Política

Avatares de la cumbre‌

El Colón, centro social del G-20, rindió como nunca. Ivanka, Máxima, Angela y Modi, en el top ten. Regalos curiosos para un equilibrio entre China y EE.UU. Bilateral impensada con Putin. El secreto mejor guardado en la Casa Blanca. Macron, el invitado preferido por el Gobierno y la OCDE. P. 6

Recepción. El G-20 todo fue un festival de poder que algunos supieron aprovechar y otros ni siquiera lograron terminar de comprender el fenómeno que implica tener bajo el mismo techo y durante 48 horas a los líderes que representan el 85% del producto bruto mundial. Muchos de esos presidentes se dispersaron antes, durante y después por Buenos Aires para tantear la gastronomía local fuera de los menús oficiales, lo que aportó más aire fresco a la cumbre. Tanto encierro dentro del centro Costa Salguero, con la seguridad que implican estas cumbres, tuvo un momento de distensión en la gala del Teatro Colón, limitada a invitados especiales, funcionarios y unas pocas decenas de empresarios. Para la previa de ese encuentro se cerró la Plaza Vaticano y, champán mediante, el Gobierno fue recibiendo a los invitados. La lista parecía acotada en cantidad, pero recién al ingresar a la sala del Colón apareció la respuesta: el teatro estaba limitado en capacidad tanto por una cuestión de seguridad como por la ubicación en la tercera fila de palcos de los cañones láser que brindaron los espectaculares efectos en cada acto de la puesta del Argentum. En esa previa apareció todo el Gobierno con Marcos Peña a la cabeza, Federico Pinedo y su mujer Teresa Urriza, Daniel Pelegrina con su esposa, Carlos Rosenkrantz y señora, Alfredo Coto, Paolo Rocca (más afable que de costumbre a pesar de los problemas), María Eugenia Vidal y parte de su gabinete, Gabriel Martino del HSBC. Algunos prefirieron entrar antes y no quedar expuestos al agradable sol del viernes pasado. Para hacerlo, todos los invitados, sin excepción y esto incluye a ministros, tuvieron que pasar por revisión y detectores de rayos como si se tratara del embarque de un vuelo. Adentro la platea tampoco estuvo colmada y hasta hubo alguna protesta porque se había limitado la lista de invitados cuando en realidad el lugar sobraba. Hubo casi una hora para intercambiar anécdotas hasta que los presidentes comenzaron a llegar, aunque recién ingresaron al palco presidencial y los que lo rodean cuando todos estaban dentro del teatro. Así en la sala ya se comentaba que Macri se había salido de la mesa del besamanos al menos dos veces, en una justo cuando llegaron Emmanuel Macron y su esposa Brigite, que fueron recibidos por Juliana Awada y Horacio Rodríguez Larreta. No está mal protocolarmente porque en realidad la regla indica que quien recibe en el Colón es el dueño de casa, es decir, el jefe de Gobierno porteño. Así fue siempre hasta que el protocolo se relajó hace décadas, al punto que los Kirchner terminaron eliminando la velada de gala en ese teatro de los eventos que se organizan para recibir a mandatarios extranjeros. Claro, ellos nunca controlaron políticamente la Ciudad de Buenos Aires y por eso en las (no muchas) visitas que hubo al país durante el Gobierno anterior, el Colón casi no existió.

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 Carlos Rosenkrantz y Pablo Avelluto, en la previa de la gala, champán de por medio, en la Plaza Vaticano.
Carlos Rosenkrantz y Pablo Avelluto, en la previa de la gala, champán de por medio, en la Plaza Vaticano.
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Federico Pinedo y su mujer, Teresa Urriza, Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural. y su esposa Catalina antes de ver el espectáculo.
Federico Pinedo y su mujer, Teresa Urriza, Daniel Pelegrina, presidente de la Sociedad Rural. y su esposa Catalina antes de ver el espectáculo.

