial. En el cuarto piso estiman que también se reducirá el margen de lobby de los grandes estudios de abogados (y también del Gobierno). Será un contraataque sobre el protocolo de publicación de información diseñado por Rosenkrantz que algunos jueces leyeron como un método para conocer de antemano sus posiciones. El objetivo declamado será la "transparencia" y la "celeridad", dos ideas fuerza a las que el presidente de la Corte se había comprometido si era electo. Con fallos clave en la mira, en materia previsional, de pago de Ganancias y de otros asuntos sensibles, la copia el modelo norteamericano de cronograma para el máximo Tribunal despejará la incertidumbre sobre el orden que adquieran los fallos y anulará su lectura de oportunidad política, una de las herramientas sobre las que (por temor o conveniencia) se asentó el poder de la Corte. Y abrirá un nuevo frente de batalla entre los jueces del máximo Tribunal.

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