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Bellas Artes revive la Venecia verde

El desafiante gesto sesentista del artista, en una amplia muestra.

Con "Venecia en clave verde - Nicolás García Uriburu y la coloración del Gran Canal" se conmemora los 50 años de un hecho anticipatorio del Land Art que el crítico francés Pierre Restany calificó como de "higiene moral". La muestra, que se exhibe en una de las salas 39 y 40 del primer piso del Museo de Bellas Artes con la curaduría de su directora artística, Mariana Marchesi, se concentra en el período 1968-1974, reúne fotografías, serigrafías y documentos de un hecho disruptivo que sacudió a Venecia durante la XXXIV Bienal, ya bastante convulsionada por los ecos del Mayo Francés.

Aunque no participaba de la Bienal, García Uriburu coloreó de verde el Gran Canal con un sodio fluorescente inocuo, pero las autoridades pensaron que era nocivo y lo llevaron detenido a Milán. El relato de estas peripecias, que tuvieron un final feliz, está a cargo de Blanca Isabel Alvarez de Toledo en un film que se puede ver en un espacio de la sala. Vale la pena detenerse ante un manifiesto que demuestra que la vida y obra de este artista son inseparables, ya que sus acciones constituyeron un llamado de atención acerca de la degradación de la naturaleza, así los como nuevos conceptos que empezaban a circular acerca del arte. García Uriburu salió del cubo blanco, se apropió del espacio real para dirigir la conciencia a los desastres ecológicos producidos por el hombre.

"El arte no tiene más una forma autónoma. El arte adopta la forma de la naturaleza, es fluído, dinámico. El arte no tiene un espacio fuera de la naturaleza sino en su interior. El arte no tiene dimensión autónoma nunca más. El arte existe solamente desde el momento de su integración con la realidad. El pigmento rojo transforma el agua en una verde obra de arte. Tiene vida propia", escribió Restany, quien añadió que "el verde de Uriburu se convirtió en el símbolo activo de la conciencia ecológica, el verde de la naturaleza naturalista". Así como el azul Klein, el verde Uriburu está en sus pinturas, por ejemplo, "La rebelión" (1973) que se exhibe en esta muestra.

Pero su alerta no quedó en esa suerte de epopeya a gran escala sino que continuó con la coloración en 1970 del East River en Nueva York; el Sena, las fuentes del lago de Vincennes y del Trocadero en París, el Puerto de Niza, las fuentes del Teatro de la Moneda en Bruselas y, entre más de 50 acciones, su protesta contra la tala de árboles en el Amazonas, así como plantar árboles junto a Joseph Beuys en Kassel. Se pronunció contra los contaminantes industriales, la basura nuclear, las armas nucleares; trabajó junto a Green Peace. Se recuerdan sus intervenciones en Buenos Aires cuando denunció la poda de los jacarandás de Plaza Francia; en 2010 emprendió la coloración del Riachuelo: "Utopía del Bicentenario 1810-2010 - 200 años de contaminación".

García Uriburu realizó un corpus de su obra sobre elo entorno y la depredación del planeta. La muestra cuenta con el apoyo de la Fundación Nicolás García Uriburu y la Asociación Amigos del Museo Nacional de Bellas Artes. Clausura el 30 de septiembre. (Av. del Libertador 1473).

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