Relax. En el ranking de los visitantes más aplaudidos, Macron y su mujer quizás estén en el tope. Entre los más asediados por las mujeres argentinas, el premio fue para Justin Trudeau. El francés fue aplaudido en el Colón cuando terminó la gala, una ovación que también disfrutaron Donald Trump y su esposa Melania aunque no está claro si fue destinada a ellos o gozaron de la que realmente estaba destinada a Macron. El francés siguió con su mano sobre la baranda los ritmos telúricos que integraban cada acto del Argentum. Lo mismo hizo la esposa de Xi Jinping, Peng Liyuan. Es obvio: ella es aún mas famosa que su marido como soprano, por lo que estaba embelesada con el Colón. Macron y su esposa tuvieron quizás el tratamiento más íntimo por parte de los Macri. No sólo porque fueron invitados el viernes al bucólico almuerzo a solas en el Delta, sino porque culturalmente es mucho más lo que une a ese país a la Argentina que casi cualquier otro de los presentes. Además, Macron dejó de regalo otro apoyo firme a que el país ingrese a la OCDE. En esa negociación es clave por Argentina Marcelo Scaglione, que no sólo fue compañero de facultad de Macron en Francia, sino que aún sigue siendo amigo personal del presidente galo. Hubo otro hito en esa visita, que no fue casual, en la Usina del Arte, cuando Macron se reunió junto a la colectividad francesa y los niños del coro del Liceo Jean Mermoz de Buenos Aires (uno de los puntales más importantes de Francia en el país ya que el establecimiento integra la Agencia de Educación Francesa en el Exterior) le cantaron allí la Marsellesa. Otra que se llevó las palmas en el Colón fue Ivanka Trump. Ingresó antes que su padre junto a su marido, Jared Kushner (involucrado en el escándalo por el hackeo ruso contra Hillary Clinton en medio de la campaña presidencial estadounidense) y se sacó selfies con la sala del teatro de fondo. Junto al indio Narendra Modi, Angela Merkel y Máxima Zorreguieta, fue el grupo más animado en el teatro.

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POSTALES. La protesta contra el G-20 estuvo lejos de los disturbios de otras ocasiones.
POSTALES. La protesta contra el G-20 estuvo lejos de los disturbios de otras ocasiones.

El secreto. El sábado, mientras la prensa argentina, casi sin noticias, se dedicaba a regodearse con el menú y los vinos de la comida con que la Casa Blanca había planificado “ablandar” al premier chino Xi Jinping en un pasillo del Palacio Duhau (la decisión de agrandar la comitiva y adelantar la comida no dejó otra posibilidad) y que se prolongó una hora más de lo previsto inicialmente, a todos -menos a este diario- se les pasó por alto lo más importante: lo que entraba y salía en la copa de Donald Trump no eran los elixires de la familia Catena Zapata, sino de una pedestre Diet Coke adecuadamente escondida en una jarra de vidrio (si la situación lo “aprieta”, se lo ha visto recurrir al jugo de uvas al momento del brindis). Si bien es fan de las “botellitas”, el Donald es capaz de tomarse hasta una docena de latas del mejunje por día. Antes de juzgar, es menester entender que su proverbial rechazo al alcohol -a los cigarrillos y las drogas; su única excepción es cuando comulga- se entiende con la muerte de su hermano “Fred” (Frederick Christ Jr.), 8 años mayor y padrino en su primer matrimonio, quien murió a los 42 años en 1981 por complicaciones causadas por su dependencia del alcohol y el tabaco. Los problemas de Fred con el alcohol -a quien Donald siempre consideró el más brillante de la familia y que a pesar de su adicción le insistía conque: “No tomes. Nunca”- arrancaron en 1968, llevándolo a un temprano divorcio y a abandonar su carrera de piloto comercial, terminando sus últimos años trabajando de “mantenimiento” en uno de los edificios paternos.

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Paolo Rocca en medio de las plateas del Colón esperando que comenzara el Argentum
Paolo Rocca en medio de las plateas del Colón esperando que comenzara el Argentum

