Espectáculos

Bellas Artes se suma a los homenajes a Julio Le Parc

Esta es una exposición más intimista que las otras, y se compone de 104 obras entre acuarelas, dibujos académicos, pinturas, monocopias nunca exhibidas que revelan una etapa menos explorada.

La muestra “Julio Le Parc - Transición Buenos Aires-París 1955-1959” se exhibe en el Museo Nacional de Bellas Artes en el marco del homenaje nacional al artista, con dirección de su hijo Yamil, que también tiene lugar en el CCK y el Teatro Colón. Esta es una exposición más intimista que la del CCK con 104 obras entre acuarelas, dibujos académicos, pinturas, monocopias nunca exhibidas que revelan una etapa menos explorada de su vastísima producción; primeras experiencias realizadas entre Buenos Aires y París que preceden a la consolidación de su quehacer.

La muestra está dividida en cuatro ejes: “Los años de formación y la tradición de la enseñanza”, “La revuelta de los estudiantes y la experimentación de las formas”, “París 1959, el ojo y la superficie activa”, “La inestabilidad”. Le Parc ha señalado que sus experiencias no se han desarrollado por temas sucesivos, sino que se entrecruzan, se superponen, dan lugar a otras, fueron abandonadas y retomadas buscando siempre un comportamiento diferente del espectador. Una de las constantes es la noción de que una obra no es estable, única y definitiva.

Cuando Le Parc llegó a París en 1958 junto a Francisco Sobrino, la moda era el tachismo, la action painting, la abstracción lírica. El punto de partida para lo que vendría posteriormente era la admiración por Vasarely, los textos de Mondrian, Albers, el constructivismo y las obras que inducen la noción de movimiento. Esto se percibe en el recorrido de la muestra, curada por Mariana Marchesi, que va llevando por la preocupación del artista por encontrar sistemas unitarios para regular las formas y su relación con el plano dependiendo de un programa determinado, las formas se volvían anónimas, la superficie se convertía en activa estableciendo una conexión visual con el espectador. También, antes del color, sus trabajos enfatizan el negro y el blanco, el negro, el blanco y el gris.

En 1959 comenzaría el color, precisamente 14 colores con los que hizo combinaciones. Le Parc confesó en alguna oportunidad que “para realizar con la témpera las variaciones resultantes de un solo sistema y con un ritmo de dos días por variaciones, me hubiera sido necesario 150 años para ejecutar todas las combinaciones”.

Entre las muchas reflexiones de Le Parc está aquella que ayuda al recorrido de la muestra: “Todo mi trabajo ha sido y es guiado por una actitud de experimentación, lo que significa búsquedas, hallazgos, riesgos, contradicciones, encuentros, descubrimientos, esperas, sorpresas, retrocesos, avances, perspectivas”.

Cuando se miran grabados de Paul Klee de alrededor de 1904/5, sus dibujos de paisajes en pluma, acuarelas, todavía está muy lejos del Klee de 1915. Lo mismo sucede con los árboles de Mondrian de 1905, “La primera comunión” de Picasso de 1895/6 así como sus estudios de torsos, retratos, estudios, paisajes, flores, desnudos hasta 1906, los paisajes de Italia y Alemania de 1920/21 de Pettoruti, no puede dejarse de admirar las obras de Le Parc de 1955, por ejemplo, “Mesa con paloma” de 1954, influido todavía por las emblemáticas obras de los grandes artistas hasta su cambio radical hacia 1958.

El resto es investigación, juego y fiesta visual de este cofundador en 1960 del célebre GRAV (Grupo de Investigación del Arte Visual) junto a François Molleret, Jöel Stein, Yvaral, los argentinos Horacio García Rossi y Francisco Sobrino, hasta su disolución en 1968.

(Museo Nacional de Bellas Artes. Av. Del Libertador 1473, hasta el 17 de noviembre.)

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