26 de noviembre 2019 - 00:01

La argentina incierta

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Con un final de ciclo político peor a lo imaginado, cuando su inicio despertaba lógicas esperanzas, la industria automotriz tiene sus ojos puestos en la etapa que comienza. Sin embargo, a diferencia del pasado, saben que el camino, esta vez, será más arduo. Son tantos los problemas que se vienen arrastrando – por impericia de la actual gestión y de las anteriores - y tan difíciles las soluciones, que la ilusión no está invitada a esta partida. Para tener una idea del momento crítico que está viviendo el sector, ninguna empresa avizora una mejoría para el 2020. Todos los escenarios son de lúgubre estabilidad o de retroceso. Sólo para quienes no vivieron la realidad del país en los últimos meses, vale recordar que el punto de referencia -2019 – cierra con el penoso registro de mostrar unos de los mayores derrumbes de actividad de que se tenga memoria, con una caída del mercado interno cercana al 50%, en relación al año anterior. La comparación, está claro, se realiza con un año para el olvido. Por eso, que no haya ni una mínima expectativa de recuperación, aunque sea leve, ante el aire fresco que siempre trae un debut gubernamental, es lo más contundente para describir el momento actual. Inflación, tasas elevadas, presión impositiva, imprevisibilidad cambiaria, castigo a las exportaciones y, por consiguiente, falta de competitividad, son los principales desafíos de Alberto Fernández y su equipo en la agenda a resolver.

Con una recesión que inicia su noveno año, con el principal mercado de exportación – el brasileño – que crece a ritmo demasiado lento y el escenario desalentador para los próximos meses, la industria automotriz es una bomba de tiempo. No todas las empresas están en igual situación. Un grupo reducido lograr capear el temporal en base a la actividad exportadora, otro sobrevive a la espera de proyectos de nuevos modelos de producción local que están en desarrollo y, un tercero, en profundo proceso de ajuste cercano a la desaparición. Todo esto sumado a que la industria automotriz mundial – por cuestiones económicas y cambio de tendencias de consumo – enfrenta un panorama de profunda reestructuración. Demasiadas variables para la frágil e incierta Argentina.

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