Cepo importador: "Si quiebro me voy con juicio al Estado"

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Los problemas que está generando la falta de dólares en el país son cada vez mayores. El sector automotor es un reflejo de esa situación que no es novedosa pero que, por distintas artimañas político-económicas, permite períodos en los que ese tema se olvida y hace vivir una cierta fantasía hasta que la realidad vuelve a golpear con crudeza. Por estos días, se está viviendo una remake de esa crisis de divisas, como otras veces, aunque de forma acelerada. En ese contexto, esta semana las automotrices comenzarán a desfilar por el Ministerio de Desarrollo Productivo para conocer cómo será el nuevo sistema de administración de importaciones que se piensa implementar para que el sector siga funcionado. Sumado a esto, se impulsarán – otra vez – medidas para fomentar el “compre nacional”. Una iniciativa loable pero de difícil concreción en el corto plazo. Se necesita tiempo para reformar una estructura productiva. También se necesita muchas cosas más para que haya inversiones en el sector autopartista que está en proceso de desmantelación. La alternativa sería salir del esquema global de producción automotriz para volver a la fabricación de autos desactualizados, como años atrás. Nadie admitió que ese sea el objetivo. En una entrevista que realizó el periodista Francisco Jueguen de La Nación, el ministro Matías Kulfas aclaró que se van a garantizar los dólares para la producción. La realidad mostrará hasta dónde y cómo podrán hacerlo pero, al menos, es una declaración de principios. La misma aseveración, por descarte, dice algo más: para la importación – en este caso de vehículos – nada está asegurado. Ese es el trabajo que funcionarios y empresarios deberán encarar en los próximos días. La palabra cupo está descartada porque choca con las normas de la OMC pero, en la práctica, no será otra cosa más que eso. Un mecanismo que sirva para saber cuántos dólares tendrá cada uno para importar y, de ahí, puedan planificar sus operaciones. Se busca dar previsibilidad aunque, dada la grave crisis de divisas, todo estará sujeto a lo imprevisible, como siempre sucede en la Argentina.

Mientras esto sucede en la superficie, pasan cosas en otros niveles. Por caso, el judicial. Las trabas a las importaciones está generando problemas de todo tipo en todos los sectores. Algunas empresas – no automotrices – ya presentaron demandas por la imposibilidad de retirar la mercadería de los puertos o para que el Banco Central libere dólares para el pago de importaciones. En algunos casos, tuvieron cautelares favorables. Algo de esto puede pasar en algún representante de una marca de autos importados que vive una situación delicada. Por las trabas aduaneras, no tiene vehículos y eso está provocando pérdidas muy grandes. Según pudo saber este diario, ya realizó las consultas a un estudio de abogados para avanzar en el tema y estar preparado ante la posibilidad de la toma de una decisión drástica. “Si quiebro me voy con un juicio al Estado” le confesó este empresario a un colega. El problema no es sólo para importaciones futuras sino para las ya realizadas que, además, están pagadas y demoradas en el puerto. Se calcula que hay unos 7.000 vehículos en la aduana de los importadores de los cuales, alrededor de la mitad, ya fueron pagados por lo que los dólares ya salieron. Lo que va a provocar este freno a las importaciones, lo único que va a suceder es que haya menos competencia. Este segmento representa entre 3% y 5% del mercado y funciona como un mecanismo para que los precios no suban más de los que aumentan. Con el cupo que se piensa aplicar, el mercado va a tener menor oferta y eso se reflejará en los precios y en los sobreprecios. En algunas concesionarias de marcas de alta gama, ante la falta de modelos y con este panorama más restrictivo, ya están vendiendo autos casi al valor del “blue”. Todo control excesivo y normativas abusivas, terminan generando una economía “paralela” en base a la discrecionalidad.

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