Millonarios. De todos los jefes de Estado visitantes, el único que realmente confirmó inversiones concretas y prontas fue Lee Hsien Loong, el primer ministro de la República de Singapur, quien compitió casi cabeza a cabeza con el príncipe heredero saudí, Mohamed bin Salman, como el más rico del evento. Loong es hijo del primer jefe del Gobierno singapurense tras la independencia, Lee Kuan Yew, y accionista de las principales empresas de servicios públicos de ese estado e impulsor de un capitalismo extremo que llevó a definir a Singapur como el país más competitivo del mundo. Loong heredó gran parte de esa fortuna luego del fallecimiento del padre de la Nación el 23 de marzo de 2015 a los 91 años, en medio de una disputa con su hermano y su hermana que es un clásico de los tabloides singapurenses. Lee Hsien Loong tuvo formación norteamericana (es administrador de empresas egresado de Harvard), y es conocido en el mundo por considerar los negocios personales con los del estado, algo poco criticado en un país donde el ingreso per cápitaes de los tres más alto del mundo y donde la prensa independiente es casi inexistente. Este visitante fue el primero en organizar una bilateral con Mauricio Macri el mismo jueves por la mañana en un desayuno en Olivos, y en confirmar que la intención de Singapur son inversiones directas. A poco de comenzada la cumbre, aseguró que desde el próximo año su país comenzará a invertir en Vaca Muerta para refinar petróleo en territorio de Singapur, habló de “importar” plataformas petroleras (“las más modernas del mundo”, aseguró el visitante), de presentarse a una próxima licitación en el puerto de Buenos Aires y avanzar en la explotación de litio en el norte del país. El propio Lee Hsien Loong dijo que es “vergonzante para él” que su país sólo importe por 40 millones de dólares y se comprometió a triplicar ese número “ya en 2019”. La “buena onda” del primer ministro de Singapur con Macri tiene su explicación. A la derecha del visitante, y con un cargo de “cónsul honorario” de estatus de negociador plenipotenciario del país asiático, se sentó, Nicolás “Nicky” Caputo, amigo de la vida y uno de los hombres más influyentes en Mauricio Macri. Y, obviamente, beneficiario de todos los negocios que su amigo de Singapur haga en el país.

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Emmanuel Macron y el argentino Marcelo Scaglione, amigos. El francés volvió a apoyar el ingreso a la OCDE.
Emmanuel Macron y el argentino Marcelo Scaglione, amigos. El francés volvió a apoyar el ingreso a la OCDE.

Merkel, a tiempo. Sorprendió, otra vez, Angela Merkel a los líderes mundiales. Fue la última en llegar debido a un problema en el avión oficial de Alemania y debió tomar tres vuelos para llegar el viernes por la tarde a Buenos Aires. Toda su delegación totalmente exhausta prefirió descansar para las jornadas laborales que debían enfrentar el sábado. Sin embargo, la canciller alemana se tomó sólo una hora desde que llegó a su habitación hasta estar en tiempo y forma en la recepción del Teatro Colón: pero además, con una sonrisa contagiosa que entusiasmó a todos los ocupantes del palco presidencial desde donde los jefes de Estado siguieron el evento. Antes que nada, Merkel se disculpó ante Juliana Awada porque su esposo Joachim Sauer no había podido estar presente en el evento de “primeras damas” en la Villa Ocampo el viernes al mediodía, aclarando que había sido decisión de ella misma que esté en el lugar para reafirmar el “derecho de género”. Sauer prefirió quedarse en Berlín cuando el avión oficial no pudo seguir viaje a la Argentina, y atender cuestiones personales en su país. Sauer (amargo en alemán), es profesor de Química en la Universidad de Humboldt, cultor del perfil bajo y enemigo de las recepciones oficiales. Por todo esto la prensa germana acreditada en el G-20 esperaba su presencia en la Villa Ocampo para poder acceder a una foto con Sauer y Melania Trump. No pudo ser. Lo que sí pudieron observar es a una Merkel -quien ya ha anunciado que se retirará la política en 2021- disfrutando de una cumbre casi de local. Incluso obligó a sus funcionarios de protocolo a conseguir una parrilla clásica para degustar carne argentina. El local elegido fue Don Julio, donde varios diplomáticos de la embajada alemana coinciden eventualmente con otros colegas europeos. Merkel pidió cortes varios, tomó Malbec El Enemigo (del sommelier argentino Alejandro Vigil) y culminó la faena con un helado de dulce de leche con flan de la casa. Al salir del lugar fue ovacionada como una rock star por los vecinos y visitantes palermitanos, con el valor agregado de alguna que otra selfie de recuerdo con la mujer más poderosa del mundo. Antes tuvo un encuentro con empresarios y representantes de la comunidad alemana en la Argentina, donde recordó que su origen profesional es ser profesora de Latín e Inglés, y que ya de madura se interesó en la política. “Nunca es tarde para empezar”, fue la enseñanza que dejó en el encuentro. Mencionó luego algunas cuestiones personales, incluso que no tiene hijos, y, dentro de la política internacional, habló de sus buenas relaciones con Vladímir Putin. El único encuentro donde se le vio una posición algo dura fue en la bilateral con Mauricio Macri. Más allá de la diplomacia, dejó claras tres posiciones duras: 1- Alemania apoya irrestrictamente al país ante el FMI, pero siempre que ejecute las reformas a las que se comprometió; 2- antes de pedir más inversiones de terceros países, se le debe demostrar al mundo que son los propios argentinos los que confían en su país y los que más invierten; y 3- no hay diferencias en el exterior entre Macri y la oposición y a los ojos del mundo; son tanto el actual presidente como los partidos opositores, incluyendo Cristina de Kirchner, los que deben mostrar confiabilidad internacional.

