Economía

BCRA relajó política monetaria en julio, pero con prudencia

Bajó el piso de la tasa de Leliq al 58% y en 3 p.p. los encajes para los depósitos a plazo, pero reducirá la meta de base monetaria entre agosto y octubre.

El Banco Central resolvió ayer reducir el piso de la tasa de política monetaria al 58% a partir de julio, desde el 62,5% previo, luego de que la inflación retomara la tendencia descendente, a pesar de que todavía continúa en niveles elevados. Así lo indicó el organismo, al presentar la decisión del Comité de Política Monetaria (COPOM), en donde señaló que “absorberá la liquidez necesaria para evitar que la tasa de interés de referencia sea menor que dicho nivel”.

Por otra parte, la entidad que comanda Guido Sandleris dispuso una baja de 3 p.p. en la exigencia de efectivo mínimo (encajes) sobre los depósitos a plazo para “permitir una mejor administración de las condiciones de liquidez”, ya que julio presenta una elevada estacionalidad de la demanda de circulante, a partir del cobro de aguinaldos y gastos por el receso invernal. Esta reducción representa unos $45.000 millones. De acuerdo con el BCRA, esta medida también apunta a “fortalecer la transmisión de la tasa de interés de las Leliq a la tasa que reciben los ahorristas”.

Vale destacar que en el esquema actual, la tasa de interés varía de manera endógena en el modelo, a través de la oferta y la demanda de dinero. Ésta, a su vez, es una herramienta que opera con rezagos y que toma en cuenta las expectativas de inflación y de depreciación del tipo de cambio. La reducción de la tasa nominal va en línea con la baja de la inflación mensual esperada para los próximos meses y en un contexto de mayor estabilidad del tipo de cambio, a partir de la oferta de divisas provenientes del sector agroexportador y de una menor incertidumbre en el plano político.

El organismo anticipó que, para no relajar política monetaria, la meta de la base será reducida entre agosto y octubre hasta $1,2982 billones, con el fin de compensar el efecto monetario. Esto implica que la autoridad monetaria está buscando evitar dar la señal de un relajamiento excesivo de la política que está implementando. Pero además, quiere mostrar que sigue operando con prudencia, con el fin de evitar cualquier movimiento disruptivo que altere la estabilidad actual. Vale destacar que en junio, el BCRA volvió a cumplir con la meta de la base monetaria por noveno mes consecutivo. Ésta se ubicó en $1,3419 billones, por debajo de los $1,3432 billones, cifra que se mantuvo en relación con el mes anterior, ya que no hubo intervenciones en el mercado cambiario. En tanto, el COPOM ratificó su decisión de mantener los límites de la zona de referencia cambiaria entre $39,755 y $51,448 hasta el 31 de diciembre.

Emiliano Libman, economista del CEDES, sostuvo que, “a grandes rasgos, la estrategia de estabilización tenía una banda muy ancha, lo cual es problemático en una economía dolarizada; se sabe también que un apretón monetario suele traer una brusca contracción económica”. Ahora bien, Libman explicó que “al defender el tipo de cambio fijo, pueden ingresar más fondos para aprovechar y comprar activos que rinden en pesos, lo que ofrece un mayor margen para bajar la tasa. La certidumbre alienta la demanda de activos, pero esto es temporario, porque se queman dólares en el proceso”.

El economista resaltó que “el programa tiene riesgo de volar por el aire si no se mantiene, pero un costo social muy alto si se mantiene. El efecto sobre la inflación, si existe, tarda en aparecer, pero es obvio que no se va a ver en un contexto de ajuste de precios relativos”. Manifestó que “en los últimos meses, la estrategia cambió y parece que se ha tomado al tipo de cambio como el ancla nominal”. “Con los dólares del FMI hay algo de margen para bajar la tasa y que la economía se recupere un poco, pero al precio de que mañana haya un nuevo salto cambiario brusco”, advirtió Libman. Pero consideró que “estas disyuntivas son lógicas en un Gobierno desgastado que enfrenta un proceso electoral y con poca capacidad de coordinar una política antiinflacionaria más sostenible y efectiva”.

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