Economía

Autos: libre comercio con Brasil y México debe ser previo a UE

La Argentina viene postergando la apertura del sector por la falta de competitividad ante esos dos países. Ahora, debe avanzar en reformas como la impositiva y laboral. Está previsto para 2022 con el país azteca y en 2023 con el socio del Mercosur

Con la firma del acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, la industria automotriz local enfrenta un desafío mayúsculo, pero si bien en estos días todas las miradas se concentraron en lo que puede suceder cuando este tratado esté en marcha, la Argentina tiene mucho antes dos temas pendientes de gran importancia para el sector automotor: el libre comercio con Brasil y con México.

Estas dos negociaciones se vienen llevando a cabo desde hace varios años, y especialmente la apertura con el país vecino tiene que ser un paso previo para lo que suceda con la UE, ya que lo convenido con el Viejo Continente es entre bloques regionales y no por países por separado.

Hace menos de dos años, el presidente de General Motors para Sudamérica, Carlos Zarlenga, dijo en una entrevista con Ámbito Financiero una frase que hoy toma mayor actualidad: “No se puede tener libre comercio con Europa si antes no lo tenemos con Brasil”.

Tal como está previsto el cronograma de negociación, el 19 de marzo de 2022 comenzaría a regir el libre comercio con México mientras que el 1 de julio de 2023 llegaría la apertura total con Brasil. En el primer caso, hoy el comercio está regulado por sistemas de cupos, en tanto con el socio del Mercosur rige un mecanismo de comercio administrado. Es un sistema de compensación que se mide con un coeficiente de intercambio (conocido como Flex) sobre la base de exportaciones e importaciones. Hoy, por cada dólar que un país le exporta al otro, puede importar u$s1,5 sin arancel. Este sistema vence el año próximo, pero se prorrogará, seguramente, por tres años más -con un Flex de 1,7- hasta la entrada en 2023 del libre comercio.

El tema de la apertura entre los dos socios principales del Mercosur viene de larga data, con recurrentes postergaciones. Ya en los 90, cuando Domingo Cavallo era ministro de Economía, se tenía como objetivo eliminar las fronteras aduaneras para 2000. Las crisis de ambos lado más las asimetrías económicas hicieron que se fuera postergando. Mientras desde Brasilia tienen una política aperturista, desde Buenos Aires siempre se rechazó por temor que la industria más poderosa terminara destruyendo a la más débil. Sin embargo, ahora es distinto. Al haber firmado un acuerdo con UE, no hay más argumentos para la Argentina de no abrirse en el bloque del Mercosur. A esto se suma que ya entre México y Brasil rige, desde hace unos meses, libre comercio bilateral. La Argentina queda forzada a avanzar en la liberación con estos dos países que ya rompieron fronteras entre sí.

La reticencia de la Argentina a una apertura tiene que ver con la falta de competitividad y tamaño de mercados. México es el país más competitivo de Latinoamérica, forzado por su vecindad con Estados Unidos, al que le vende sus vehículos. Producir un auto en la Argentina es 65% más caro que hacerlo en México y 25% por arriba de los costos de hacerlo en Brasil. El mercado mexicano de 0 km fue en 2018 de casi 1,5 millones de unidades y en Brasil llegó a 2,5 millones. En tanto, en la Argentina se están vendiendo hoy menos de 500.000 vehículos anuales.

Es por eso que las reformas estructurales que necesita la Argentina -por ejemplo, impositiva y laboral, entre otras- para ganar competitividad, no dependen de los plazos que marque la agenda con la UE, sino con lo que se quiera hacer con Brasil y con México. Lo que está claro es que la apertura con estos dos países, especialmente con Brasil, tiene que ser previa a la que se promete con Europa.

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