Opiniones

Bienvenidos a la República Maradoniana

El Diego siempre está. En Fiorito, en Nápoles o en cualquier lugar del mundo, el Diego está abrazado a su origen villero y se hace respetar; es como el peronismo, siempre está a mano cuando lo necesitamos.

El pasado 20 de septiembre tuve el honor de asistir, invitado por el enorme profesor Fernando Signorini, al estreno del documental Diego Maradona, dirigido por el ganador del Oscar, Asif Kapadia y galardonado director de “Amy” y “Senna” (testimonios de vida de Amy Winehouse y Ayrton Senna).

El documental está basado en los años “del Diego” en Nápoles, y es muy emotivo, duro, en especial para los argentinos maradonianos como yo. Durante dos horas, disfruté cada una de las variadas, copiosas y monumentales emociones de 20 años de la vida del “barrilete cósmico”. Debo admitir también, que pasé casi todo el documental llorando y con la cabeza trabajando a vertiginosa velocidad.

Luego de la proyección, ante la pregunta de por qué centró la película en la estancia de Diego en Nápoles; Asif Kapadia explicó que esos 7 años fueron el resumen perfecto del 10 por la profusión de alegrías, excesos y angustias; y además porque es una gran historia que un jugador joven y gran promesa del fútbol mundial, aceptara el desafío de ir a un club que nunca había ganado un torneo y se encontraba peleando el descenso y que, en un santiamén trocara la historia, ganando dos Scudettos, copa y supercopa de Italia, Copa de la UEFA y, en paralelo, coronar su vida con un Campeonato del Mundo con la selección argentina.

Me pareció muy interesante que Kapadia sobrepasara el enfoque de habilidades y comportamientos del Diego conocidas, tanto dentro como fuera del campo; el director mostró también la relación del ídolo con el entorno napolitano, la mafia, la dirigencia; y también reflejó la particular interacción de los napolitanos con sus compatriotas italianos. El documental exhibe imágenes de las hinchadas poderosas del Norte de Italia (Milán, Inter y Juventus) con sus banderas de discriminación social hacia los napolitanos que vivían, en esa época, en una de las ciudades más pobres de Europa.

Pero para Maradona, quien tuvo que pelear contra la segregación social en Fiorito, fue una gimnasia que afrontó, igual que en tantas circunstancias desfavorables, con el pecho bien erguido. Remarca también, particularmente, las incidencias a las que debió someterse para cumplir con la exigencia del Presidente de Nápoles salidas de “si Maradona juega, ganamos”.

Mi mente recordó el comentario de Fernando Signorini que diferencia al Diego ser humano prodigioso, de Maradona, ese personaje que construido para pelear contra la adversidad. El profe le dijo una vez: “Con Diego voy hasta el fin del mundo, pero con Maradona ni a la esquina” a lo que Diego le retruco: “Si no fuera por Maradona, todavía estaría en Fiorito”.

Una circunstancia oprobiosa y uno de los puntos fuertes del documental, enfoca la estigmatización del astro por los italianos cuando Argentina, en el ´90, eliminó a Italia en el Mundial en suelo propio. En un santiamén le quitaron todo, y no fueron los insultos de los “tifosi” lo hiriente, sino los actos de la prensa, los poderosos, los dueños del fútbol lo basurearon y trataron de humillarlo, y la siguieron hasta cortarle las piernas en el Mundial del ´94 celebrado en los Estados Unidos. Todas las imágenes, todos los recuerdos, todas las charlas, me llevaron a sentir que el Diego –dejo a un costado a Maradona- es el más digno representante del pueblo argentino, porque:

El Diego siempre está. En Fiorito, en Nápoles o en cualquier lugar del mundo, el Diego está abrazado a su origen villero y se hace respetar; es como el peronismo, siempre está a mano cuando lo necesitamos. No importa de qué estatus social venga, nadie, pero nadie, va a decirle al Diego que es inferior y que por ello debe doblegarse al poder y a la aristocracia. Diego es la celebridad contemporánea que vino al mundo para decirnos que todos somos iguales sin importar nuestro origen, hábitos o cultura. Igual que el peronismo, ambos rechazan bajar la cabeza y comportarse sumisamente por ser pueblo.

