Espectáculos

Belloso: una "odisea" explosiva en el cine

La comedia de ladrones (o, mejor dicho, de zapadores y recuperadores) está ambientada en los tiempos de la crisis de 2001. "El director siempre me aconseja que me diferencie de mí mismo, porque nuestro oficio se agota rápido si uno insiste en hacer eso", dice. Su personaje es un veterano de Malvinas.

“Interpreto a un excombatiente de Malvinas, yo mismo soy veterano de guerra, por eso pedí que mi personaje no fuera ridículo ni parezca tonto...”, dijo días atrás Carlos Belloso, al comentar su participación en la comedia “La odisea de los giles”, que se estrena este jueves. El film es una comedia sobre ladrones (o, mejor dicho, “recuperadores”), ambientada en la crisis de 2001 y dirigida por Sebastián Borensztein. Dialogamos con Belloso.

Periodista: Lo afecta el tema de Malvinas...

Carlos Belloso: Para mí es un tema álgido; mi causa es la de los veteranos no reconocidos y viene de hace un tiempo largo. Me enorgullece haber integrado una unidad de infantería. Pero aclaro, la unidad que menciona mi personaje es una de zapadores donde estuvo el padre de Ricardo Darín. Lo propuso cuando leyó el guión, y es coherente porque los zapadores saben de dinamita.

P.: Y su personaje teledirige un explosivo con el camioncito de juguete del nene.

C.B.: Qué lindo ese tipo. Vago, loco, veterano, ingenioso, padre de familia, de esos que, cuando se inundan, le dan un subsidio y se gasta todo en vino y juguetes para los chicos. ¡Cómo el de “Los inundados”, la gran película de Fernando Birri! ... Típico, si le dan plata es para que la disfrute. Un poco lo entiendo. Un año estaba muy mal económicamente, justo en diciembre gané un tercer premio en pintura, y nos dimos el gusto de una gran mesa de Navidad. ¿Quién no ha soñado con una gran mesa de Navidad o un gran huevo de chocolate en Semana Santa?

P.: “Un día comemos faisán y otro día las plumas”.

C.B.: Memorable frase de Pepe Arias. De todos modos, como soy austero y vivo en actividad, siempre tengo unos ahorros, un colchoncito por las dudas. No quiero riquezas. Me basta con un techo para mis hijos...

P.: Hablando de colchoncito, ¿cómo vivió usted la crisis de 2001?

C.B.: Me agarró con la plata repartida en dos bancos, y pude recuperarla gracias a un amigo, Carlos Branca, abogado y régisseur de ópera, que es muy insistente. El mismo que me impulsó a participar en “Le prenom”, que estuvo años en cartel, y ahora insiste en darme a conocer en Europa. Iré un par de meses, muy contento, y al volver, como tengo un representante que se mueve, ya estaré haciendo otra obra.

P.: ¿Siempre tiene trabajo?

C.B.: Gracias a Dios, la Virgen y no sé quién más. Ahora grabé la nueva serie de Caetano, “Puerta 7”, sobre el mundo de los barras bravas, su conexión con la política, el deporte y el crimen organizado, donde hago de barra, obviamente, y en teatro hago el presidente del consorcio que trata de juntar a todos en “¿Qué hacemos con Walter?”

P.: Mucha serie, teatro, pero poco cine, ¿verdad?

C.B.: Cierto. “Felicidades”, la hermosa película de Lucho Bender, “La niña santa”, donde era un tímido acosador, “Peligrosa obsesión”, “Pies en la tierra”, linda, con un personaje entrador, bonachón, que al final también cantaba, “Unidad XV”, ahí me encantó hacer de Campora, no por nada político, porque la política no me gusta, sino porque, aún estando encarcelado y mal de salud, el hombre le daba ánimo a los demás, no quería causar molestias. Esa fue una producción muy limitada, pero tuvo un director muy talentoso, impecable, Martin Desalvo. Lo mismo Alejandro Chomski, el de “Dormir al sol”, con actuaciones memorables de Luis Machin y Florencia Peña, pero poco éxito de público, una lástima. Hice otras más, claro.

P.: Hay una en que usted tenía a un tipo sentado en la falda.

C.B.: ¡“El secreto de Lucía”, con Tomás Pozzi como el muñeco del ventrílocuo! Ese es un genio, de una intensidad atípica, y si usted lo ve en teatro se queda mudo. Además es mi amigo. Durante el rodaje, por la pinta, le decía “Vos sos Nerón”. “Entonces escribime algo”, me mandaba, porque es medio Toscanito. Escribí un diálogo, yo hacía de pretoriano, le daba noticias del Imperio.

P.: ¿Y qué me cuenta de “La odisea de los giles”?

C.B: Con Sebastián Borensztein, actor, director, productor, libretista, trabajé hace años en un episodio de “Tiempo final”. Eramos él, Lito Cruz y yo. La suya fue la primera productora independiente que desembocaba con todo hecho en la TV, antes de Pol-ka o Ideas del Sur. Y él con esta película me iba entusiasmando, me impulsó a leer la novela de Eduardo Sacheri en que se basa, un placer enorme, linda novela, con la gente del interior, toda esa argentinidad. La película también es linda. Me gusta especialmente el título, “La odisea...”, que no es la de Ulises, sino de los giles. Porque acá podemos ser giles, crédulos, inocentes, pero si nos dan la oportunidad también podemos crear cooperativas de trabajo, recuperar nuestra plata, muchas cosas.

P.: Así como usted hace muchos personajes distintos...

C.B.: Borensztein me aconsejaba “Tenés que diferenciarte de vos”. Porque nuestro oficio se agota rápido si hacés solo de vos. Admiro mucho la ductilidad de Gian María Volonté, o de Lon Chaney, sobre el que escribí una pieza, “Mundo mudo”, que hice en el Teatro Gargantúa, dirigido por Ricardo Arauz. Y me encantan los actores argentinos. Hasta el peor tiene algo genial, algo de verdad...

P.: Pese a tantos años, ¿le siguen diciendo “el vasquito”?

C.B.: Obvio, soy Carlos El Vasquito Belloso. Tuve la suerte de entrar en “Campeones” en el momento justo. Yo quería hacerlo un poco con síndrome de Down. Me dijeron “relajá la cara”. Y con anteojos. Ahí Sebastián Pivotto, el director, me dijo “sí, pero deben estar hechos bolsa, porque el vasquito es muy atolondrado”. Entonces les puse cinta adhesiva. Y eso es muy representativo de nosotros. Antes lo arreglábamos con alambre, ahora con cinta adhesiva.

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