Autos

A rodar

Los últimos días del Gobierno de Mauricio Macri están marcados por la desolación en el sector automotor. Sin señales de pago de la deuda de alrededor de u$s700 millones en concepto de retraso en la devolución de reembolsos a las exportaciones y falta de liquidación de parte de los subsidios prometidos para el plan de descuentos en los 0 km que terminó en agosto, la despedida de esta gestión suma otro traspié difícil de entender por tratarse de una medida sin costo económico significativo pero de un valor simbólico importante. Tiene que ver con los Impuestos Internos que se aplican a los vehículos más caros del mercado. La nueva base imponible comenzó a regir ayer y tendrá vigencia hasta fin de febrero. Si bien es sabido que desde Cambiemos , durante la campaña, se había prometido eliminarlos, el problema actual no está centrado en eso. Ya es una batalla perdida. El punto es que desde el Gobierno se rechazó un pedido hecho por la asociación que agrupa a los fabricantes (ADEFA) para que los autos “ecológicos” quedaran exceptuados del pago de esa carga fiscal. No es un reclamo caprichoso. Es más bien una solicitud de coherencia en las políticas que se impulsan. Esto se debe a que la actual gestión se vanaglorió de tener una política de aliento de este tipo de vehículos no contaminantes y se ufanó de compararse de países avanzados en la materia. En ese contexto, se dispuso en su momento una reducción del arancel de importación para estos modelos que pagaban un tributo del 35% por tratarse de productos que ingresaban de países fuera del Mercosur. El esquema actual, que está vigente hasta junio de 2020 redujo esa carga al 5% para los híbridos y al 2% para los eléctricos. Una forma de incentivo para la compra de estos modelos. Si bien es cierto que se trata, en este caso, de vehículos de más de $2 millones -que no son los más accesibles- es una señal para marcar el sentido de hacia dónde se quiere ir y, además, comenzar a introducir un concepto nuevo de movilidad que, poco a poco, se irá generalizando. Lo que planteó ADEFA es que si se incentivaba la llegada de esta tecnología, por un lado, no tenía sentido castigarla por el otro. Simple de entender. Más con un impuesto que los propios funcionarios cuestionan por su espíritu. Sin embargo, no hubo forma de llegar a un acuerdo y, desde ayer, como en el juego de la perinola, “todos ponen”. Durante toda la gestión, los funcionarios actuales tuvieron un problema con este tributo -conocido como impuesto a los “autos de lujo”- porque no querían, quitándole presión impositiva a este segmento, alimentar la idea de ser una gestión que gobierna para “ricos”. En la práctica, por encarecer de manera exagerada un producto y provocar así que no se vendiese, lo que se logró fue que hubiera menos recaudación. Es decir, dinero que se podría utilizar para beneficiar a los “pobres”.

En esta columna se viene siguiendo de cerca el tema del acuerdo Ford-VW para producir una pickup conjunta en la Argentina. En esa cronología se informó sobre la visita al país, hace dos semanas, del responsable para la región de la marca del óvalo, el irlandés Lyle Watters. Estuvo en la planta de General Pacheco en compañía de su par de la marca alemana, el argentino Pablo Di Si, que dirige la compañía para América latina, desde sus oficinas en San Pablo. Precisamente, en ese lugar, en la planta de Anchieta que está cumpliendo 60 años, se volvieron a reunir el miércoles pasado, esta vez con Di Si como local. “Estuvimos sentados en esos sillones” dijo el ejecutivo a Ámbito Financiero y a un colega del diario La Nación, mientras señalaba el mobiliario de su despacho.“La relación es positiva. Estamos intentando que el proyecto llegue a buen puerto. No puedo comentar nada pero puedo decir que estamos trabajando de buena fe, de los dos lados, para que algo ocurra. El proyecto puede funcionar o no, pero creo que estas reuniones que estamos teniendo con Lyle muestran que el buen espíritu y la intención está”, agregó.

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