Y en lo otro que va en paralelo el Diego y el peronismo es la vinculación simbiótica con la clase media. Cuando los argentinos estamos caídos, peleando “el descenso” o atravesando una de nuestras habituales crisis, buscamos desesperadamente a un salvador. Cuando no tenemos fútbol recurrimos al ídolo y cuando los poderosos nos miran con desprecio; y destrozan nuestros derechos, llamamos al peronismo para que se plante para batirse contra “los ellos”, como decía Oesterherld. Porque el ídolo y el peronismo son capaces de pelearse con los poderosos del mundo, usando la astucia y desplegando mañas; no le tienen miedo a abrirle la boca al león y meter la cabeza bien adentro.

Y en los momentos de crisis no nos importan los artilugios que emplean para sacarnos del abismo; no nos importa si es un gol con el pie o con la mano; sólo queremos salir, sólo queremos vivir, sólo queremos ser campeones y para ello necesitamos al Diego esquivando a todos los ingleses con una maestría incomparable y al peronismo tratando de poner en su lugar a la clase “dominante-dominada”. Y la hipocresía comienza cuando tenemos la copa, cuando somos campeones, cuando alcanzamos la vida que merecemos. Es ahí cuando la clase media pierde de vista el lugar que ocupaba hasta hace un rato y abraza el masoquismo al intentar parecerse a los sádicos maltratadores.

En esos momentos, se peca de soberbia, superioridad y creencia de ser parte de la élite mundial; y hasta mira con desprecio a los que nos sacaron del abismo y los acusan por lo “cuestionable” de las acciones empleadas en el acometido. A ellos, a los salvadores, le exigen que se integren y comporten como los acaudalados que nos basurean; que el país acepte el estatus y el orden organizado por los acomodados del planeta, que dejemos de ser villeros y seamos ciudadanos de élite mundial. Desde el primer escalón miran con desdén a los de abajo, se ponen los laureles y si me salvaste ya no importa, no somos iguales, así funcionan las cosas.

El mundo de los negocios usó a Diego cuando lo necesitaba y lo descartó cuando era una molestia porque seguía planeando derechos impostergables. Fue ídolo cuando hizo grande a Argentina en el mundo futbolístico, y hoy es sólo Maradona, el desprolijo, el mal ejemplo. Lo fuimos a buscar como técnico para el Mundial de Sudáfrica 2010 y lo abandonamos al punto de discriminarlo como técnico en su propio país.

Y en ese círculo vicioso, que se reiteró a lo largo de toda su vida y se seguirá repitiendo, Diego Maradona se debatirá llevando a cuesta la gloria del mundial juvenil del 79, la decepción del 82, la copa de México 86, el controvertido mundial 94, y se caerá y se levantará una y mil veces. Como el peronismo, el Diego será ese movimiento potente que nos acerca felicidad y nos saca del apuro; el héroe y el villano que hará travesuras y le gambeteará a la ética, igual que ese pedazo corrupto del peronismo que ensucia al peronismo revolucionario y ético que levantó al país en el ´45, en el ´74, en el 2003 y lo hará de nuevo en el 2020. El peronismo y el Diego siempre estarán a la hora de luchar por una patria justa, libre y soberana.

El argentino vivo que más adoramos, siempre será Diego y siempre será Maradona. Y estará siempre, vitoreado y cuestionado, con sus glorias y sus caídas, atento a luchar por los que no tienen nada, por los que necesitan. Y todos sabemos que ahí está, y, probablemente, por estar seguros que siempre podemos recurrir al “Diego”, repetimos el error de querer ser como los inescrupulosos que nos dejan abatidos.

Salve Diego, rebelde, luchador, que dice las cosas por su nombre, que nos ayuda a encontrar el camino más directo a la alegría, que no se arrodilla ante los poderosos, que no le importa la censura, que va a pelear por todos contra todos, que no pide nada a cambio, que hay que aceptar tal cual es; y aunque hasta le neguemos eso; él va a estar para luchar, para sacarnos del pozo. Igual que el peronismo.

(*) Director de Nuevo Chaco Bursátil S.A.

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