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Polo. El Presidente Chino, Xi Jinping, recibió un curioso regalo en Olivos: un majestuoso ejemplar de Polo Argentino, un caballo de exportación y de excelencia argentina, valuado en unos u$s20.000 y que la Asociación Argentina de Polo decidió obsequiar. La decisión se tomó luego que hace un mes el Gobierno chino autorizara la exportación a ese mercado de ganado en pie, incluyendo los equinos, y abriendo un mercado que puede ser millonario para los productores locales. Aparentemente, y sin prisa y sin pausa, los nuevos magnates chinos se están abriendo a este deporte y desde ahora podrán comenzar a comprar ejemplares directamente de la Argentina. El ejemplar que se llevará Xi Jinping fue entregado por el presidente de la AAP, Eduardo Novillo Astrada, que aseguró que hay antecedentes de jugadores de polo chinos de hace mil años. Obviamente, el comunismo arrasó con esa historia, relegando al polo al arcón de los deportes de elite y de millonarios capitalistas.

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festejo. Angela Merkel llegó tarde a la Argentina, pero no perdió  el buen humor. En el palco estuvo entre las más activas junto al indio Narendra Modi y la reina Máxima.
festejo. Angela Merkel llegó tarde a la Argentina, pero no perdió el buen humor. En el palco estuvo entre las más activas junto al indio Narendra Modi y la reina Máxima.

Bilateral clave. Sorprendió a los invitados locales e internacionales el único encuentro bilateral de cierta duración que mantuvo Vladímir Putin en la impresionante gala del Teatro Colón. No fue con ningún mandatario ni funcionario internacional, sino con la directora general del teatro, María Victoria Alcaraz, la primera mujer en ocupar ese lugar y, se asegura, la mejor funcionaria del Colón desde la llegada de la democracia hasta hoy. Alcaraz, historiadora especializada en España en Políticas y Gestión de la Cultura, es además hija de inmigrantes rusos (los abuelos llegaron en 1948 también con su bisabuela) y aprendió el idioma a través de su madre, que le hablaba permanentemente en ruso. Putin mantuvo con Alcaraz una charla de varios minutos, sin traductores ni asesores, y con un interés que mostró en pocos momentos de la cumbre. La directora del Colón habló con Putin sobre las tratativas para traer en 2021 el ballet de Bolshoi, que hace 30 años que no viene al país. La relación entre Rusia y el mayor coliseo argentino es mucho más importante de lo que los porteños conocen. La escuela del teatro siguió en su formación a la escuela de ballet ruso y fue creada en su momento por bailarines rusos que vinieron a la Argentina después de la revolución. De hecho, hoy la regente de la escuela de ballet es nacida en Rusia y muchos artistas del cuerpo estable del Colón son rusos nativos que vinieron al país y se presentaron en concursos, fueron seleccionados y se quedaron a vivir aquí.

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El periodismo internacional no olvidará fácilmente el dispenser de Malbec libre que se instaló en restaurante del centro de prensa de Parque Norte.
El periodismo internacional no olvidará fácilmente el dispenser de Malbec libre que se instaló en restaurante del centro de prensa de Parque Norte.

