Pandemia: lento regreso de producción autos

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No va a ser fácil volver a la normalidad. Ni para las terminales, ni para las concesionarias. Casi todas las fábricas adaptaron sus procesos de producción a los requisitos sanitarios que exige el Gobierno y el reinicio de actividad se hará en base a los nuevos protocolos de distanciamiento social e higiene. También, todas presentaron la solicitud de apertura en sus respectivos municipios y cuentan con el visto bueno informal para regresar a la actividad. Falta la confirmación oficial. Pero ese no es el único problema. Que las automotrices tengan todo listo para el “Día 0” no todo depende de ellas. El problema principal pasa por los autopartistas. En esta rama, todo viene más lento. En la provincia de Córdoba, las autorizaciones están más avanzadas. Vale recordar que la planta de cajas de cambio de Volkswagen está trabajando desde hace dos semanas. Es una señal. En ese distrito, ya casi todos los autopartistas están siendo habilitados. Fiat, por ejemplo, tiene previsto comenzar a producir el lunes 18 en su planta de Ferreyra. Todavía necesita que algunos proveedores radicados en la provincia de Buenos Aires cuenten con el aval oficial. La misma suerte corre Renault que espera estar otra vez en actividad la semana próxima. Empezará con piezas de estampado para la exportación a Brasil y, después, seguirá sumando actividades. En el caso de Nissan (comparten el mis predio industrial) planea su reapertura para junio. Distinta es la situación en el Gran Buenos Aires. Volkswagen, Toyota y Honda podrían empezar esta semana, si los municipios autorizan, pero la traba principal pasa por los autopartistas. En la provincia, las autorizaciones vienen más lentas y son muchos los proveedores que todavía están con trámites en marcha. El tema de la movilidad. Las automotrices tienen más posibilidades de gestionar el transporte para sus empleados; en los autopartistas es más difícil. En los municipios no quieren que trabajadores de un distrito vayan a otro por el tema de los contagios. Por ejemplo, en Zárate, querían que las empresas abrieran únicamente con trabajadores de ese municipio. Parece complicado que liberen a todos antes del miércoles lo que ya haría que pase la decisión de apertura para la semana próxima. El caso de Honda es particular porque la terminal ya tiene en su planta todas las piezas que necesitan para producir las últimas unidades del SUV HRV en el país. Una vez hechas, dejará de producir autos en la Argentina, como se había anunciado, para concentrarse en motos. Ford tiene previsto retomar la actividad de su planta el 18 de este mes, tal como le comunicó al personal. El Grupo PSA también notificó a sus trabajadores que regresaría la producción el 25, aunque puede haber una postergación mientras que Mercedes-Benz no tiene , por el momento, una fecha de regreso, más allá de haber presentado el pedido y adecuado las instalaciones a las nuevas reglas de juego. Tampoco General Motors, en Santa Fe, cuenta con una fecha de reinicio de la actividad. Más allá de este cronograma, la preocupación en las terminales es cómo funcionarán ante los cambios profundos que trajo la pandemia. Uno de los temas más sensibles para volver al trabajo es la incertidumbre respecto a lo que puede suceder en caso de abrir las fábricas y que, con el correr de los días, aparezca un personal contagiado de coronavirus y deban volver a cerrar. No es una producción sencilla, requiere de mucha logística y una parate sorpresivo altera todos los planes. Se aprenderá sobre la marcha.

En las concesionarias hay otros problemas. En Capital reabren desde el jueves. Se espera que rápidamente habiliten también el en GBA porque, de lo contrario, habría una arbitrariedad comercial. Por distintas razones, la preocupación en el sector pasa por el corto y el mediano plazo. En el primer caso, hay incertidumbre de precios. Ahora saldrán a vender 0 km comprados con un dólar a $65 o menos pero no saben a cuánto van a reponer dentro de cuatro o cinco meses cuando, se espera, esté normalizada la producción y la importación. Este es un supuesto bastante discutible ya que nadie puede aventurar cuándo se supera la pandemia. Es por eso que, si bien se venderán autos alentados por el dólar “blue”, como viene comentando Ámbito Financiero, muchas concesionarias tratarán de defender su stock. “No puedo vender todo lo que tengo si después no voy a poder reponer la misma cantidad porque los precios subieron. ¿Alguien puede garantizar cuánto estará el dólar en agosto?” explicó un dealer. Así las cosas, habrá que prepararse para un mercado con menos descuentos y faltante de muchos modelos. Va a ser una puja interesante. En el largo plazo, el problema es distinto. ¿Cuántas concesionarias sobrevivirán a esta megacrisis? Hay muchos locales que ya no volverán a abrir. Todos los días se sabe de uno nuevo. Cuando se autorice el funcionamiento de todos los distritos aparecerá la realidad. Será como sacar un manto que cubrió durante varias semanas un sector que se fue derrumbando y ahí se verán cuáles empresas siguen de pie y cuáles se convirtieron en escombro. Pero no sólo habrá caídos por la crisis en sí, sino también por cuestiones más profundas. Muchas concesionarias están en manos de empresarios de larga trayectoria que ya, cansados de los avatares argentinos, están dispuestos a dar un paso al contado. Están más para disfrutar la vida que para realizar nuevas inversiones de alto riesgo. La mayoría de estos empresarios no tienen descendencia o, si la tienen, están volcados a otras actividades. El coronavirus lo provocará es el cambio profundo en las formas de comercializar vehículos y las concesionarias, tal como se las conoce hoy, irán perdiendo peso. ¿Cuántos empresarios habrá que quieran invertir en un sector en retroceso? No serán muchos o, al menos, no tendrán la misma pasión que sus antecesores. Es por eso que muchas concesionarias cambiarán de manos o desaparecerán. Vale contar el caso de un planteo que hizo Toyota una década atrás a su red de concesionarios. Los reunió en una jornada de trabajo y les planteó que la empresa tenía planes por los próximos 100 años. Directamente, les preguntó a los empresarios si ya estaban trabajando en sus sucesores. “¿Cuántos de ustedes van a estar con nosotros?”, fue la consulta. En el sector, en general, se podría formular otra pregunta: ¿cuántos van a seguir estando?

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