En un auto que se exporta, el 13% son impuestos

Autos

Cuando uno se plantea un objetivo, la forma más lógica y efectiva para llegar a cumplirlo es tomando decisiones que conduzcan a esa meta. En un país, eso se logra a través de políticas y medidas concretas. En la Argentina, desde hace décadas, hay un problema estructural que es la falta de competitividad por diversos motivos que hacen que los bienes que se producen internamente sean más caros que en otros mercados. No es culpa de este gobierno, lo excede. Viene de arrastre, sin duda, pero la actual gestión, hasta ahora, forma parte de esa cadena de errores aunque, por ser presente, tienen la posibilidad de comenzar a solucionar. En estos días que tanto se habla de la falta de dólares y la necesidad de incrementar las exportaciones, es un buen momento para analizar lo que sucede en la industria automotriz. Un sector que, por su peso y su grado de globalización, puede ser una ayuda para mejorar la balanza comercial o, como lo es hoy, una fuente más de agravamiento de la escasez de divisas.

Uno de los motivos principales de esa falta de competitividad es la alta presión impositiva de la economía. Un vehículos que se vende en el mercado interno tiene, en promedio, un 54% de impuestos sobre el valor final. Esto, en este caso, hace que los 0 km sean caros para el consumo interno. El problema es que buena parte de esa voracidad fiscal queda escondida en el precio de un vehículo cuando se vende al exterior. Se estima que por cada unidad que sale del país, alrededor de 15% de su valor son impuestos. Este es un porcentaje promedio ya que depende del tipo de modelo y el grado de componente nacional que tenga. En esta cifra no tiene incluida las retenciones que hoy representan casi 4% del valor de un 0 km lo que hace que la carga fiscal se acerque a 20%. Parte de esto se recupera a través de reembolsos. Se calcula que esa devolución puede oscilar en un 7%. Difiere ya que el cálculo se realiza sobre el impacto de contenido local. Además, el reintegro se realiza con bastante demora o que hace que, en una economía inflacionaria, no sea equivalente al valor cuando se pagó. Por otra parte, la OMC tampoco valida todos los impuestos como posibles de ser reintegrados. En el balance final, después de todos estos cálculos engorrosos, el sobre costo que tiene un 0km argentino exportado es del orden de 13%. En un mundo competitivo, esa carga es demasiado pesada para sacar a los vehículos “made in Argentina” fuera de cualquier mercado.

A esto se suma que la mayor presión tributaria en el precio de un auto nacional está en la cadena de producción. Llega al 63% desde el momento en que se inicia el proceso hasta que sale de la planta. Los impuestos distorsivos son variados. Van desde Ingresos Brutos, a los créditos y débitos, tasas municipales y demás. El otro 37% se aplica en la etapa de comercialización. En Brasil, la carga fiscal en la cadena productiva es de 39% mientras que en México es 0%. Este país sólo aplica impuestos a los vehículos producidos durante la comercialización, no en la fabricación, lo que hace que sea la industria más competitiva de la región. Es por eso que fabricar un 0 km en la Argentina sea 25% más caros que en Brasil y 65% por arriba de los costos mexicanos. Con esta relación, las fábricas locales –salvo excepciones– están limitadas a venderles autos a Brasil por el régimen automtor común, que establece un sistema de intercambio compensado.

El Gobierno decidió días atrás bajar los derechos de exportaciones que se aplican en el sector automotor. La medida, en principio, puede parecer significativa pero el detalle de la norma muestra que sólo es para exportaciones incrementales fuera del Mercosur. Con lo explicado anteriormente, la incidencia que tendrá esta iniciativa será escasa ya que el desfase impositivo de la Argentina, con la de los otros dos países con terminales automotrices de la región, es tan grande que la posibilidades de aumentar sus ventas fuera de Brasil son limitadas. Una medida efectiva sería la de replantear el esquema tributario de todo el sector para que un 0 km nacional que se exporte no esté castigado con ese 13% de sobrecosto. De otra manera, postular la necesidad de aumentar las exportaciones, sin tomar medidas para llegar a ese objetivo, quedará como una mera expresión de deseos.

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