Errores y ganadores. Originalmente la idea era que no hubiera declaraciones, pero con Trump nunca se sabe, y los norteamericanos decidieron romper el acuerdo de no hacer anuncios tras el desayuno con Macri (sábado la mañana), anunciando que los dos líderes reafirmaban su compromiso común de “enfrentar los desafíos regionales como Venezuela y la predatoria actividad económica china”, comenzando tempranito a presionar a los orientales. Aterrados de que los chinos (titulares de casi el 31% de las reservas del país a través de sucesivos swaps y en proceso de quedarse con el ferrocarril San Martín -con lo cual completarían el proyecto de su ruta ferronaviera transgobal-) se mal enquistaran, el ministro Faurie salió a reducir daños escudándose en que la prensa amiga sabría darle valor a su metamensaje de desmentida (la “finesse” diplomática no le permitió ir más allá de “No creo que haya habido una referencia en esos términos. El adjetivo ‘depredador’ corre por cuenta de su comunicado” -el término que utilizaron Trump y el comunicado fue “predador”, no “depredador”-). Trump, como buen hombre de negocios, sabe que no hay que ahorcar a los eventuales socios y rivales -pero menos aun olvidar las traiciones y ofensas-; es así que algo más tarde en la presentación oficial de los líderes del G-20 y tras el saludo de rigor y conocedor del valor de las “señales”, se despachó con un “ole” al presidente argentino mientras mascullaba “sáquenme de aquí”, dejándolo solo, sin saber qué hacer y vagando por escenario cual “De la Rúa”, frente a la prensa de todo el mundo que estalló en risas. En parte la buena relación de Trump con Macri es una compensación a los cientos de millones que le hiciera perder al grupo en 1985 con la compra y reventa de terrenos en Nueva York -y que poco después le costó un infarto a “papá Franco”-, suficientes como para perdonar el cúmulo de ofensas recibidas hasta ahora (desde el “está chiflado” y el apoyo a Hillary durante la campaña hasta las relaciones carnales con Macron y Trudeau) y apoyar el país ante los préstamos al FMI. Habrá que ver si con lo de ahora el magnate decide o no que esas deudas están saldadas.

La segunda “gaffe” fue mucho más sutil, pero más significativa en lo personal y clara muestra de la impericia de nuestra diplomacia. En la recepción a la gala del Colón vimos a la primera dama argentina agarrando de la mano al premier de los EE.UU., un fóbico del contacto personal y los gérmenes si los hay. Para el norteamericano el apretón de manos, al que alguna vez tildó de “hecho barbárico”, es un gesto con el cual asienta su poder, nunca una demostración de afecto. Manteniendo la sonrisa fue evidente la lucha del Donald para, sin romper la cortesía, liberarse de lo que para él era casi una prisión, algo que sin dudas no olvidará la próxima vez que se cruce con Juliana.

El tercero: el error de la traducción oficial en el anuncio de que los rusos construirían una nueva central nuclear, prontamente desmentida por el canciller, no fuera cosa de esta vez disparar la ira de los norteamericanos. Más allá de esto, Trump se fue de la reunión argentina del G-20 con un cúmulo de victorias que lo convierten en el gran ganador del evento y que fueron mucho más allá de la no ratificación del “acuerdo de París” o las promesas de reforma en la OMC marcando el final del multilateralismo de la era Obama. Las humillaciones a un Macron, que no puede frenar su caída ni la insurgencia de los franceses, un Trudeau que bajó su perfil como nunca firmando de mala gana el USCM (o NAFTA 2), una Merkel en salida a la que por una vez no maltrató (claro que ella ni abrió la boca), Putin al que estuvo ninguneando durante casi todo el viernes acercándosele en un pasillo para ponerlo al tanto de la situación en el estrecho de Kerch y así evitar una escalada, y finalmente los chinos que se avinieron a una tregua por 90 días manteniendo el “statu quo” en la guerra comercial por 90 días y lo que es igualmente importante para Trump, abrir el camino a la compra de NXP por parte de Qualcomm (u$s44.000 millones) y de una vez comenzar a luchar contra la producción y exportación de opioides sintéticos (fentanyl), responsables de los casi 200 norteamericanos que murieron diariamente por sobredosis en 2017. Claramente el gran ganador.

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